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Las que sostienen la vida también sostienen las luchas
21 de julio, por Jujuy — Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Jujuy, Mujeres trabajadoras, Feminismo socialista, Jujuy, Adep (Asociación de Educadores Provinciales), Bloque4 A4 1, Mujeres trabajadoras, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Jujuy, Mujeres trabajadoras, Feminismo socialista, Jujuy, Adep (Asociación de Educadores Provinciales), Bloque4 A4 1, Mujeres trabajadoras
Mientras Milei y Sadir profundizan el ajuste, las mujeres y las diversidades trabajadoras vuelven a cargar con el mayor peso de sostener la vida cotidiana. No es casual que también aparezcan una y otra vez en la primera línea de las grandes luchas jujeñas. La investigación impulsada por la Juventud del PTS, Pan y Rosas e Independientes de Humanidades parte de esa contradicción para debatir cómo organizar una salida desde la clase trabajadora.
Cada crisis deja al descubierto una pregunta que el capitalismo intenta mantener invisible.
¿Quién sostiene la vida cuando el Estado deja o se niega a hacerlo?
Cuando el salario pierde poder adquisitivo, cuando el Estado recorta presupuesto, cuando una escuela recibe cada vez menos recursos o un hospital funciona con menos personal, el trabajo indispensable para que la sociedad siga existiendo no desaparece.
Alguien tiene que seguir enseñando. Alguien tiene que seguir alimentando. Alguien tiene que seguir cuidando. Alguien tiene que seguir escuchando.
Alguien tiene que seguir haciendo posible que la vida continúe.En Jujuy, esa pregunta tiene nombres y lugares concretos. Se vive en las escuelas de la Quebrada y la Puna, en los hospitales de la capital, en las ferias de Perico, Palpalá o San Pedro, en los barrios populares de Alto Comedero y en cada hogar trabajador donde hacer rendir el salario se convirtió en una tarea cotidiana.
En los últimos días, el viento Norte que azotó la provincia volvió visible esa realidad de una manera brutal. Miles de familias permanecieron durante horas —y, en algunos casos, durante varios días— sin energía eléctrica. En los barrios populares, los cortes no significaron solamente quedarse a oscuras: implicaron perder alimentos y medicamentos, sufrir la rotura de electrodomésticos y reorganizar una vez más la vida cotidiana para compensar un servicio que ni la empresa ni el Estado garantizaron.
El viento fue el desencadenante. Pero la extensión del desastre expuso la falta de inversión de EJESA y la responsabilidad de un gobierno que autoriza tarifazos mientras protege el negocio privado de la energía.
Como tantas otras veces, las consecuencias recayeron de manera profundamente desigual sobre las mujeres y las diversidades trabajadoras. No porque exista una predisposición natural al cuidado ni una esencia femenina del sacrificio, sino porque el capitalismo organiza la reproducción cotidiana de la vida descargando sobre ellas buena parte de las tareas que hacen posible que la sociedad siga funcionando.Y cuando los gobiernos ajustan, ese peso no disminuye.
Aumenta.Cuando una empresa deja a un barrio sin luz, no desaparecen las necesidades de alimentarse, cuidar, estudiar, trabajar o conservar un medicamento. Esas tareas se trasladan a los hogares y deben resolverse con más tiempo, más esfuerzo y recursos que muchas familias ya no tienen.
Lo que el Estado y las empresas no garantizan no desaparece: alguien tiene que sostenerlo.El ajuste no elimina el trabajo necesario para cuidar. Cambia quién lo hace y en qué condiciones.
El apagón no fue un episodio aislado. En las últimas semanas, distintos informes volvieron a mostrar una realidad que las trabajadoras jujeñas conocen desde hace años. La provincia encabeza el déficit habitacional del país. Las mujeres alcanzan mayores niveles educativos que los varones, pero continúan percibiendo menores ingresos. La precarización laboral crece, el pluriempleo se convierte en una necesidad para miles de familias y cada vez más personas encuentran en las ferias o en trabajos informales una estrategia para completar ingresos.
Al mismo tiempo, la educación y la salud públicas funcionan bajo una presión creciente. Las docentes sostienen escuelas atravesadas por la pobreza y el deterioro social. Las trabajadoras de la salud intentan responder con menos recursos a demandas cada vez mayores. El agotamiento, el burnout, las licencias por salud mental y el consumo de psicofármacos aparecen cada vez con más frecuencia como respuestas individuales a problemas profundamente sociales.
Las noticias llegan fragmentadas.
Un artículo habla del salario docente.
Otro del déficit habitacional.
Otro de las desigualdades de género.
Otro del empleo.
Otro del aumento de las consultas por salud mental.Parecen problemas distintos.
No lo son.Todos hablan de una misma crisis: la creciente dificultad de la clase trabajadora para sostener la reproducción cotidiana de la vida; es decir, para sobrevivir y llegar a fin de mes.
Desde el feminismo socialista, esa realidad tiene un nombre: crisis de la reproducción social.
No se trata solamente de una caída de los salarios o del deterioro de los servicios públicos.
Es una crisis de las condiciones materiales que hacen posible sostener cotidianamente la vida.Cuando el Estado deja de garantizar un derecho, ese derecho no desaparece.
Alguien reorganiza los horarios para cuidar a una persona mayor.
Alguien hace rendir un salario que ya no alcanza.
Alguien acompaña una trayectoria escolar que se vuelve cada vez más difícil.
Alguien contiene un sufrimiento que las instituciones ya no alcanzan a responder.Las crisis no afectan a todas las personas de la misma manera porque el capitalismo tampoco distribuye de la misma manera el trabajo necesario para sostener la vida.
Existe una ironía profundamente estructural en esa organización.Mientras descarga sobre las mujeres buena parte del trabajo reproductivo, las coloca también en el lugar donde primero se vuelven visibles las consecuencias de cada crisis.
Son ellas quienes ven deteriorarse la escuela y luego llegan a un hogar donde ese mismo deterioro vuelve a aparecer.
Quienes escuchan el hambre en el aula y después hacen rendir un salario que ya no alcanza.
Quienes sostienen hospitales desfinanciados y luego cuidan familiares que tampoco encuentran respuestas en el sistema de salud.
Quienes venden menos en la feria y después vuelven a una mesa donde también hay menos comida.Esa posición no produce automáticamente conciencia política.
Pero sí una experiencia singular.
Las mujeres no ven antes la crisis porque sean mujeres.
La ven antes porque el sistema las colocó en el lugar donde la crisis se vuelve imposible de ocultar.La escuela: el lugar donde la crisis deja de ser una estadística
La docencia ocupa un lugar particular dentro de esa trama. No solamente porque sea uno de los sectores más feminizados de la provincia y del país, sino también porque la escuela cumple una función central dentro de la reproducción social.
No solamente enseña.
También escucha.
Registra.
Anticipa.Allí aparecen, antes que en cualquier estadística, el hambre, el endeudamiento, el abandono escolar, el agotamiento de las familias y el deterioro de las condiciones de vida.
Antes de que un informe registre el aumento de la pobreza, una docente ya advirtió que una niña llegó sin desayunar.
Antes de que se publique un índice sobre desigualdad, ya escuchó que una familia tuvo que abandonar el alquiler para mudarse con otros parientes o quedó en situación de calle.
Antes de que aparezcan los datos sobre salud mental, ya acompañó a una estudiante que no pudo más.La escuela no produce la crisis, pero es uno de los primeros lugares donde deja de ser un dato y adquiere nombre, rostro e historia.
Por eso la docencia no observa la crisis desde afuera. La vive mientras trabaja y vuelve a encontrarla cuando regresa a su propia casa, donde también debe reorganizar gastos, sostener cuidados, acompañar a la familia y hacer rendir un salario cada vez más insuficiente.
Reconocer su lugar dentro de la clase trabajadora no siempre resulta evidente. Durante décadas se intentó presentar a la docencia como un sector separado del resto de las y los trabajadores, asociado más a una supuesta pertenencia a la clase media o a la vocación que a su condición asalariada. Sin embargo, su experiencia cotidiana muestra lo contrario: las y los docentes viven de su salario, enfrentan las mismas políticas de ajuste y comparten con el resto de la clase trabajadora las consecuencias de una organización social cada vez más desigual.
La crisis se vive dos veces.
Las docentes la ven en sus estudiantes y vuelven a encontrarla cuando hacen las cuentas para llegar a fin de mes.
Las enfermeras la encuentran en hospitales cada vez más desfinanciados y luego en sus propias familias, cuando falta un turno, un medicamento o una persona que pueda cuidar.
Las feriantes la sienten cuando venden menos y vuelven a sentirla cuando deben decidir qué dejar de comprar.
No porque las mujeres sean más sensibles ni posean una predisposición especial para percibir el sufrimiento. La ven antes porque el capitalismo las ubicó en los lugares donde la reproducción cotidiana de la vida se vuelve imposible de sostener sin enormes esfuerzos.
Quizás por eso las mujeres y disidencias de la clase trabajadora suelen estar también entre quienes primero advierten cuándo una sociedad deja de ser vivible. Y quizás por eso las trabajadoras de la educación ocuparon históricamente un lugar tan importante en las luchas sociales de nuestra provincia.
Cuando la vida deja de ser vivible
No es casual que las mujeres aparezcan una y otra vez entre quienes protagonizan las grandes luchas sociales.
No porque exista una esencia femenina de la rebeldía. Sino porque la experiencia cotidiana de sostener la vida las enfrenta antes que nadie con los límites de una sociedad que hace descansar su funcionamiento sobre ese trabajo invisible.La historia jujeña vuelve una y otra vez sobre esa misma escena.
Las trabajadoras de la educación estuvieron entre los sectores que encabezaron las grandes luchas de fines de los años noventa y comienzos del 2000. Mientras ellas enfrentaban el ajuste en las calles, miles de familias sobrevivían combinando salarios docentes con changas, trabajo rural temporario en los tabacales, ventas ambulantes y cualquier otra estrategia que permitiera completar ingresos pulverizados. La jornada no terminaba al salir del aula: comenzaba otra, igual de necesaria para sostener la vida. Es una postal que hoy vuelve a repetirse frente al ajuste de Milei y Sadir.
La escuela nunca fue el único lugar donde se libraba esa pelea. La crisis también entraba a sus casas.
Esa misma relación entre las condiciones de vida y la organización docente reapareció frente a los ataques contra la educación pública durante la década siguiente y adquirió una nueva dimensión en la rebelión popular de 2023 contra la reforma constitucional impulsada por Gerardo Morales.La docencia, como parte de la clase trabajadora jujeña, fue uno de los motores de un proceso que rápidamente confluyó con comunidades indígenas que defendían sus territorios, estudiantes, trabajadores estatales y amplios sectores populares. La defensa del salario, de la educación pública y de los territorios terminó convirtiéndose en una discusión mucho más profunda sobre qué provincia querían construir quienes la habitan.
Poco antes de aquella enorme revuelta, las y los docentes habían recuperado Cedems de manos de una burocracia sindical alineada con el gobierno. Esa experiencia mostró que también era posible disputar las herramientas de organización de la clase trabajadora.
Todo ese proceso dejó una enseñanza.
Cuando quienes sostienen cotidianamente la vida empiezan también a organizar la resistencia, la relación de fuerzas puede cambiar.Hoy, la pelea por recuperar ADEP de las manos de la burocracia sindical vuelve a plantear una discusión que excede ampliamente la conducción de un gremio.
Se trata de recuperar una herramienta democrática para un sector que históricamente ocupó un lugar estratégico cada vez que Jujuy salió a luchar.El sufrimiento también tiene historia
Cada vez resulta más frecuente escuchar hablar de agotamiento extremo, ansiedad, burnout o consumo de psicofármacos. Sin mencionar el aumento de la violencia de género y sus consecuencias.
Pero sería un error pensar que se trata solamente de un problema individual.
No existe estrategia de gestión emocional capaz de compensar salarios de pobreza.
No existe técnica de relajación que reemplace políticas públicas de cuidado.
No existe resiliencia que pueda sustituir hospitales, jardines maternales, escuelas, vivienda digna o trabajo con derechos.El sufrimiento también tiene condiciones materiales.
El crecimiento del burnout, la violencia, las licencias por salud mental o el aumento del consumo de psicofármacos no hablan únicamente de una crisis sanitaria. También expresan una sociedad que exige sostener cada vez más trabajo de reproducción con menos tiempo, menos recursos y menos derechos.
Cuando el ajuste reorganiza la forma en que se sostiene la vida, también reorganiza la manera en que se produce el sufrimiento.
Y, como consecuencia, quienes cargan con una parte desproporcionada del trabajo reproductivo reciben primero ese impacto.Comprender también es organizar
Si las mujeres y las diversidades ocupan un lugar privilegiado para percibir cómo se deterioran las condiciones de vida, entonces esa experiencia cotidiana constituye también una fuente de conocimiento.
La experiencia, por sí sola, no alcanza para transformar la realidad.
Pero sí puede convertirse en el punto de partida para comprender que aquello que parecía un problema privado tiene causas sociales y necesita respuestas colectivas.Es allí donde empieza la organización.
No alcanza con denunciar el ajuste.
Necesitamos comprender cómo se reorganiza hoy el trabajo de sostener la vida, qué formas adopta el sufrimiento, cómo cambian las condiciones de trabajo y qué experiencias de organización empiezan a emerger en medio de la crisis.Por eso la investigación impulsada por la Juventud del PTS, Pan y Rosas e Independientes de la Facultad de Humanidades de la UNJu no parte de la idea de que el conocimiento se produce únicamente en la universidad.
Parte de otra convicción.
La experiencia cotidiana de quienes sostienen la reproducción de la vida también produce conocimiento.
Investigar no significa hablar por ellas.
Significa construir, junto a ellas, una comprensión colectiva de una realidad que ninguna estadística puede explicar por sí sola.<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>No se trata de estudiar a las trabajadoras de la educación, de la salud, a las feriantes o a las mujeres de las comunidades originarias.
Se trata de investigar con ellas.
De producir un conocimiento que nazca de la experiencia organizada y vuelva a ella en forma de herramientas para transformarla.Por eso esta investigación no busca solamente reunir datos.
Busca abrir un espacio donde la experiencia de docentes, trabajadoras de la salud, feriantes, estudiantes, investigadoras y otras mujeres y diversidades trabajadoras pueda transformarse en una herramienta para pensar y organizar las luchas que vienen.Quienes sostienen cotidianamente la reproducción de la vida también producen un conocimiento imprescindible sobre el funcionamiento de esta sociedad.
Escuchar esa experiencia.
Ponerla en común.
Analizarla colectivamente.
Transformarla en organización.
Todo eso forma parte de una misma tarea política.<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Fortalecer los comités impulsados por el PTS y Pan y Rosas, preparar la participación en el próximo Encuentro Plurinacional de Mujeres y Diversidades, impulsar la pelea por recuperar ADEP para sus trabajadoras y trabajadores y promover la coordinación y la acción común entre los distintos sectores que enfrentan el ajuste forman parte de una misma perspectiva política.
No se trata de sumar luchas aisladas ni de colocar una al lado de la otra las demandas de docentes, trabajadoras de la salud, feriantes, estudiantes o mujeres de las comunidades originarias. Sus experiencias expresan distintas manifestaciones de una misma crisis y distintas potencialidades de una misma fuerza social. Frente a los ataques de Milei y Sadir, y a una oposición peronista que permite avanzar el ajuste o acompaña leyes contra la clase trabajadora, el desafío es construir espacios de coordinación capaces de reunir aquello que las patronales, los gobiernos y las burocracias mantienen fragmentado.Comprender para organizar. Organizar para transformar.
Las grandes luchas nunca comienzan el día de una movilización.
Empiezan mucho antes.
Empiezan cuando experiencias que parecían individuales descubren que forman parte de una misma realidad.
Cuando quienes sostienen la vida reconocen también la fuerza colectiva que tienen para cambiarla.La pregunta con la que abrimos este artículo ya tiene una respuesta.
Son las mujeres y las diversidades trabajadoras quienes vienen sosteniendo una parte enorme de la reproducción cotidiana de la vida.La pregunta que sigue abierta es otra.
¿Qué ocurriría si toda esa experiencia acumulada de sostener la vida se transformara también en la fuerza capaz de reorganizarla sobre nuevas bases?Defender la vida no puede seguir significando cargar en soledad con las consecuencias del ajuste.
Defender la vida significa pelear por una sociedad donde cuidar, enseñar, alimentar, sanar y acompañar dejen de ser una responsabilidad privatizada y se conviertan en una tarea colectiva.Una sociedad donde la reproducción social deje de organizarse para garantizar las ganancias de unos pocos y pase a organizarse para satisfacer las necesidades humanas.
Quizás esa sea una de las enseñanzas más profundas que deja la historia reciente de Jujuy.
Las mujeres trabajadoras nunca eligieron cargar sobre sus espaldas el peso de sostener la vida.
Fue el capitalismo el que organizó así la sociedad.
Pero esa misma experiencia les permitió reconocer, una y otra vez, cuándo la vida dejaba de ser soportable.
Y también protagonizar algunas de las luchas más importantes de nuestra provincia.Ese horizonte no empieza el día de la revolución.
Empieza cuando comprender la realidad deja de ser un ejercicio intelectual y se convierte en una práctica colectiva capaz de reunir las experiencias que el capitalismo fragmenta y convertirlas en una fuerza organizada.
Porque comprender también es una forma de empezar a cambiar el mundo.
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Las adolescencias trans le ponen un freno al gobierno
20 de julio, por Los cuerpos no se decretan — Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, LGTBIQ+, Columnistas Vertical , LGTBI, Ley de Identidad de Género, Edición México, Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), Síndrome de Alienación Parental, Javier Milei, Feminismo y lucha del movimiento de mujeres, ESI (Educación Sexual Integral), Infancias, Comité de Derechos del Niño (ONU), Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, Lgtbiq+, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, LGTBIQ+, Columnistas Vertical , LGTBI, Ley de Identidad de Género, Edición México, Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), Síndrome de Alienación Parental, Javier Milei, Feminismo y lucha del movimiento de mujeres, ESI (Educación Sexual Integral), Infancias, Comité de Derechos del Niño (ONU), Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, Lgtbiq+
El ataque al artículo 11 de la Ley de Identidad de Género desnudó la matriz de un sistema patriarcal que pretende controlar los cuerpos como variable de ajuste. El reciente fallo judicial contra el Decreto 62/2025 es un triunfo del activismo, pero abre un balance urgente sobre las deudas históricas del Estado. Una advertencia clara a la derecha: la salud y la identidad de género, la defendemos en la calle.
En febrero de 2025, un renglón del Boletín Oficial arremetió contra las infancias y adolescencias trans al intentar interrumpir sus transiciones. El Decreto 62/2025 del Gobierno Nacional prohibió el acceso a las intervenciones quirúrgicas y tratamientos hormonales integrales a menores de dieciocho años; prácticas garantizadas por el artículo 11 de la Ley de Identidad de Género para la adecuación corporal, negando así el derecho a la salud integral de esta población.
La semana pasada, la Cámara Federal suspendió los efectos de ese decreto. El fallo judicial devuelve la vigencia plena a la normativa; un territorio recuperado para la lucha en defensa de la salud de cientos de pibxs. La Justicia entendió lo que el activismo grita desde las calles: que quitarle el tratamiento hormonal a una adolescencia trans no es "proteger la infancia", sino empujarla a un abismo de desamparo y violencia institucional.
Puntos claves del fallo:
El fallo determina que el Decreto 62/2025 carece de los requisitos constitucionales de "necesidad y urgencia" exigidos por el artículo 99, inciso 3, de la Constitución Nacional. La Cámara Federal remarcó que el Poder Ejecutivo no puede utilizar la vía del decreto para saltear el debate parlamentario en materias que afectan derechos humanos fundamentales. No existía ninguna situación excepcional ni de emergencia que justificara la suspensión inmediata de una ley votada por el Congreso, por lo que la medida constituye una extralimitación del poder presidencial.
La Justicia señaló que el decreto del Gobierno se basó en premisas ideológicas y alarmistas que carecen de sustento empírico, subrayando que suspender tratamientos de salud integral de forma masiva e inconsulta contradice los consensos de las principales organizaciones científicas nacionales e internacionales. Al legislar desde el prejuicio y omitir la evidencia clínica acumulada, el decreto violó el principio de no regresividad en materia de derechos sociales y el derecho al acceso a una medicina basada en la evidencia.
Además, el DNU ignora por completo el concepto de “capacidad progresiva de las infancias y adolescencias”,, consagrado en el artículo 26 del Código Civil y Comercial de la Nación, en la Ley 26.061 de Protección Integral, y en la Convención sobre los Derechos del Niño. En ese sentido, la Cámara ratificó que la capacidad de ejercer los derechos no está determinada por una frontera rígida a los 18 años, sino que se adquiere de forma paulatina según la edad y el grado de madurez. Se destacó de forma taxativa el derecho de las adolescencias a ser escuchadas, a que su opinión sea tenida en cuenta y a participar activamente en las decisiones que involucran a sus propios cuerpos y a su salud integral, invalidando la pretensión estatal de tratarlos como objetos de tutela en lugar de sujetos de derecho.
Mentir para disciplinar: los mitos de la derecha que sostuvieron el DNU:
La equiparación jurídica: "Menor de edad = Niño"
El marco legal agrupa a cualquier persona de 0 a 17 años como "menor de edad", el Gobierno aprovechó esa frontera legal de los 18 años para unificar el lenguaje alrededor del concepto de “niño” en los comunicados oficiales (como el Comunicado N° 77 de la Oficina del Presidente) y en las conferencias de prensa, donde raramente se usaba la palabra "adolescente" o "pubertad" a los fines de crear una representación imaginaria infancias vulneradas.Sobre este punto, la Sociedad de Pediatría Argentina (SAP), decía: “Es nuestro deber como Sociedad Científica encargada del cuidado de la salud de los niños, niñas y adolescentes de toda la Argentina informar a la sociedad en su conjunto que desde los equipos de salud no se realizan hormonizaciones ni cirugías en la infancia. En esta etapa se realiza un acompañamiento médico pediátrico, social y psicológico. Las intervenciones médicas farmacológicas, en el caso de ser necesarias, sólo pueden realizarse más tardíamente, una vez iniciada la pubertad bajo estándares científicos y principios éticos”.
En el relato oficial se instaló la idea de que en Argentina se realizaban cirugías genitales o mastectomías a niñeces. El propio Milei y sus voceros utilizaron términos alarmistas como "mutilación de órganos saludables" e "intervenciones irreversibles". La realidad clínica que se omitía: Las guías nacionales de salud y los consensos médicos dictan que las cirugías de modificación corporal jamás se realizan en la niñez, y las cirugías más complejas quedan reservadas para la mayoría de edad o el final de la adolescencia. En las infancias lo que se realiza es un acompañamiento psicosocial que apunta a intervenir sobre otras variables de la expresión de género como el cambio de nombre, la elección de ropa, corte de pelo, etc.
Por su parte, la evidencia científica demuestra que el acceso temprano a bloqueadores y hormonas reduce drásticamente las tasas de ideación suicida, depresión severa y ansiedad en adolescencias trans. Datos publicados por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) y estudios longitudinales en JAMA Network Open señalan que los jóvenes que inician tratamientos de adecuación corporal presentan un 73% menos de probabilidades de reportar pensamientos o actos de autolesión en comparación con quienes ven obstaculizado su acceso a la salud. Asimismo, investigaciones en The New England Journal of Medicine confirman que la intervención endocrinológica oportuna disminuye la ansiedad al detener el desarrollo de caracteres sexuales secundarios no deseados, estabilizando los indicadores de salud mental en niveles equiparables a los de sus pares cisgénero.
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-El argumento de la "ola de arrepentidos" (o detransitioners) es lo que más repiten de los sectores antiderechos, pero las estadísticas reales muestran todo lo contrario: Los estudios internacionales, como los publicados por The Lancet o la Asociación Americana de Pediatría demuestran que la tasa de arrepentimiento o reversión en tratamientos de afirmación de género es bajísima: se ubica entre el 1% y el 5%. ¿Por qué alguien da marcha atrás?: La mentira oficial dice que se arrepienten porque "se dieron cuenta de que no eran trans". La realidad muestra que la enorme mayoría de quienes pausan o revierten un tratamiento lo hacen por presión familiar, hostigamiento social, discriminación laboral o falta de recursos económicos para sostenerlo. No es falta de identidad; es la violencia del entorno y la situación económica.
-El mito del "abuso hacia las infancias apañado por la ideología de género"
El argumento político más fuerte del gobierno nacional fue catalogar a estos tratamientos médicos como "abuso infantil apañado por la agenda de género". Bajo esta lógica, el Gobierno sostenía que los chicos y chicas estaban siendo "inducidos", "confundidos" o "presionados" por adultos (médicos, docentes, militantes o incluso sus propios padres) para transicionar. La operación discursiva del Gobierno, que cataloga estos tratamientos como un "abuso", replica la matriz argumental del Síndrome de Alienación Parental (SAP).
El Falso SAP (Síndrome de Alienación Parental) fue creado por un Psiquiatra estadounidense pedófilo confeso, Richard Gardner. Es repudiado a nivel internacional y nacional por organismos que defienden el derecho de las infancias. La premisa del SAP expresa que: las infancias rechazan a su padre porque están siendo influenciados por su madre. Pese a carecer de todo fundamento clínico al punto de haber sido rechazado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que se negaron a incluirlo en sus manuales dado que se pretende utilizar para silenciar a las infancias. Hoy, el relato oficial reactiva ese mecanismo: al sostener que las transiciones son producto de un "adoctrinamiento", la retórica estatal anula la voz de las adolescencias, reduciendo su identidad al subproducto de una manipulación externa.
Para que este mito funcione, el poder necesita construir la imagen de un agente manipulador. Es allí donde emerge el sesgo misógino de la medida, que direcciona sus ataques hacia las redes de salud mental, educación y cuidado; espacios sostenidos mayoritariamente por mujeres y disidencias. Al acusar de "inducir" a las psicólogas, médicas y docentes que acompañan estos procesos, el Estado desacredita el saber clínico y la idoneidad profesional con los mismos prejuicios con los que la justicia patriarcal juzgaba a las madres. Bajo una lógica tutelar, se busca desmantelar los dispositivos públicos que con mucha pelea desde abajo se lograron construir, como se evidencia en el ejemplo del cierre del área de diversidad para infancias y adolescencias del Hospital Posadas, uno de los más grandes del país.
El paralelismo con el SAP se evidencia en sus efectos prácticos ya que ambos discursos se enmascaran en la "protección de la niñez" pero provocan lo contrario. Así como el SAP devolvía a las infancias al entorno del agresor, el Decreto 62/2025 pretendió empujar a las adolescencias trans a la interrupción violenta de sus tratamientos de salud. El fallo de la Cámara Federal no solo recupera la vigencia del artículo 11, sino que frena una estrategia institucional que intenta disciplinar los cuerpos persiguiendo a las profesionales que los cuidan.
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-La falsa defensa del "interés superior del niño"
La demagogia de la derecha: usar el "Interés Superior del Niño", un principio que fue conquistado para darle voz a las infancias y adolescencias del país, consagrado en la Convención Internacional y en la Ley 26.061 como un garrote paternalista para recortar libertades. Hay que dejarlo claro: el Interés Superior del Niño nunca puede ser lo que un gobierno reaccionario y de ajuste “considera” que le conviene a lxs pibxs. Eso no es protección, es control social.
Cuando el discurso del gobierno nacional sostiene que un adolescente de 16 o 17 años "no tiene el cerebro lo suficientemente desarrollado" y equipara su discernimiento con el de un niño de 6 años, esta haciendo propaganda contra los derechos humanos. Usan un reduccionismo biologicista burdo para pisotear la ley vigente que en las calles se conquistó.
Lo que realmente buscan con este ataque es disciplinar: desacreditar la voz de lxs pibxs, arrancarles el derecho a la autonomía progresiva que tanto costó incluir en el Código Civil, y reinstaurar una tutela estatal autoritaria sobre sus propios cuerpos. Estamos ante un retroceso convencional gravísimo, una provocación que vulnera de raíz el corpus iuris de la infancia en nuestro país.
-La idea de que "prohibiendo el tratamiento se frena la transición"
Sostener que un decreto puede congelar una identidad es, además de una crueldad, un profundo error de diagnóstico clínico. La burocracia estatal suele pecar de una ilusión punitiva: creer que lo que se prohíbe en los papeles deja de existir en los cuerpos. Privar a las niñeces y adolescencias del acompañamiento endocrinológico que necesita y del sistema de salud no suspende su transición; la lleva a transitar la intemperie de la clandestinidad, a la automedicación en el mercado y fundamentalmente a un sufrimiento psíquico severo. Lo que el Decreto 62/2025 puso en disputa no fue la existencia de las identidades trans que no piden permiso para ser, sino la obligación del Estado de asegurar institucionalmente la concordancia entre la imagen corporal y la identidad autopercibida.
Al obturar estos procedimientos, el Gobierno no solo le da la espalda a la Ley de Identidad de Género, sino también a la evidencia internacional condensada por la Asociación Mundial para la Salud Transgénero (WPATH), que advierte cómo la disonancia forzada entre el cuerpo y la identidad deteriora de forma drástica la salud mental, elevando los índices de depresión e ideación suicida. La adecuación corporal no es un capricho estético ni una opción de consumo electiva en la góndola de la medicina privada; es una intervención terapéutica primaria y un derecho humano básico. Bloquearla desde el aparato estatal no frena un proceso identitario: solo lo desampara, transformando una política de salud pública en un acto de desinstitucionalización y violencia dirigida.
Ni un paso atrás
El reciente fallo de la Cámara Federal es, sin dudas, un triunfo del activismo y de los equipos que resistieron en la trinchera territorial el embate del Decreto 62/2025.
Sin embargo, la celebración no puede obturar un A más de una década de la sanción de una ley conquistada con la lucha, la ofensiva de la derecha nos deja un balance: bajo el capitalismo, los derechos van y vienen según el termómetro de la crisis. Si el Gobierno de Milei pudo borrar el artículo 11 de la Ley de Identidad de Género con un renglón en el Boletín Oficial, es porque la estrategia reformista chocó contra su propio límite. No se trata solo de una falta de presupuesto; el problema fue la ilusión de que se puede dar respuesta a las transiciones de lxs pibxs administrando el capitalismo. Al no dotar esa legislación con una estructura material firme y federal. Confiar el destino de las disidencias a la institucionalidad de este sistema, fue lo que dejó a estos dispositivos expuestos, fragmentados y listos para el desguace.
Esta ofensiva estatal no es un hecho aislado: responde a la misma matriz de un sistema patriarcal que, en su cara más brutal y explícita, se expresa en la escalada de femicidios y transfemicidios que siguen conmoviendo al país, como los recientes casos en Córdoba. Pero la respuesta a esa violencia nunca fue la pasividad. La suspensión de este decreto no se explica sin la genealogía de un movimiento que transformó el dolor en organización colectiva. El freno al DNU se parió en las masivas marchas del Orgullo LGBTYQ+, la movilización contra el discurso en Davos, Ni Una Menos y en la potencia histórica de los Encuentros Plurinacionales de Mujeres y Disidencias; espacios que hace tiempo dejaron de pertenecer a una demanda exclusivamente femenina para convertirse en el refugio y la vanguardia de la diversidad sexual y las identidades trans.
Frenar judicialmente el DNU es recuperar el suelo mínimo de la legalidad, pero el desafío que viene va mucho más allá de las paredes de un tribunal. La transición de una adolescencia trans no se detiene por decreto, y su derecho a una modificación corporal segura no puede seguir dependiendo de la resistencia heroica de los equipos de salud. Defender a lxs pibxs implica sostener esa fuerza colectiva que se forjó en las calles: una red plurinacional y diversa capaz de plantarse ante la crueldad institucional y recordarle al Estado que, cuando se trata de defender la vida y la soberanía de los cuerpos, no vamos a dar ni un solo paso atrás.
Foto: Priscila Pereyra
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Pendiente de Revisión: Movimiento LGTBIQ+ y lucha de clases, debates y peleas contra injusticias, discriminación y por la libertad
17 de julio, por LID+ — Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, LGTBIQ+, Pan y Rosas, Feminismo, Diversidad, Frente de Izquierda, LGBTTI, Argentina, Cupo laboral trans, Feminismo socialista, sexodiversidad, Comités de Pan y Rosas, LGBT, Travesti, Feminismos, Bloque ancho completo 2, Lgtbiq+, Comités junto a Myriam Bregman, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, LGTBIQ+, Pan y Rosas, Feminismo, Diversidad, Frente de Izquierda, LGBTTI, Argentina, Cupo laboral trans, Feminismo socialista, sexodiversidad, Comités de Pan y Rosas, LGBT, Travesti, Feminismos, Bloque ancho completo 2, Lgtbiq+, Comités junto a Myriam Bregman
Encontrá el sexto episodio de “Pendiente de Revisión” por LID+ con la conducción de Sofa Achigar y Yohia Cardoso Marino. En este capítulo, estuvo con ellas Jorge Remacha, autor de “Agrupémonos todes. Una breve historia de diversidad sexual y lucha de clases”, conversando sobre el libro.
Estuvo charlando con nosotras el historiador Jorge Remacha, autor del libro “Agrupémonos todes. Una breve historia de diversidad sexual y lucha de clases”, que te recomendamos que consigas cuanto antes. Fuimos y vinimos en el tiempo, del siglo XIX al XXI, pasando por la década de los ‘70, ¿sabías que la derecha actual le roba todos los argumentos a la derecha del pasado? ¿Sobre qué desigualdades se montan las campañas homófobas y transfóbicas de los tipos como Milei, Trump y otros? ¿Qué desafíos plantea al movimiento de la diversidad sexual que vivamos un mundo con fachos putos como Peter Thiel? ¿Sabías que hay una nueva generación de activistas e intelectuales de la diversidad que buscan en el marxismo y en un punto de vista de clase en su lucha por la liberación?
Jorge es de la Ciudad de Zaragoza en el Estado Español, también es docente de nivel secundario, escribe en la Revista Contrapunto que impulsa la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras del Estado Español que forma parte de la Corriente Revolución Permanente, el agrupamiento internacional del cual también es parte nuestra agrupación internacionalista Pan y Rosas y el PTS.
Realización: Maryline Joncquel, Tomás Potenzoni, Maximiliano Martínez, Anita Méndez, Magy Luzardo, Mariana Abril y Esteffi LoPre.
Agradecimiento especial a Andrea D'Atri y Dolores Contreras.
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Testimonio de la amiga de Luciana Muñoz: la vio un día antes de su desaparición
15 de julio, por Neuquén — Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Neuquén, Desaparición forzada, Trata de personas, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Neuquén, Desaparición forzada, Trata de personas
Después de dos años, habló en exclusiva con LM Neuquén la amiga que la vio por última vez. Teme olvidar su voz y pide que la sociedad no deje de difundir su búsqueda.
Durante casi dos años, L. eligió apartarse de la escena pública. No porque hubiera dejado de buscar a su mejor amiga, Luciana Muñoz Aguerre, sino porque entendió que debía resguardar su identidad en un caso atravesado por un delito tan grave como la trata de personas.
Al comienzo de la búsqueda, L. fue una de las voces que acompañó a la familia en el reclamo para que la Justicia provincial buscara a Luciana y diera respuestas. Recorrió junto a Lila los últimos lugares donde había estado su amiga, habló con personas de su entorno y participó de las primeras movilizaciones a cara descubierta.
Con el paso del tiempo, mientras la familia acusaba a la provincia de dilaciones e irregularidades, decidió dejar de exponerse públicamente. Cuando la causa pasó a la Justicia Federal, esa decisión cobró sentido: su testimonio se convirtió en una pieza clave para la investigación que encabeza la fiscal federal Ángela Cecilia Pagano Mata sobre la desaparición de Luciana.
Por primera vez desde hace dos años, L. decidió hablar en exclusiva con LM Neuquén y en el documentalaudiovisual que acompaña esta nota, donde aparece de espaldas y no revela su nombre para proteger su identidad.
Quiere que la búsqueda de Luciana no se apague: "Me gustaría decirle a la gente que no deje de difundir su foto, por más que haya pasado mucho tiempo. Ella merece que se siga viralizando para que la sigan buscando. Merece ser encontrada, merece verdad, merece justicia y merece que las personas que le hicieron esto paguen, que no quede impune, porque ya pasaron 2 años, es mucho tiempo”.
“Pasamos a ser hermanas”
L. conoció a Luciana en 2016 cuando eran adolescentes, en el barrio Gran Neuquén. “No fuimos amigas enseguida, fuimos conociéndonos y a través de que iban pasando los años nos empezamos a hacer bien unidas y pasamos a ser hermanas".
Un viaje terminó de sellar ese vínculo que tantos años después sigue fuerte y sincero. "En el 2017 nos fuimos juntas a Las Grutas. Yo la invité y la llevé a conocer el mar. A partir de ese viaje nos hicimos muy amigas. Después ya estuvo viviendo un tiempo conmigo y conoció a toda mi familia. La adoptaron como una hija más".
Para contar qué cosas extraña de Luciana, L. empieza por un gesto que también recuerdan su mamá, su abuela y hasta la ex directora de la escuela: "Tiene su risa... porque ella era una persona muy simpática, muy amorosa. Yo todos los días la pienso y la extraño mucho".
Cuando le pregunté qué cosas le enseñó Luciana, remarcó una enseñanza para toda su vida: "Ella me enseñó la valentía y entre las dos aprendimos lo que es la lealtad de una compañera, de una amiga. Nos defendíamos mutuamente. Era una relación muy linda que teníamos, podíamos confiar una en la otra".
"¿Quién nos hizo esto?"
Desde el 13 de julio de 2024, esas imágenes conviven con preguntas que todavía no encuentran respuesta. "Todas las noches me pregunto qué pasó con ella. ¿Quién nos hizo esto? ¿Quién nos separó? Me pregunto qué puedo hacer para encontrarla", dice L. a quien no le es sencillo hablar de Luciana sin incomodar a la gente que no sabe qué decirle o hacer.
A partir de la desaparición de Luciana a los 20 años y la falta de respuestas estatales, los miedos de distintos grosores comenzaron a convivir en L. "Con el pasar del tiempo me da miedo olvidarme de su voz, olvidarme de su olor. No verla más es lo que más duele, el pensar de que quizás no la voy a volver a ver”.
"A partir de que ella desapareció, se vive una nostalgia y se vive un miedo constante de andar en la calle y de no saber si te puede pasar algo en la esquina de tu casa o a la vuelta del barrio”, dice.
“Hay muchas Lucianas”, sostienen desde las organizaciones, haciendo referencia a un dato alarmante. Entre 2015 y 2024 se registraron en Argentina 100.268 denuncias por personas desaparecidas o extraviadas. En Neuquén el promedio anual es de unas 650. El Sistema Federal de Búsqueda de Personas advierte además que, cuando las desapariciones están vinculadas o tipificadas como trata con fines de explotación sexual, más del 85% de las víctimas son mujeres, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad.
Una promesa a Luciana Muñoz
¿A qué huele Luciana? La descripción del olor aquel 12 de julio cuando se vieron por última vez está acompañada de un gesto inolvidable: “Recuerdo que el último día que estuve con ella nos íbamos a ver al día siguiente y ella me dice: 'Igual un abrazo'. Y me abrazó y me dio un abrazo tan lindo”.
“Era como que sabíamos que no nos íbamos a ver más. Me quedé con ese olor de su perfume y lo tengo cada vez que pienso en ella. Me da ese miedo de perder eso, de no acordarme de su voz", dice. Sin embargo, asegura que nunca perdió la esperanza. "Eso duele mucho, pero sigo firme en su búsqueda y todavía tengo fe de que ella pueda aparecer”.
"Yo tengo mucha incertidumbre, el no saber qué pasó, el no saber si ella está o no está. También es un peso muy grande para mí el no poder dejarla ir porque yo no sé si está en vida o no está en vida”, dice y explica qué significa esa carga: "Yo siento esa mochila de que si yo la dejo ir, le estoy fallando".
Si pudiera volver a verla, sabe exactamente qué le diría. "Me gustaría que ella sepa que yo desde el día uno estoy para ella, que nunca le fallé. Siempre leal a sus espaldas y yo creo que ella esperaría eso de mí también: que yo no le fallé y que yo la busqué hasta encontrarla”. Se lo diría en la plaza donde siempre compartían charlas juntas, aquella por la que pasa con frecuencia pero no se queda.
La frase que resume estos dos años llega casi al final de la entrevista. "No puedo dejarla ir porque... ¿y si ella está esperando que yo la encuentre? Sabe que yo soy su amiga y que la voy a buscar hasta lo último". L. habla de insistencia, de lealtad y el amor de amigas.
Antes de despedirse, vuelve al motivo por el que rompió el silencio: “Hay gente que no ha hablado porque tienen miedo, pero el silencio es más doloroso porque uno, sin saber, no sabe por dónde empezar, qué creer, qué pensar”.
Como último pedido, L. indicó que quienes lean la nota o vean el documental, se pongan una mano en el corazón y hagan la siguiente reflexión: “Luciana era una hija, Luciana era una nieta, una persona, no puede desaparecer y que los culpables queden libres como si nada, entonces si alguien tiene alguna información, así sea lo más mínimo, que lo aporten”.
Artículo publicado originalmente en LMNeuquén
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[No somos una hermandad] Una bandera inglesa prendida fuego
15 de julio — Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Inglaterra, Irlanda, Monarquía, Gran Bretaña, #NoSomosUnaHermandad, Constance Markievicz, antifeminismo, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Inglaterra, Irlanda, Monarquía, Gran Bretaña, #NoSomosUnaHermandad, Constance Markievicz, antifeminismo
Casi un día como hoy, hace 115 años, alguien prendía fuego una bandera inglesa. En julio de 1911, el Rey Jorge V había llegado a Dublín, la capital de la República de Irlanda, y pasaría un siglo hasta que otro representante de la monarquía pisara suelo irlandés. Estrictamente hablando, era una bandera británica y no se terminó de quemar del todo, pero casi. La que hizo todo para quemarla fue Constance Markievicz, entonces parte de la organización independentista “Las hijas de Irlanda” (Inghinidhe na hÉireann). Todo incluyó corridas para huir de la policía, arrojarse a la multitud, tirarle parafina a la bandera (que parecía hechizada, escribió Constance) y cortarla en pedacitos para que cada persona se llevara un trofeo a casa. “Querida tierra aún no has sido conquistada”, decía uno de los carteles que había llevado Constance a la protesta contra la visita real.
Contra todo pronóstico, la acción organizada por un puñado de agrupaciones generó revuelo porque le recordó a mucha gente la ambición conquistadora de la corona británica, la humillación que encarnaba la visita. En un texto que recuerda esos días, Constance escribe que “había estado todo tan tranquilo, durante tantos años, que [los unionistas] habían llegado a creer que habían conseguido pacificar Irlanda. Nunca imaginaron que había algo más que una pequeña chispa de las cenizas de una idea muerta”. James Connolly, el socialista irlandés que lideraría el levantamiento de 1916, dijo sobre esa visita que la “realeza ostentosa” y la “aristocracia insolente” exacerbaban los males que sufría el país.
Lo que parecían las “cenizas de una idea muerta” fueron, al contrario, las brasas que mantuvieron viva la ambición de independencia. Lo que más me gusta de esta historia es que una acción que no fue masiva, ni hegemónica siquiera entre quienes soñaban con la independencia, desmintió a los poderosos, a los ostentosos, a los aristócratas insolentes, que pensaban que habían ganado, que habían matado la idea. Ninguna acción por sí sola resuelve la disputa. Pero, si nadie levanta la voz, el silencio no se rompe nunca.
Constance Markievicz murió el 15 de julio de 1927. Dicen que la despidieron treinta mil personas en la misma Dublín donde quemó esa bandera ansiosa por romper el silencio. En el parque más grande de la ciudad, el Saint Stephen's Green, hay un busto que la muestra tranquila pero atenta. Me la imagino así en la cárcel escribiendo el poema “En Kilmainham”: “no puedo dormir y sin embargo sueño”.
Si solo podés pensar en este 15 de julio de 2026 porque el que no salta es un inglés, te recomiendo esta charla con Andrés Burgo un ratito antes del Mundial sobre la película El partido, basada en el libro homónimo de Andrés sobre el partido de Argentina-Inglaterra en México 1986.
Una cuestión de tiempo
El 24 de julio se estrena Diciembre en el Malba. Es un documental de Lucas Gallo sobre cómo se amasó ese diciembre de 2001, que no empezó en diciembre ni en 2001. Lucas reconstruye con material de archivo las protestas, las conferencias de prensa, los cacerolazos, los saqueos, el “que se vayan todos”.
Hay algo muy interesante en la forma en que está contada la historia: empieza en la década de 1990, con las privatizaciones y el crecimiento del desempleo, mucho antes del helicóptero de De la Rúa, esa imagen que tenemos tatuada en la cabeza. Aparecen las movilizaciones, la represión y la respuesta popular, pero también se ven marchas chiquitas, grupitos de gente protestando, cortes de calle, piquetes, acciones que por sí solas no resolvían la disputa; aunque todas fueron decisivas de alguna manera. Y antes de que te des cuenta, las marchas crecen, los grupos son grandes, se cortan las autopistas, los piquetes bloquean rutas enteras. No es que sea una evolución gradual (el único “paso a paso” es el del Racing de Mostaza Merlo que asoma en la pantalla); hay saltos, hay retrocesos. Y, sobre todo, disputas.
Si participaste de alguna manera, vas a encontrarte con momentos e imágenes, como las camisas de los obreros ceramistas de Zanon, para mí uno de los colores primarios de la rebelión de esos años, con una bandera roja cerquita. Diciembre no podría estar más lejos de la nostalgia porque muchos discursos resuenan en el presente pero también porque las disputas, en esencia, son las mismas.
Hablando de tiempo, el último episodio de Bibliografía Obligatoria explora cómo el descanso dejó de ser parte de nuestra vida, desplazado por el trabajo y la eficacia, y quedó relegado a determinados días y horarios. Las vacaciones, el fin de semana y el tiempo libre en una sociedad gobernada por el rendimiento y la hiperproductividad. Acá podés ver los episodios anteriores.
Y hablando de piratas, en La estación del pantano de Yuri Herrera (Periférica, 2022), mientras Benito Juárez y su pandilla de exiliados recorren los pantanos que rodean Nueva Orleans aparece la pregunta de si los piratas que fundaron Barataria habrían leído El Quijote. “—¿Cómo es posible? ¿Bautizaron una parte del pantano como la península que Sancho fue a gobernar en el Quijote? —Eso parece. —Pero ¿quién? ¿Los piratas?”. Entonces, “¿Jean Lafitte había leído el Quijote?”, se preguntan. Lafitte fue un pirata real del siglo XIX que había establecido su reino de Barataria cerca de Nueva Orleans y organizaba ahí el comercio de las mercancías de contrabando. Me gusta la versión del Benito Juárez de la novela, esa donde algún pirata conocía la historia. Charlamos sobre esta novela y otra aventura absurda (La trompetilla acústica de Leonora Carrington) en Fuera del algoritmo.
Obsesiones en curso (a falta de mejor título)
Siempre hay cosas que quedan afuera porque todavía no encuentran un lugar. Pero me gustan y me interesan (si alguna vez les suena algo de lo que leen acá, sí, es porque lo leí, lo escuché o lo miré en alguno de estos lugares):
· Interfaz artesanal. Es un substack de Danila Suárez Tomé y su interfaz artesanal propone “transmitir un modo de ver el mundo que precisa de todo aquello que el feed castiga”. Me recordó a la idea de los jardines digitales para escapar del scroll infinito y la tiranía algorítmica.
· La maldición de Widow's Bay. Es una serie sobre el alcalde de una isla de Nueva Inglaterra (Estados Unidos) que hace lo imposible para transformar su pequeña comunidad en un destino atractivo para el turismo pero las leyendas locales sobre una vieja maldición empiezan a volverse realidad. Mi top 3: el mito fundacional de la isla, la fiesta de Patricia y Matthew Rhys. Gentrificación, monstruos y ritos.
· Estas muñecas para la soledad. Da vueltas la noticia de que en Corea del Sur se utilizan dispositivos con inteligencia artificial para mitigar la soledad en personas mayores. Actualmente, el 36,1 % de los hogares coreanos son unipersonales y estiman que para 2050 superarán el 40 %. ¿No es rarísimo que sea más fácil pensar en un producto que solucione la soledad que en una forma más comunitaria de la vida? Sé que no es raro en el capitalismo contemporáneo, pero la pregunta me sigue interesando igual. Además, imposible no pensar en Kentukis de Samanta Schweblin.
Parroquiales. El viernes 17/7 a las 18:30 presentamos Agrupémonos todes. Una breve historia de diversidad sexual y lucha de clases (Ediciones IPS), un libro de Jorge Remacha sobre historias que están mucho más entrelazadas de lo que parece. Vengan a Guardia Vieja 3540 (Casa Cultural Socialista Almagro), vamos a hablar de historia, política y todo lo demás también.
Los sábados a las 12 podés ver y escuchar El Círculo Rojo en Radio con Vos. En este link podés conocer, sumarte a nuestra comunidad y ser parte de la forma que quieras y puedas (a cambio, además de sostener y mejorar el programa, tenemos regalos, descuentos y beneficios en una red cada vez más grande). Si querés contarme algo, escribime respondiendo este correo, y acá podés leer las entregas anteriores.
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