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Argentina al Consenso de Ginebra: el gobierno de Milei profundiza su agenda patriarcal y reaccionaria
19 de agosto, por Antiderechos — Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, LGTBIQ+, Justicia, Aborto legal, seguro y gratuito, San Isidro, Bloque1 A4 3, Antiderechos, Feminismos, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, LGTBIQ+, Justicia, Aborto legal, seguro y gratuito, San Isidro, Bloque1 A4 3, Antiderechos, Feminismos
El Gobierno de Javier Milei formalizó esta semana su adhesión al "Consenso de Ginebra", una alianza internacional impulsada por Estados Unidos que, bajo un nombre mentiroso “Consenso sobre la Promoción de la Salud de la Mujer y el Fortalecimiento de la Familia”, es en realidad un pacto de gobiernos conservadores para rechazar la legalización del aborto como derecho de las mujeres y apuntalar la idea de la "familia tradicional" como ideología dominante.
Firmaron este acuerdo el embajador Peter Lamelas y el canciller Pablo Quirno, quien intentó disfrazar la medida como una “protección de la vida humana" y en defensa de la "familia como elemento natural y elemental de la sociedad". Está claro que esta firma no es más que la continuidad de una posición política clara del Ejecutivo: el alineamiento explícito con las agendas de la derecha global, como la que impulsa Donald Trump para atacar derechos sexuales y reproductivos.
El gobierno firmó el Consenso de Ginebra sobre la Promoción de la Salud de la Mujer y el Fortalecimiento de la Familia que, bajo ese título rimbombante esconde una declaración reaccionaria sobre los derechos sexuales y reproductivos, especialmente contra el derecho al aborto,… pic.twitter.com/cdvhP1tUDB
— Andrea D'Atri (@andreadatri) August 18, 2026
<script async src="https://platform.x.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>Aunque el Consenso de Ginebra no tiene carácter vinculante y no puede derogar nuestra Ley 27.610 de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) —conquistada en las calles en 2020 tras muchos años de lucha—, esta adhesión sienta un precedente peligroso. Es un mensaje de impunidad hacia los sectores más reaccionarios que buscan desmantelar el acceso a la salud pública y disciplinar nuestros cuerpos, como la Iglesia.
La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, difundió públicamente su repudio a la adhesión del gobierno de Javier Milei de apoyar acuerdos que van en contra del derecho a la interrupción voluntaria del embarazo.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Los intentos de avanzar en hacer restrictiva la implementación de la IVE ocurren en todo el país. Días atrás se conoció la noticia de que el Juzgado Contencioso Administrativo N.º 2 de San Isidro hizo lugar a los pedidos de Amnistía Internacional y ordenó dejar sin efecto el protocolo municipal de ese distrito que incorporaba requisitos no previstos en la Ley 27.610. Es decir, se buscó a través de un aparte mecanismo administrativo como un protocolo, obstaculizar la implementación de un derecho para las mujeres y personas gestantes. Hay que recordar que San Isidro es gobernada por un hombre del PRO, Ramón Lanús.
La agrupación feminista socialista Pan y Rosas cuya referente es Myriam Bregman, viene insistiendo en denunciar que esta medida se suma a una política sistemática de desfinanciamiento de programas de salud sexual y ataques constantes a las condiciones materiales de vida de las mujeres y la diversidad sexual.
A su vez, es la ratificación de una alianza patriarcal que este Gobierno profundiza para intentar hacernos retroceder. Ante la avanzada conservadora y el ajuste, nuestra respuesta sigue siendo: la organización independiente de los gobiernos de turno, en las calles y con la fuerza de un feminismo que no permitirá que se avance sobre sus derechos conquistados.
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Anuncian corte de calle por la reincorporación de Araceli Pintos al Subte
18 de agosto, por Ciudad de Buenos Aires — Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Subte, Violencia de género, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Subte, Violencia de género
La trabajadora del subte fue despedida después de denunciar el acoso que sufría por parte de un efectivo de la Policía de la Ciudad. Este jueves 20, a las 17 horas, anuncian concentración y corte de calle, en Rivadavia y Loria, para entregar las firmas que reclaman su reincorporación a la concesionaria Emova.
El Comité por la reincorporación de Araceli Pintos, que impulsan sus compañeros del subte y organizaciones de mujeres y sociales solidarias, anunció que este jueves 20 impulsará una acción callejera para exigir que sea inmediatamente reincorporada a su puesto de trabajo. La concentración será a las 17 horas en la intersección de las calles Av. Rivadavia y Loria, desde donde se movilizarán hasta las oficinas de Emova para entregar las cientos de firmas reunidas en apoyo a su reclamo.
Araceli trabajaba en el área de limpieza del subte cuando comenzó a sufrir situaciones de acoso por parte de un efectivo de la Policía de la Ciudad que prestaba servicio en su lugar de trabajo. Cuando decidió denunciarlo ante su supervisor, lejos de recibir protección, comenzó una secuencia de traslados, hostigamiento y aislamiento que terminó con su despido.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>La empresa concesionaria del subte utilizó como argumento que Araceli se encontraba todavía en período de prueba. Pero el dato central es otro: fue despedida después de denunciar una situación de acoso laboral y sexual, mientras Emova no tomó medidas contra el efectivo denunciado, que sigue prestando funciones impunemente.
Ante la falta de acuerdo con Emova en el juzgado laboral, la causa que continúa por la vía judicial se acerca a su cierre. Por eso, trabajadoras y trabajadores y delegados de distintas líneas del subte, integrantes de la Agrupación Bordó, organizaciones feministas y el Comité por su reincorporación vienen realizando aperturas de molinetes y otras iniciativas, para reclamar una respuesta favorable.
Que denunciar no cueste el trabajo
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>El caso de Araceli expone una situación que no puede naturalizarse: ¿qué mensaje reciben las trabajadoras si denunciar una situación de acoso sexual puede terminar en la pérdida del empleo?
Araceli es mamá de dos hijas y había esperado años para conseguir su puesto en el subte. Cuando finalmente logró ingresar, se encontró con una situación de violencia que decidió no callar. La respuesta de Emova fue despedirla.
Por eso su lucha no es solamente por recuperar su puesto de trabajo. Es también una pelea para que ninguna trabajadora tenga que elegir entre conservar el trabajo o denunciar a quien la acosa.
En estos meses, su reclamo fue acompañado por trabajadoras y trabajadores del subte, delegados, organizaciones feministas, de la diversidad sexual, de derechos humanos, políticas y sociales. También se presentaron iniciativas en la Legislatura porteña y en el Congreso nacional para repudiar el accionar de Emova y exigir la reincorporación.
La pelea continúa y, este jueves, volverá a las calles para reclamar su reincorporación inmediata y el cese de represalias: denunciar la violencia de género no puede costar el trabajo.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script> -
Anuncian corte de calle para este jueves por la reincorporación de Araceli Pintos al Subte
18 de agosto, por Ciudad de Buenos Aires — Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Ciudad de Buenos Aires, Subte, Violencia de género, Bloque1 A3 3, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Ciudad de Buenos Aires, Subte, Violencia de género, Bloque1 A3 3
La trabajadora del subte fue despedida después de denunciar el acoso que sufría por parte de un efectivo de la Policía de la Ciudad. Este jueves 20, a las 17 horas, anuncian concentración y corte de calle, en Rivadavia y Loria, para entregar las firmas que reclaman su reincorporación a la concesionaria Emova.
El Comité por la reincorporación de Araceli Pintos, que impulsan sus compañeros del subte y organizaciones de mujeres y sociales solidarias, anunció que este jueves 20 impulsará una acción callejera para exigir que sea inmediatamente reincorporada a su puesto de trabajo. La concentración será a las 17 horas en la intersección de las calles Av. Rivadavia y Loria, desde donde se movilizarán hasta las oficinas de Emova para entregar las cientos de firmas reunidas en apoyo a su reclamo.
Araceli trabajaba en el área de limpieza del subte cuando comenzó a sufrir situaciones de acoso por parte de un efectivo de la Policía de la Ciudad que prestaba servicio en su lugar de trabajo. Cuando decidió denunciarlo ante su supervisor, lejos de recibir protección, comenzó una secuencia de traslados, hostigamiento y aislamiento que terminó con su despido.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>La empresa concesionaria del subte utilizó como argumento que Araceli se encontraba todavía en período de prueba. Pero el dato central es otro: fue despedida después de denunciar una situación de acoso laboral y sexual, mientras Emova no tomó medidas contra el efectivo denunciado, que sigue prestando funciones impunemente.
Ante la falta de acuerdo con Emova en el juzgado laboral, la causa que continúa por la vía judicial se acerca a su cierre. Por eso, trabajadoras y trabajadores y delegados de distintas líneas del subte, integrantes de la Agrupación Bordó, organizaciones feministas y el Comité por su reincorporación vienen realizando aperturas de molinetes y otras iniciativas, para reclamar una respuesta favorable.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Que denunciar no cueste el trabajo
El caso de Araceli expone una situación que no puede naturalizarse: ¿qué mensaje reciben las trabajadoras si denunciar una situación de acoso sexual puede terminar en la pérdida del empleo?
Araceli es mamá de dos hijas y había esperado años para conseguir su puesto en el subte. Cuando finalmente logró ingresar, se encontró con una situación de violencia que decidió no callar. La respuesta de Emova fue despedirla.
Por eso su lucha no es solamente por recuperar su puesto de trabajo. Es también una pelea para que ninguna trabajadora tenga que elegir entre conservar el trabajo o denunciar a quien la acosa.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>En estos meses, su reclamo fue acompañado por trabajadoras y trabajadores del subte, delegados, organizaciones feministas, de la diversidad sexual, de derechos humanos, políticas y sociales. También se presentaron iniciativas en la Legislatura porteña y en el Congreso nacional para repudiar el accionar de Emova y exigir la reincorporación.
La pelea continúa y, este jueves, volverá a las calles para reclamar su reincorporación inmediata y el cese de represalias: denunciar la violencia de género no puede costar el trabajo.
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De la resistencia a la organización: las mujeres se están poniendo de pie en Jujuy
18 de agosto, por 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias — Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Jujuy, Córdoba, Jujuy, Encuentro de Mujeres y Disidencias , Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Jujuy, Córdoba, Jujuy, Encuentro de Mujeres y Disidencias
Volvieron discursos machistas que creíamos derrotados y derechos conquistados se pusieron nuevamente en discusión. Pero algo empieza a cambiar. Entre docentes que salen a luchar, comunidades que defienden sus territorios y una juventud con ganas de volver a organizarse aparecen señales de que ya no queremos estar a la defensiva. ¿Puede el camino hacia Córdoba servir para volver a poner en pie al movimiento feminista y unir las luchas que recorren Jujuy?
Hay discusiones que muchas pensamos que ya habíamos ganado.
Que las mujeres no tenemos porqué soportar violencia; que tenemos derecho a decidir sobre nuestros cuerpos; que los femicidios no son “crímenes pasionales”. Que nuestros derechos no son privilegios.No estaba todo ganado. Pero avanzamos: situaciones que generaciones anteriores tuvieron que soportar en silencio se volvieron intolerables, mientras retomábamos peleas que otras habían empezado antes que nosotras.
La “batalla cultural” de Milei intenta hacernos retroceder también ahí. Pero no podemos creer que está ganando, porque no es así. Mientras ajustan salarios, educación y salud, quieren volver aceptables ideas que habíamos aprendido a cuestionar. Otra vez discutir la violencia de género; atacar el aborto y la ESI. Otra vez el machismo en voz alta y con orgullo en las redes, las escuelas, los trabajos y nuestras casas.
Quizás por eso, durante un tiempo pareció que sólo podíamos defender lo conquistado. Pero quizás no es todo lo que podemos hacer.
Las ganas de volver a hacer
La tarde de ayer, jóvenes, estudiantes, trabajadoras, militantes de Pan y Rosas, integrantes de los comités e independientes nos encontramos para empezar a preparar el viaje al Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades en Córdoba.
Se habló mucho del retroceso: de tener que volver a discutir cosas que creíamos superadas, del machismo cotidiano, de libertades que parecían conquistadas y vuelven a ser cuestionadas.
Pero mientras hablaban de años de defensiva, ninguna quería seguir a la defensiva.<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Querían ir a las facultades. Organizar actividades. Acompañar a las docentes. Discutir política, organizar charlas y talleres. Invitar a otras. Participar de los comités junto a Myriam Bregman. Preparar Córdoba, sí, pero no solamente para subirnos a un colectivo.
Hay una generación que creció con el Ni Una Menos y la marea verde. Que vio cómo una demanda considerada imposible podía conquistar las calles y transformarse en derecho.
Hay aprendizajes difíciles de borrar: organizarse sirve.Quizás todavía sean pequeños síntomas. Pero después de años de retroceso vuelve a aparecer una pregunta poderosa: ¿qué podemos hacer juntas?
Las que sostienen la vida también sostienen las luchas
En Jujuy esa pregunta puede encontrarse rápidamente con experiencias concretas.
Cientos de docentes, en su enorme mayoría mujeres, sostienen escuelas atravesadas por la crisis y hogares donde también recae sobre ellas buena parte de los cuidados. Cuando pelean por salarios acordes al costo de la vida, el Gobierno responde con amenazas y descuentos.Pero la experiencia de lucha deja algo. La rebelión jujeña de 2023 dejó relaciones, organización y conclusiones que hoy también aparecen en la pelea por recuperar los sindicatos y organizarnos desde abajo.
En Santa Rosa, Humahuaca, una comunidad originaria sufrió un violento desalojo. Destruyeron viviendas y hubo personas heridas.Las familias volvieron al territorio.
Son peleas diferentes. Pero tienen algo para decirse.
Una docente no deja de ser mujer cuando pelea por su salario. Una estudiante no deja sus problemas económicos en la puerta de la facultad. Una mujer de una comunidad no puede separar su vida de la pelea por la tierra donde vive su familia.
Nuestras vidas ya cruzan todas esas luchas. Nuestra organización también debería hacerlo.
Si tocan a une, tocan a todes
Milei y sus cómplices intentan dar una pelea de conjunto. Mientras entregan el país al saqueo imperialista, ataca la educación, los salarios, la salud, las jubilaciones, las universidades y nuestros derechos mientras intenta convencernos de que no hay alternativa.
No podemos responder defendiendo cada cosa por separado.
Si atacan a las docentes, necesitamos rodearlas de solidaridad, lo mismo si la salud pública está bajo la mira. Si desalojan una comunidad, no la dejamos enfrentar sola al Gobierno. Si atacan la universidad, estudiantes y trabajadores necesitamos encontrarnos.
Del Ni Una Menos aprendimos también que si tocan a une, tocan a todes. Pero organizar no es solamente sumar gente a una actividad: es juntarnos y proponernos objetivos comunes.
Una docente que convence a sus compañeras de parar puede convertirse en organizadora. Una estudiante que lleva una discusión a su facultad puede organizar a otras. Una joven que llega por primera vez puede volver acompañada a la siguiente reunión.<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Cada lucha puede dejar relaciones, experiencias y nuevas personas capaces de tomar la iniciativa. Por eso queremos encontrarnos también con vos.
Para transformar la bronca y el dolor en organización.
Ahí está también la apuesta de los comités por un partido de la nueva clase trabajadora.
No necesitamos pensar igual para luchar juntas. Queremos la unidad más amplia frente a cada ataque, sin renunciar a discutir qué fuerza necesitamos construir para cambiar de raíz una sociedad que vuelve una y otra vez sobre nuestros derechos.Porque los derechos no se mendigan: se conquistan luchando.
Córdoba empieza antes de Córdoba
En octubre, miles de mujeres y diversidades vamos a encontrarnos en Córdoba.
Desde Jujuy queremos llevar la lucha de las docentes, las comunidades, las estudiantes, las trabajadoras de la salud y todas las que están cansadas de estar a la defensiva.Queremos encontrarnos con quienes están haciendo experiencias parecidas en todo el país. Coordinar las luchas. Volver a poner en pie un movimiento feminista de masas que una nuestras reivindicaciones con las peleas de la clase trabajadora y la juventud.
Pero Córdoba empieza antes de Córdoba.
Empieza cuando recorremos una facultad para organizar estudiantes. Cuando rodeamos de solidaridad a las docentes. Cuando una compañera de la salud invita a otra a sumarse. Cuando alguien que se acerca para viajar empieza a hacer una experiencia política con otras.
El viaje puede dejar algo en Jujuy: nuevas redes de solidaridad, nuevas organizadoras, comités que crezcan al calor de esta experiencia común y con ello más fuerza para las luchas que vienen.
La generación del Ni Una Menos y la marea verde aprendió que las calles pueden cambiar lo que parecía imposible.
Hoy quieren convencernos de que fuimos demasiado lejos.
Si ellos quieren volver a discutir todo lo que conquistamos, nosotras podemos volver a organizarnos para cuestionarlo —y conquistar— todo.
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Una generación política: feminismo y nueva clase trabajadora
18 de agosto, por Ideas de Izquierda — Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Mujeres trabajadoras, Principal4, Feminismos, Comités junto a Myriam Bregman, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Mujeres trabajadoras, Principal4, Feminismos, Comités junto a Myriam Bregman
El feminismo politizó a una nueva generación de jóvenes y trabajadoras que protagonizaron una experiencia extraordinaria en la última década. ¿Cómo aportar ese caudal político a la construcción, desde abajo, de un partido de la nueva clase trabajadora?
Un millón de personas salió a la calle, en todo el país, el 3 de junio de 2015 bajo una consigna de apenas tres palabras "Ni Una Menos"; el Paro Feminista de 2016 y las llamadas huelgas de mujeres, aun cuando no fueran acatadas por los sindicatos tradicionales como un verdadero paro general, pusieron en discusión el significado del trabajo de reproducción gratuito y quiénes sostienen cotidianamente la vida; una generación de mujeres, se inició en la política, en 2018, alrededor de la lucha por la legalización del aborto. La adhesión a las movilizaciones por los derechos de las personas LGBTIQ+, la empatía con el reconocimiento del trabajo de cuidados y las denuncias contra la precarización también se multiplicaron en lugares de trabajo, escuelas, universidades y barrios.
Toda gran experiencia de movilización produce un exceso respecto de aquello que inicialmente se propuso. Ni Una Menos, por ejemplo, no fue solamente una consigna contra los femicidios; fue también el punto de partida de una politización masiva que permitió que la violencia de género, antes vivida individualmente, comenzara a pensarse como problema social y político. Por eso más tarde, algunas obreras industriales la convirtieron en Ni Una Menos sin trabajo, cuando la gobernadora María Eugenia Vidal ordenó el desalojo de la multinacional PepsiCo, después que la patronal yanqui cerrara la planta dejando a centenares de familias obreras en la calle. Y más tarde, mujeres con vidas precarias, de sectores populares, la convirtieron en Ni Una Menos sin vivienda, contra la represión del gobierno de Axel Kicilloff a las familias monomarentales que levantaron sus precarias casillas en terrenos abandonados de Guernica, porque la violencia de género o la imposibilidad de pagar los alquileres, las arrojó a la calle en plena pandemia.
La marea verde por el derecho al aborto, desde este punto de vista, tampoco fue solamente una lucha por una ley: fueron millones de personas que durante varios meses aprendieron a debatir públicamente, a organizarse, a interpelar a quienes pensaban distinto, a enfrentar a las iglesias y a los sectores reaccionarios, a ocupar las calles y a sostener una reivindicación que parecía imposible de conquistar. Más recientemente, el 1º de febrero de 2025, la respuesta inmediata en las calles al discurso de odio del presidente Milei, también desbordó la convocatoria del movimiento de la diversidad sexual y se transformó en un aglutinador de luchas por despidos, presupuesto y aumento salarial, que reunió diversos malestares con el gobierno ultraliberal.
En todas estas experiencias, el movimiento feminista no solamente conquistó derechos: produjo sus propios espacios de deliberación y acción y, especialmente, una nueva generación política que aprendió a organizarse colectivamente, a debatir en asambleas, a intervenir en conflictos, a construir campañas, a discutir estrategias, a cuestionar ciertas jerarquías y sentidos comunes. La institucionalización, por parte del gobierno de Alberto Fernández primero y, luego, los ataques reaccionarios de la ultraderecha de Javier Milei, fueron políticas de Estado, una para limitar y la otra para liquidar, esa experiencia generacional.
Las contradicciones de la experiencia política con el kirchnerismo
El entusiasmo y las expectativas que la mayoría del movimiento feminista depositó en el kirchnerismo fueron parte, también, de esta experiencia política en la que la lucha por algunas demandas se tradujo en conquistas institucionales.
Pero fue una experiencia contradictoria. Porque también, durante una década, esa generación feminista presenció cómo las demandas del movimiento fueron utilizadas demagógicamente según los vaivenes políticos, para después quedar subordinadas a otras prioridades y alianzas con quienes el activismo consideraba enemigos de su lucha. Además, la ampliación de derechos democráticos convivió con la persistencia de condiciones materiales que reprodujeron la desigualdad: precarización laboral, pobreza, crisis de los cuidados, endeudamiento, concentración de la riqueza y subordinación de las políticas sociales a las necesidades de un régimen económico, fundamentalmente extractivista, que no dejó de beneficiar a los sectores dominantes.
En ese recorrido, algunas mujeres fueron concluyendo que la violencia machista, la desigualdad económica, la precarización laboral, el racismo, la discriminación y la explotación no eran problemas que estaban separados; que aunque se podía arrancar derechos a esta limitada democracia para ricos, era necesario también cuestionar, de fondo, cómo funciona el capitalismo. Y esa experiencia dejó, para una minoría, una enseñanza estratégica: no alcanza con conquistar espacios de interlocución con gobiernos que se dicen progresistas ni con incorporar demandas feministas en políticas públicas, porque cuando los gobiernos administran un orden social basado en los intereses del gran capital, tarde o temprano aparece un límite para cualquier conquista democrática. La cuestión no es qué persona gobierna, sino qué intereses de clase defiende y representa ese gobierno.
Por eso, hay un sector minoritario (pero de decenas de miles de jóvenes estudiantes, trabajadoras, activistas de los feminismos y la diversidad sexual) buscando, individualmente, una respuesta a qué hacer con toda esa experiencia política.
¿Dónde están (esas) feministas?
Que las hay, las hay. Son quienes no reniegan de su experiencia política con el feminismo y se saben protagonistas de aquella transformación política, cultural y subjetiva que se extendió durante una década. Pero que después de vivir el entusiasmo con ese proceso político, de conquistar derechos, comprobar sus límites y resistir, actualmente, su retroceso, se están preguntando cómo evitar volver a empezar desde cero. Son quienes no se resignaron a la pasividad que impuso el peronismo, en todas sus alas, desde que asumió el gobierno de Milei, para dedicarse a una rosca infinita de internas que no conmueven a nadie.
Y son docentes, trabajadoras de la salud, empleadas de comercio, trabajadoras de plataformas, de call centers, repartidoras, trabajadoras de casas particulares. Son estudiantes que trabajan o que no consiguen empleo, científicas y otras profesionales precarizadas, personas sin estabilidad laboral y expulsadas de los empleos formales, por su identidad de género. Son una parte creciente de esta nueva clase trabajadora profundamente feminizada, precarizada y diversa, que carece de una representación política propia.
Y constituyen, también, el sector mayoritario del fenómeno político del que hablan todos los medios, de creciente simpatía con Myriam Bregman. Eso es lo que reflejan las encuestas que muestran a la diputada del PTS – Frente de Izquierda liderando el ranking de imagen positiva de dirigentes políticos nacionales, con porcentajes muchísimo más altos entre las mujeres. Es decir, existe un sector de esa generación feminista que, después de haber hecho aquella colosal experiencia de lucha, organización y movilización, busca una referencia política por fuera y a la izquierda del kirchnerismo.
Un enorme caudal de experiencia política para la organización de la nueva clase trabajadora
Esa simpatía con Myriam Bregman y la izquierda que ella representa es un gran punto de partida para organizarse y promover la participación, el debate y la acción colectiva en la lucha de clases, con el objetivo de derrotar a Milei y su política hambreadora y de saqueo, con la huelga general. Hay que recuperar la iniciativa ahora, desde abajo, contra la pasividad que impusieron las burocracias sindicales, estudiantiles, políticas y también del propio feminismo.
Pero, además, tenemos que sacar las conclusiones organizativas que se derivan tanto del proceso social que definimos como “feminización de la clase trabajadora” como del fenómeno político que constituyó el feminismo de la última década. Hasta ahora, la mayoría de esas jóvenes y mujeres trabajadoras que son, además, activistas del feminismo, delegó su representación en fuerzas políticas cuya dirección expresa los intereses de los capitalistas. Hoy, un sector minoritario (pero enorme desde el punto de vista de las fuerzas actuales del PTS e incluso del FITU) se siente decepcionado y empieza a mirar hacia la izquierda, por su identificación con Myriam Bregman.
Por eso, la propuesta del PTS y Pan y Rosas es fusionarse con esa generación, que hizo sus primeras experiencias políticas en el feminismo, que construyó algunas de las movilizaciones más masivas de la última década, que conquistó derechos, que enfrentó gobiernos, iglesias y sectores reaccionarios, para que ese enorme caudal político contribuya a la construcción de una fuerza política propia de la nueva clase trabajadora a la que pertenece. Es decir, una herramienta política independiente de las fuerzas que representan los intereses de los capitalistas; que no subordine los objetivos de quienes luchan a las necesidades políticas de partidos que, aun cuando puedan compartir determinadas reivindicaciones democráticas, están comprometidos con la administración de un orden social basado en la explotación de las mayorías y que aporte a combatir el machismo también en las propias filas de los explotados.
Estamos ante una oportunidad histórica. No solo por la emergencia de Myriam Bregman, que impulsa a la izquierda a niveles de adhesión política que nunca antes había obtenido. Sino también porque esa nueva clase trabajadora, que aun debe forjar su propia herramienta política, cuenta cada vez con más mujeres precarizadas entre sus filas. Estudiantes y trabajadoras que hicieron el aprendizaje político más importante de los años recientes, llenando las calles de feminismo.
La independencia política de clase, para estos sectores del activismo feminista que mencionamos, no es solo un principio programático, sino la elaboración consciente de una experiencia histórica de la que fueron protagonistas. Con centenares y miles de estas compañeras queremos construir, desde abajo, en los lugares donde vivimos, trabajamos, estudiamos y nos organizamos, los comités de base de ese partido de la nueva clase trabajadora, capaces también de articularse con otras organizaciones sindicales, territoriales, centros de estudiantes, agrupaciones ambientalistas, feministas y LGBTIQ+ en coordinadoras que, colectivamente, puedan ser un factor decisivo en la lucha de clases. Es el desafío que tenemos planteado.

