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¿Por qué el odio al feminismo sirve a la reforma laboral de Milei?
15 de enero — Géneros y Sexualidades, Neuquén, Reforma laboral, Javier Milei, Neuquén , #Feminismo, Feminismos, batalla cultural, Géneros y Sexualidades, Neuquén, Reforma laboral, Javier Milei, Neuquén , #Feminismo, Feminismos, batalla cultural
La reforma de Milei revela por qué los discursos contra el feminismo no son solo "guerra cultural": necesitan reproducir la fuerza de trabajo cada vez más barata.
¿Tienen algo que ver los discursos de odio contra el feminismo y el proyecto de ley de reforma laboral? Esta fue la pregunta que nos hicimos en una clase de historia, cuando aún no se conocía la letra del proyecto “modernizador”.
En esa oportunidad, miramos la coyuntura argentina con los “anteojos” de la historiadora Joan W. Scott. Desde su perspectiva, el género no es un reemplazo de la palabra mujer, sino un elemento clave para comprender las relaciones sociales —institucionales, laborales— y, sobre todo, un campo donde se construye y consolida el poder.
Scott señala que “los cambios en las relaciones de género pueden ser impulsados por consideraciones de necesidades de Estado”¹. Da como ejemplo la derogación del divorcio heredado de la Revolución Francesa, cuando uno de los argumentos sostenía que, para mantener al Estado fuera del alcance de las manos del pueblo, era necesario mantener a la familia fuera del alcance de las manos de esposas y niños.
Pareciera que León Trotsky también hubiera mirado con los anteojos de Scott —¿o es al revés?— cuando, en el auge del llamado Termidor soviético bajo Stalin, escribió:
- “El motivo más imperioso del culto actual de la familia es, sin duda alguna, la necesidad que tiene la burocracia de una jerarquía estable de las relaciones sociales, y de una juventud disciplinada por cuarenta millones de hogares que sirven de apoyo a la autoridad y el poder.”²
El poder político, para legitimarse, suele apoyarse en una referencia segura y estable, presentada como parte del orden natural o incluso divino. Y atención: esto no sirve solo para analizar regímenes autoritarios o de derecha. Scott advierte que también es útil para comprender a quienes se reivindican defensores del Estado de bienestar, donde el paternalismo aparece como una forma específica de poder. Podemos verlo, por ejemplo, en el kirchnerismo, con procesos de estatización y, al mismo tiempo, de pasivación del feminismo. A la vez, la autora señala que en los imaginarios socialistas o anarquistas las identidades de género aparecen completamente transformadas.
En la clase dimos entonces otra vuelta a la pregunta: ¿de qué hablan las nuevas derechas cuando dicen que las mujeres debemos volver a nuestro rol tradicional?
¿Se refieren a las cazadoras encontradas en los Andes, a la guerrera vikinga, a las amazonas? ¿O acaso a las campesinas de la Edad Media, que compartían las tareas productivas y domésticas con sus familias y participaban de la vida comunitaria? La apelación al ‘rol tradicional' no busca describir el pasado, sino disciplinar el presente.
La clase quedó inconclusa, aunque alcanzamos a vislumbrar algo: la mayor sujeción de la clase trabajadora parece servirse de la necesidad de una mujer más sumisa. Me pregunto si mis estudiantes seguirán mirando nuestra realidad con esos anteojos.
Cuando terminaron las clases, leí la nota de Andrea D'Atri, “La clase trabajadora es cuestión de feminismos”, y el círculo terminó de cerrarse, o al menos de responder aquella pregunta inicial:
- “¿Por qué quieren que odiemos al feminismo? Precisamente porque, en esta crisis descomunal en la que quieren hundir a todo el pueblo trabajador […], necesitan que la reproducción social de la fuerza de trabajo sea cada vez más barata. […] Que el Estado invierta cada vez menos para el sostenimiento de la vida —¡cero pesos si es posible!— y que el capitalista se asegure que, aunque pague salarios cada vez más bajos, siempre va a tener trabajadores y trabajadoras para seguir explotando.”³
Hoy, con la letra del proyecto de ley de “modernización” laboral sobre la mesa, sabemos que acentúa aquello que sospechábamos. A la motosierra —el fin del programa Menstruar, los recortes en prevención de violencias, en salud sexual y reproductiva y en educación sexual— se suma que los escasos beneficios sociales, como servicios de comedor o guarderías/salas maternales, pasan a ser voluntarios por parte del empleador.
La reforma laboral también busca obstaculizar el acceso a la justicia por parte del trabajador, tratándolo, en los hechos, como un ciudadano de segunda. Esa condición ha sido denunciada históricamente para las mujeres: la de ciudadanas de segunda. A su vez, se intensifica el control del tiempo y del cuerpo: vacaciones fraccionadas, banco de horas, limitaciones a la organización colectiva, a las asambleas, a los paros.
¿Qué diría Scott frente a este avance del control y la sujeción? ¿Tiene o no tiene que ver el género con la política?
Estamos llamadas y llamados a luchar contra la reforma laboral, aunque a algunos les moleste que el feminismo se pase muchos pueblos.
¹ Scott, J. W. (2008). Género e historia. Fondo de Cultura Económica. p. 70.
² Trotsky, L. (2014). La revolución traicionada y otros escritos. Ediciones IPS; Instituto del Derecho de Asilo Museo Casa de León Trotsky. p. 141.
³ D'Atri, A. (2025). La clase trabajadora es asunto de los feminismos. La Izquierda Diario. https://www.laizquierdadiario.com/La-clase-trabajadora-es-asunto-de-los-feminismos -
Julio Iglesias bajo la lupa
14 de enero, por Abuso sexual — Géneros y Sexualidades, Edición Estado Español, Multimillonarios, Feminismo, Impunidad, Trabajadoras y trabajadores de la salud, Trabajadoras de casas particulares, Abusos sexuales, Heteropatriarcado, Patriarcado, Edición Uruguay, Géneros y Sexualidades, Edición Estado Español, Multimillonarios, Feminismo, Impunidad, Trabajadoras y trabajadores de la salud, Trabajadoras de casas particulares, Abusos sexuales, Heteropatriarcado, Patriarcado, Edición Uruguay
Las declaraciones de dos trabajadoras que se desempeñaron para Julio Iglesias en 2021 denuncian ataques sexuales ocurridos en un contexto de encierro, aislamiento y control total del entorno. Sus testimonios no solo señalan agresiones concretas, sino que describen un esquema de captación, dependencia y sometimiento que presenta rasgos propios de una red de explotación con características de trata, donde el poder económico, la fama y el aislamiento geográfico funcionaron como garantías de impunidad para ejercer violencia sexual sobre mujeres trabajadoras.
A raíz de estas denuncias (que todo indica no serían hechos aislados y que podrían involucrar a más mujeres) medios y redes sociales comenzaron a llenarse de relatos, testimonios y registros que exponen la prepotencia sistemática de Julio Iglesias hacia muchas otras mujeres. Historias que durante años circularon en silencio o fueron naturalizadas al calor de la fama reaparecieron para mostrar un patrón de abuso de poder, destratos y violencias machistas sostenidas por la impunidad que rodeó durante años al cantante.
Las denuncias públicas realizadas por estas dos mujeres no pueden leerse como un escándalo tardío ni como un episodio aislado de la vida privada de una “celebridad”. Se trata de testimonios de trabajadoras que describen condiciones de encierro, control y violencia en el marco de una relación laboral profundamente desigual, y que obligan a mirar de frente una estructura histórica: la de los varones ”ricos y famosos” protegidos por un sistema que naturaliza la explotación y silencia a quienes están abajo.
Según sus testimonios, ambas mujeres (una trabajadora de casas particulares y una profesional de la salud que realizaba tareas de cuidado) vivieron y trabajaron en residencias del cantante bajo un régimen de aislamiento. Tenían restricciones para salir, amparadas en el contexto de la cuarentena por COVID, control sobre sus comunicaciones y jornadas laborales extenuantes, sin autonomía real ni posibilidad de decidir sobre su tiempo ni sobre su propio cuerpo. En ese marco, denunciaron situaciones de abuso sexual, humillaciones y prácticas coercitivas que solo pudieron sostenerse por la relación de dependencia económica y el encierro al que estaban sometidas.
Abuso, silencio y poder de clase
Las denunciantes relataron que el encierro y el control funcionaron como el marco en el que se produjeron situaciones de abuso sexual y violencia. No se trata solo de hechos individuales (que están siendo investigados) sino de una lógica estructural: el uso del poder económico y jerárquico para imponer prácticas no consentidas, sabiendo que la otra parte carece de recursos materiales y simbólicos para defenderse sin pagar un costo altísimo, y cuando decir NO es prácticamente imposible.
Que estas denuncias hayan salido a la luz años después no las debilita. Por el contrario, expone el mecanismo clásico del silencio impuesto a las trabajadoras. Denunciar a un patrón o patrona no implica solo hablar: implica arriesgar el sustento, la estabilidad emocional, la credibilidad pública y, muchas veces, la propia seguridad.
El mito del artista y la impunidad patriarcal
Durante décadas, la figura de Julio Iglesias fue construida como la del “latin lover”, un símbolo de éxito masculino impulsado por la “industria cultural”. Esa narrativa no es inocente. Funciona como un blindaje simbólico que separa al “artista” de sus prácticas concretas y convierte la desigualdad en seducción, el abuso de poder en carisma y la explotación en parte del show.
Trabajo sin derechos en el corazón del lujo
El trabajo doméstico, de cuidado y de servicios personales en ámbitos privados es uno de los sectores más precarizados y desprotegidos, donde la frontera entre empleo y servidumbre se vuelve difusa. Cuando el lugar de trabajo es también el lugar donde se vive, y cuando el empleador concentra dinero y control absoluto del entorno, las posibilidades de decir “no” se reducen al mínimo.
El lujo, en estos casos, no es un detalle estético: es una condición material de dominación. Mansiones, seguridad privada, aislamiento geográfico y dependencia total del salario funcionan como dispositivos que refuerzan el sometimiento. No hay contrato que equilibre una relación así cuando la trabajadora está sola, lejos de sus familiares y amigxs y sin acceso real a mecanismos de protección.
La “explotación dorada”, según Alizée Delpierre
Las conclusiones de la socióloga Alizée Delpierre, a partir de su investigación encubierta como trabajadora en hogares de grandes multimillonarios, ayudan a comprender este tipo de relaciones laborales extremas. En Servir a los ricos, Delpierre define lo que denomina “explotación dorada”: un sistema en el que el trabajo doméstico es compensado con salarios elevados o beneficios materiales, pero a costa de una disponibilidad permanente, sin autonomía real ni fronteras claras entre el tiempo de trabajo y la vida personal.
Lejos de constituir un privilegio, esta aparente cercanía con el poder encierra a las y los trabajadores en dinámicas de dominación que reproducen jerarquías profundas de clase y género, y crean un terreno fértil para la naturalización de abusos y presiones laborales. Delpierre también señala cómo la retórica de la “familia” (la idea de que las trabajadoras son “parte de la casa”) funciona como un mecanismo para encubrir relaciones profundamente desiguales, atravesadas además por estereotipos de género, raza y clase.
Por lo tanto, el centro del problema es la estructura que permite que las trabajadoras queden encerradas (literal y simbólicamente) bajo el poder absoluto de sus empleadores. Un sistema que privatiza el trabajo de cuidados, desregula los vínculos laborales y protege a los ricos, incluso cuando las denuncias se acumulan.
No eran invitadas: eran trabajadoras
El dato central de estas denuncias no es el nombre propio del denunciado, sino la condición material en la que se encontraban las mujeres. No eran invitadas ni parejas: eran trabajadoras. Su vida cotidiana (horarios, circulación, descanso y comunicación) estaba organizada en función de un empleo que se desarrollaba en espacios privados, de lujo y aislados, donde el control patronal se extendía más allá de la jornada laboral.
Organizarse para romper el aislamientoy
Las trabajadoras de casas particulares y de cuidados no van a conquistar derechos laborales de manera aislada ni por la “buena voluntad” de los empleadores, sino a través de la organización colectiva junto al conjunto de las y los trabajadores, capaz de romper el aislamiento, conquistar condiciones laborales dignas y poner límites reales a las patronales.
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18 meses sin Luciana y sin respuestas: "No vamos a bajar los brazos”
13 de enero, por Neuquén — Géneros y Sexualidades, Neuquén, Desaparición forzada, Desaparición, Trata de personas, Géneros y Sexualidades, Neuquén, Desaparición forzada, Desaparición, Trata de personas
A un año y medio de la desaparición de Luciana Muñoz, Mirta, la abuela, Lila, la mamá, y las organizaciones que las acompañan, no olvidan, no se resignan, siguen exigiendo que se destinen todos lo recursos necesario para encontrarla.
Hace 18 meses que no estamos todas: falta Luciana Muñoz Aguerre. La joven neuquina de 21 años salió de la casa de su abuela el 13 de julio de 2024 en el barrio Gran Neuquén Norte y nunca más volvió.
El dolor, la angustia y la bronca siguen tan vivos como el primer día. Sin embargo, nadie se rinde. La abuela, la mamá, sus docentes, amigas, compañeras y todas las organizaciones que acompañan la lucha siguen exigiendo respuestas.
Como todos los 13 de julio desde hace 18 meses, la Asamblea por la aparición de Luciana Muñoz se moviliza para exigir avances en la búsqueda y mantener vivo el reclamo. Este mes, la convocatoria será a las 19 horas en la esquina de la Rodhe y 1 de enero del oeste neuquino, último lugar donde vieron a Luciana.
“No dejamos de panfletear ni de hacer cosas. Y lo vamos a seguir haciendo hasta que aparezca Luciana o tengamos alguna novedad. No vamos a bajar los brazos”, dice Mirta Muñoz, la abuela.
La abuela y la mamá de Luciana pelearon por nacionalizar la búsqueda de Luciana desde el primer día porque nunca creyeron en la hipótesis de homicidio. “Yo, como abuela, anduve siempre buscando que el caso se nacionalice. No creemos que Luciana esté muerta, porque eso es lo que siempre nos dijeron desde la provincia y desde la justicia provincial. Por eso insistimos tanto en que se nacionalice, para poder buscarla de distintas maneras”, sostuvo Mirta.
La investigación sigue sin pruebas contundentes y la familia está segura que Luciana esté viva, una hipótesis que nunca fue descartada por quienes la buscan y que sigue siendo el motor de la lucha.
“Si realmente Luciana hubiera sido enterrada, asesinada o desaparecida, no creemos que exista un crimen tan perfecto como para que no quede ni una sola pista de ella. Por eso, desde el primer momento insistimos en que la búsqueda tenía que hacerse en todo el país e incluso más allá de las fronteras”, afirma la abuela.
Críticas a la investigación y al accionar judicial
Mirta Muñoz cuestionó el accionar de la Justicia y habló de impunidad y desgaste. “Se le dieron demasiadas oportunidades a la gente que tenía que investigar. Hubo mucha impunidad. Para nosotros todo esto fue un desgaste físico y mental muy doloroso”, señaló.
También denunció la falta de difusión del caso fuera de Neuquén y reclamó que la búsqueda sea nacional e incluso internacional. “Ya tendrían que estar largando panfletos con la cara de Luciana en las fronteras. Eso es lo que pedimos”, remarcó.
El juez de Garantías Lucas Yancarelli resolvió declarar la incompetencia de la Justicia provincial y remitir la causa al fuero federal. La decisión se tomó tras un pedido de la familia materna de Luciana, con el aval del Ministerio Público Fiscal de Neuquén.
El magistrado consideró que existen elementos suficientes para que el caso sea investigado como un presunto delito de trata de personas y concluyó que el ámbito federal permitirá evitar investigaciones paralelas, ampliar las medidas y proteger la integridad de la presunta víctima.Sin embargo, la familia denuncia que, tras ese paso, volvió el silencio. “Nos dijeron que nos iban a llamar uno por uno para volver a testificar en la Justicia Federal, pero no nos llamaron más. Ahora hay mucho silencio y ninguna novedad clara”, denunció la abuela de Luciana.
Cada día 13, en el centro de Neuquén o en el oeste neuquino, el nombre de Luciana vuelve a decirse en voz alta. Se imprime en volantes, se sostiene en pancartas, se grita, se exige frente al silencio del Estado. Mientras la causa cambia de fuero y las respuestas no llegan, para la familia, amigas y compañeras de Luciana el olvido y la resignación no es una salida.
Buscar a Luciana no es solo una pelea por ella: es por todas las que desaparecen, que son víctimas de las redes de trata, que son asesinadas por el solo hecho de ser mujer. Es contra la impunidad y la responsabilidad del Estado y sus instituciones, es para exigir que se destinen todos los recursos necesarios para esta situación de emergencia que atraviesan las mujeres en la provincia de Vaca Muerta.
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“Modern Love”: David Bowie, política y disidencia a diez años de su muerte
12 de enero, por Arte, política y disidencia en la cultura pop — Géneros y Sexualidades, Cultura, Margaret Thatcher, LGTBI, David Bowie, Edición Uruguay, Ronald Reagan, Cultura pop, Géneros y Sexualidades, Cultura, Margaret Thatcher, LGTBI, David Bowie, Edición Uruguay, Ronald Reagan, Cultura pop
A diez años de su muerte, David Bowie sigue siendo una figura incómoda para lo conservador. Su obra y sus declaraciones públicas desafiaron el racismo, la moral sexual dominante y la censura de la industria cultural, demostrando que el pop también puede ser un espacio disruptivo.
David Bowie y la disidencia sexual en el pop
Mucho antes de que la diversidad fuera absorbida por el marketing, David Bowie ya había puesto en crisis la masculinidad hegemónica y la heterosexualidad obligatoria. En los años 70 se declaró bisexual públicamente, cuando hacerlo implicaba exposición, estigmatización y riesgo. No fue una estrategia de provocación vacía, sino una forma concreta de romper el molde en una cultura profundamente conservadora.
Bowie entendió que el cuerpo también es político. Su estética, su manera de habitar el escenario y su rechazo a los mandatos de género abrieron una grieta en la cultura pop que permitió imaginar otras formas de existir.
Contra el racismo y la censura en la industria cultural
En 1983, Bowie interpeló en vivo a MTV por su negativa a pasar videos de artistas negros. La escena se convirtió en un documento histórico sobre el racismo estructural en la industria musical estadounidense. Bowie dejó en evidencia que el mercado no es neutral y que la exclusión racial forma parte de su lógica de funcionamiento.
Esa denuncia pública, en plena era Reagan, mostró a un artista dispuesto a incomodar incluso dentro de los límites del mainstream.
Conservadurismo, Thatcher y control social
Aunque nunca se asumió como un militante orgánico, Bowie fue crítico del clima político impuesto por Margaret Thatcher en el Reino Unido. Señaló el miedo, el desempleo y la falta de horizonte para los jóvenes como marcas de una sociedad golpeada por el avance neoliberal. En ese contexto, su obra funcionó como un espacio de resistencia simbólica frente al disciplinamiento social.
Arte, política y conflicto
Bowie no fue un artista sin contradicciones. Pero nunca buscó ser cómodo ni neutral. “Nunca me interesó encajar”, dijo alguna vez, y esa negativa persistente a la normalización es una de las claves de su potencia política. En una industria que tiende a neutralizar toda diferencia, Bowie asumió el conflicto como parte del acto creativo.
Te puede interesar: Diez años sin David Bowie: ya nada es igual sin él y todo sigue como siempre
Diez años después de su muerte, David Bowie sigue incomodando porque su legado desafía la idea de un arte despolitizado. En tiempos de avance de la derecha y de mercantilización de la disidencia, volver a Bowie no es un gesto nostálgico. “El futuro pertenece a quienes pueden oírlo venir”, dijo. Escucharlo hoy es, también, una forma de resistir.



