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"Ganamos otra vez": el mensaje de Thelma Fardin tras la condena a Darthés
6 de mayo, por Fallo histórico — Géneros y Sexualidades, Brasil, Columnistas Vertical , #NiUnaMenos, Juan Darthés , Thelma Fardin, Actrices Argentinas, #MovimientodeMujeres, Feminismos, Géneros y Sexualidades, Brasil, Columnistas Vertical , #NiUnaMenos, Juan Darthés , Thelma Fardin, Actrices Argentinas, #MovimientodeMujeres, Feminismos
Tras ocho años de lucha, la justicia de Brasil ratificó la sentencia contra el actor por el abuso ocurrido en 2009. En un emotivo video, la actriz celebró el fin de la impunidad y destacó el valor de la pelea colectiva que nació junto a Actrices Argentinas.
Hay procesos que demoran mucho tiempo y se sienten en el cuerpo. Para Thelma Fardin, ese reloj se detuvo finalmente ayer, 5 de mayo, cuando la Justicia de Brasil rechazó los últimos recursos de la defensa de Juan Darthés y dejó firme su condena a seis años de prisión por abuso sexual.
A ocho años de aquella conferencia de prensa, donde desde el colectivo de Actrices Argentinas la acompañaron en la denuncia, ella eligió la cercanía de sus redes para hablarle a quienes la acompañaron.
Con un video cargado de emoción, la actriz sentenció: "Ganamos otra vez. Con todo mi corazón quiero agradecerle a cada persona que me apoyó en este proceso. Nos fuimos curando entre todas", visiblemente conmovida.
En el video se ven momentos claves de la lucha, rescatando también las denuncias de sus colegas Calu Rivero, Anita Co y Natalia Juncos, quienes fueron las primeras en señalar el comportamiento del actor. Para Thelma, el fallo es una victoria compartida que trasciende su caso particular.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Un fallo histórico
La justicia brasileña ratificó que los hechos ocurridos en 2009 durante la gira de Patito Feo en Nicaragua están probados. Darthés deberá cumplir su pena en un régimen semiabierto, que según el código penal brasileño, implica pernocte obligatorio en una unidad penitenciaria o centro de reinserción y salidas laborales, ya que el condenado tiene derecho a trabajar o estudiar fuera del penal durante el día, siempre que regrese a la hora estipulada.
El caso de Thelma Fardin abrió un debate impostergable sobre el machismo y la violencia sexual en el ámbito laboral. Su denuncia mostró las relaciones de poder asimétricas que, bajo el amparo de la industria del espectáculo, naturalizaban el abuso como parte de las reglas del juego.
La valentía de Thelma, sostenida por la fuerza del amplio movimiento de mujeres, que en Argentina comenzó en el 2015 con el NI UNA MENOS, logró convertir este caso en una lucha de miles de mujeres.
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[No somos una hermandad] Contra la desesperanza
6 de mayo, por Ideas de Izquierda — Géneros y Sexualidades, Edición Costa Rica , Géneros y Sexualidades, Edición Costa Rica
¿Para qué nos entrenan las distopías? ¿Por qué tanta gente espera que el mundo solo empeore? Utopías, distopías, las ideas y las luchas por mundos mejores.
Imaginar el futuro se volvió bastante difícil en los últimos años (o en las últimas décadas); parece que las batallas culturales se concentran en el pasado y el presente. Es una ventaja con la que cuentan hoy las clases dominantes. En esa imposibilidad —o en la certeza de que todo lo que viene será peor— se sostiene una parte del statu quo: no hagan olas, elijan la opción moderada, no provoquen a los poderosos, todo puede ser peor. La miseria del presente solo promete profundizarse: una democracia todavía más restringida, trabajar todavía más con menos derechos, un planeta todavía más destruido. ¿Por qué solo esperamos una catástrofe?
“La forma en que imaginamos el futuro está fuertemente condicionada por los productos culturales que consumimos… La oleada distópica lo ha inundado todo, sin apenas excepciones”, esto lo escribe Layla Martínez en Utopía no es una isla. Catálogos de mundos mejores (Madreselva). En el libro recorre diferentes utopías que motorizaron luchas y movimientos. Algo que tienen en común muchas de ellas es la igualdad; no importa si son más o menos religiosas, feministas, socialistas o identitarias: la idea de vivir en igualdad estuvo (y creo que sigue estando) en el corazón y la cabeza de esos mundos mejores.
Las producciones culturales no estuvieron siempre dominadas por la distopía. Utopía no es una isla rescata a varias autoras de mundos utópicos, el mejor lugar para “imaginar sociedades donde los roles de género habían sido subvertidos o directamente abolidos”. Entre ellos está Unveiling a Parallel: a Romance (algo así como “Descubriendo un paralelo: un romance”), un libro publicado bajo el seudónimo “Dos mujeres del Oeste” (Alice Ilgenfritz Jones y Ella Merchant). El protagonista viaja a Marte en un aeroplano y descubre dos sociedades: Paleveria, donde los roles están invertidos y las mujeres son dominantes (ahí las autoras trafican una sátira del patriarcado), y Caskia, donde las personas viven en igualdad, la utopía perfecta de las feministas que perseguían la igualdad en la Tierra todos los días. La ciencia ficción feminista de la primera ola no fue el único lugar donde se colaron las críticas a las sociedades patriarcales, los relatos de fantasmas también fueron herramienta de escritoras feministas, sufragistas y otras activistas por la igualdad, como Amelia B. Edwards, Vernon Lee y otras que podés leer en Damas oscuras (Impedimenta).
El catálogo no elude las discusiones que siempre habitaron las utopías, incluso la idea misma de lo utópico. Me gusta la aparición de Karl Marx y Friedrich Engels en el recorrido, dando un golpe en la mesa al proponer que esos mundos mejores no se limiten a sueños de difícil realización cuando el mundo entero podría ser un paraíso. “La aparición del marxismo supone un cambio fundamental en la historia de la búsqueda de una sociedad ideal y en la concepción del futuro”, escribe la autora, y subraya la indefinición de ese futuro comunista. A favor de la indefinición por lo que explican Marx y Engels —que el comunismo es un movimiento real, no algo que se fije para siempre sino que se construye de forma permanente—, pero también por conclusiones que se desprenden de algunas de las experiencias que reúne el libro, que justamente encontraron un talón de Aquiles en la definición excesiva de cómo debía ser la vida ideal.
Más allá de lo que pienses de cada una de las utopías, la lectura de las ideas y los proyectos de futuros muy distintos (todos mejores) me parece sugerente y estimulante cuando parece (subrayo parece) que vivimos en el sueño de Margaret Thatcher: no hay alternativa, no existe la sociedad, solo individuos. Hoy, cuando ya pasaron varias décadas de los años de euforia, del fin de la historia, es cierto que el neoliberalismo colonizó muchísimos ámbitos de nuestra vida, pero “también es cierto que las grietas están por todas partes”. Layla se mete además con algo que colabora constantemente con el bloqueo del futuro y parece más inofensivo; ella lo llama “nostalgia viscosa”, en la que “el futuro se presenta invariablemente como peor que el presente”.
La renuncia a imaginar un mundo mejor aumenta la tolerancia con la promesa miserable de las democracias capitalistas y fortalece en el presente las opciones políticas “menos peores”, que aceptan demasiadas concesiones en nombre de evitar males todavía más grandes. Al contrario, la invitación y la incitación a imaginar otro futuro que no sea la catástrofe inevitable me parecen subversivas en el mejor de los sentidos. Una de las ideas que más me gustan es que “la desesperanza es pura propaganda”, porque les habla a los cínicos y los agoreros de la derrota permanente, pero también —y sobre todo— nos habla a nosotras, las personas que insistimos en imaginar un futuro alternativo.
El futuro emplumado. Layla Martínez escribe que el mundo que ella imagina “es un mundo de vínculos fuertes, entre nosotros y con otras especies, de redes de parentesco que desborden la familia biológica, de una solidaridad multiespecie que permita entendernos como parte de un equilibrio delicado pero hermoso”. Una de mis utopías favoritas también viene de la literatura, de Las aventuras de la China Iron (Penguin) de Gabriela Cabezón Cámara, en las islas donde nadie trabaja más que lo necesario; donde convivimos con los animales, las plantas y el río; donde el tiempo es nuestro, para “hacer muñecos o dioses con juncos trenzados, de contar y cantar historias de amor y de guerra y de remo”, y Fierro puede ser Fierro y Kurusu, él y ella o lo que quiera. Y, como Marx y Engels, no quiero que sean pequeños sueños de difícil realización, quiero que el mundo entero sea un paraíso. Moderarse no es una opción, “moderada nunca”, dijo Myriam Bregman en el acto del 1 de Mayo, me parece adecuado hablando de pensar mundos mejores. ¿No lo viste o solo te cruzaste con recortes en algún canal o stream? Acá podés mirarlo completo.
Revanchismo. Entre las batallas urgentes de hoy, se espera el tratamiento en el Senado del proyecto de Carolina Losada (Juntos por el Cambio) contra las mujeres, personas LGBT, niñas, niños y adolescentes. Disfrazado de preocupación por las “falsas denuncias” (sin cifras que lo respalden), el proyecto no es otra cosa que revanchismo con un objetivo claro: silencio, impunidad y disciplinamiento. Aunque cuenta con dictamen favorable de la comisión de Justicia y Asuntos Penales de la cámara alta, se acumulan las dudas de los aliados y el rechazo de referentes y militantes de su propio partido. Pero estos obstáculos tardíos y ocasionales no alcanzan; la única garantía de que no avancen los reaccionarios es rechazarlo sin peros y oponer nuestra movilización. No estamos exagerando. Organizadas y en la calle siempre.
Bibliografía obligatoria. Delgadez extrema, mandatos de belleza y roles de género tradicionales. ¿Por qué parece que los cuerpos de las mujeres vuelven a ser disciplinados como si nada hubiera pasado? ¿Por qué sigue vigente el mandato de la belleza? De eso se trata la nueva entrega de Bibliografía obligatoria. Si ya la viste, contame qué te pareció (y también si creés que hay un tema obligatorio).
(La imagen que ilustra este artículo pertenece a Henry Daubrez –Sín título–.)
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[Bibliografía Obligatoria] Antifeminismo y estéticas conservadoras
30 de abril, por Ideas de Izquierda — Géneros y Sexualidades, Feminismo, #Feminismo, antifeminismo, Géneros y Sexualidades, Feminismo, #Feminismo, antifeminismo
Delgadez extrema, mandatos de belleza y roles de género tradicionales. ¿Por qué parece que los cuerpos de las mujeres vuelven a ser disciplinados como si nada hubiera pasado? ¿Por qué sigue vigente el mandato de la belleza? La historia no empieza cuando llegamos, sobre todo los temas hay bibliografía obligatoria para conocerla.
Bibliografía Obligatoria es una columna de @cel_murillo para La Izquierda Diario.
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Un ataque a los derechos conquistados y a la perspectiva de género
29 de abril, por Falsas denuncias — Géneros y Sexualidades, La Plata, Berisso y Ensenada, Provincia de Buenos Aires, Opinión, Impunidad, Proyecto de ley, Violencia de género, Infancias, Negacionismo , Falsas denuncias, Géneros y Sexualidades, La Plata, Berisso y Ensenada, Provincia de Buenos Aires, Opinión, Impunidad, Proyecto de ley, Violencia de género, Infancias, Negacionismo , Falsas denuncias
La semana pasada, el proyecto de “falsas denuncias” impulsado por la senadora radical Carolina Losada obtuvo dictamen favorable en el Senado y podría tratarse en el recinto en los próximos días. Aunque lo presentan como una herramienta para “proteger” a personas injustamente acusadas, en los hechos configura un mecanismo de disciplinamiento que puede desalentar denuncias legítimas y cuestionar a testigos y/o peritos.
El proyecto de ley presenta un claro sesgo persecutorio y punitivo que genera preocupación en distintos sectores sociales, jurídicos y profesionales. Sobre todo por que apunta directamente sobre causas de violencia de género, abuso sexual e infancias vulneradas, donde denunciar ya implica enormes obstáculos, riesgos y procesos de revictimización.
OPERACIÓN FALSA.
El proyecto de “falsas denuncias” de la senadora Carolina Losada que propone penalizar a quienes denunciaran “falsamente” por haber sido víctimas o testigos de violencia sexual —y de género en general— con penas de 3 a 6 años de prisión, que se aprobó en…
— Myriam Bregman (@myriambregman) April 22, 2026
<script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>Uno de los principales cuestionamientos es que la falsa denuncia ya se encuentra contemplada en el Código Penal argentino (art. 245), por lo que el agravamiento específico de penas en casos vinculados a violencia de género, delitos sexuales o situaciones que involucren a niños, niñas y adolescentes no parece responder a una necesidad jurídica real, sino a una construcción política e ideológica.
El proyecto sobredimensiona un fenómeno estadísticamente excepcional, mientras invisibiliza un problema estructural mucho más grave: la subdenuncia, la falta de acceso a la justicia y la impunidad en casos de violencia y abuso. Solo 1 de cada 4 mujeres denuncia violencia de género, y en casos de violencia sexual, la cifra desciende al 10%.
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Los datos muestran que las denuncias falsas son mínimas (0,25% de las condenas penales) y la mayoría no están vinculadas a violencia de género.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Desde esta perspectiva, la iniciativa no solo castiga eventuales denuncias maliciosas —algo ya previsto en la ley— sino que instala una lógica de sospecha sobre quienes denuncian. En delitos donde la prueba suele ser compleja y donde predominan dinámicas de silenciamiento, revictimización y asimetría de poder, endurecer penas por denuncias consideradas “falsas” puede tener un efecto amedrentador: menos víctimas se animarán a denunciar, menos testigos querrán declarar y más personas optarán por callar ante el temor de enfrentar represalias judiciales, aumentando la impunidad.
Revancha contra los derechos conquistados y la perspectiva de género
Una de las principales críticas de organizaciones feministas,de DD.HH. y colegios de profesionales de la salud, es que no solo apunta a denunciantes y testigos, sino que puede generar un efecto intimidatorio sobre peritos. En especial psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y profesionales que intervienen en causas de abuso sexual, violencia de género o niñez, que ya vienen teniendo ataques mediante reacciones negativas (Backlash) contra profesionales que actuaron en diversas causas con perspectiva de género o sensibilidad ante los casos que se les presentaron.
Los grupos más mencionados como blanco de esos ataques son:
– Psicólogos y psiquiatras forenses que intervienen en causas de abuso sexual infantil o violencia de género, especialmente cuando sus pericias validan relatos de niñas, niños o mujeres. En discursos públicos se los acusa de “sesgo ideológico”, de aplicar “perspectiva de género” sin objetividad o incluso de “fabricar” causas.
– Trabajadoras sociales y equipos interdisciplinarios de juzgados de familia o niñez, cuando sus informes respaldan medidas de protección o restricciones de contacto. Organizaciones denuncian que el proyecto busca “disciplinar” a quienes “sostienen y avalan la prueba”.
– Profesionales que acompañan a “madres protectoras”, es decir, psicólogas, abogadas y peritos que intervienen cuando una madre denuncia abuso o violencia contra sus hijos. La Fundación Al Fin Justicia los menciona expresamente entre quienes podrían ser afectados.
Bajo esa normativa con mayor impronta punitiva, estos profesionales podrían ver condicionada su actuación por miedo a ser denunciados por “falso testimonio”, “encubrimiento” o participación en una supuesta “falsa denuncia”. Esto no solo afecta su libertad técnica y ética, sino que debilita las redes de prevención y protección.
En este sentido, el carácter persecutorio del proyecto no se limita a las víctimas o denunciantes, sino que se expande sobre todo el entramado institucional y profesional que interviene en la detección, acompañamiento y judicialización de situaciones de violencia. Se construye así un mensaje político peligroso: denunciar puede costar caro; acompañar, también.
Si avanzan contra los derechos, hay que defenderlos en las calles
El proyecto en cuestión viene de hace años, y estuvo acompañado por backlash dirigido a colectivos profesionales específicos, y algunos casos mediáticos donde los peritos actuantes fueron señalados.
Desde los sectores que impulsan estas reformas, y a través de medios afines, se difundió la idea de que existirían “organizaciones” o “redes” de abogados y peritos que “arman” causas falsas, especialmente en conflictos de familia o abuso infantil.
Son varias las organizaciones de profesionales, DDHH y de mujeres y diversidades las que se pronunciaron en contra de este proyecto de ley regresivo y claramente revanchista contra la conquista de derechos. Entre ellos la comisión de peritos de la Asociación Judicial Bonaerense (AJB), que sacó una declaración repudiando el backlash y se reunió con una senadora provincial en la legislatura para trasmitirle su preocupación al respecto.
Pero así como los derechos se conquistaron en las calles, con el enorme movimiento de mujeres y disidencias a nivel internacional, será también en las calles donde habrá que defenderlos frente a esta avanzada reaccionaria que busca reinstalar el silencio, el miedo y la impunidad.
En ese sentido, resulta importante que la AJB haya comenzado a pronunciarse frente a esta avanzada reaccionaria. Pero entendemos que esta discusión no puede quedar reducida únicamente al ámbito de las y los peritos o en reuniones con senadores afines, sino que debe ser tomada por el conjunto de las y los trabajadores judiciales y por el sindicato en su totalidad, como parte de la defensa de los derechos conquistados y del acceso a la justicia para las víctimas.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Quienes formamos parte de La Marrón Clasista en la AJB consideramos fundamental impulsar instancias de debate, organización y movilización para enfrentar estos ataques contra la perspectiva de género, contra quienes intervenimos profesionalmente en estas causas y contra las herramientas construidas para la protección de mujeres, niñeces y personas vulneradas.
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¿Por qué seguimos opinando de cuerpos ajenos?
29 de abril, por Gordofobia — Géneros y Sexualidades, Martín Fierro , Lucha contra la opresión, Movimiento de mujeres, Patriarcado, #Feminismo, Feminismos, Géneros y Sexualidades, Martín Fierro , Lucha contra la opresión, Movimiento de mujeres, Patriarcado, #Feminismo, Feminismos
En un país que cuenta con una legislación específica para la inclusión corporal, la denuncia de Evelyn Botto en los Martín Fierro de la Moda y los comentarios discriminatorios en la televisión abierta revelan que el juicio sobre el cuerpo ajeno sigue siendo un pilar fundamental de la estructura patriarcal.
Durante la última gala de los Martín Fierro de la Moda, Evelyn Botto, integrante del canal de streaming Olga, compitió en la terna a "Mejor Estilo Femenino de Streaming". En su discurso, Botto hizo una denuncia: "A todas las marcas nacionales que cumplen con la ley de talles... Yo sé que es un contexto difícil para producir, pero a veces es una decisión dejar afuera a alguien. La moda también es política: te incluye o te deja afuera. Espero que dentro de poco estemos todos dentro".
Casi en simultáneo, en los paneles de discusión sobre Gran Hermano, la modelo y vedette Eliana Guercio lanzó un comentario cargado de prejuicios al sugerir que a las personas con cuerpos no hegemónicos se les "permiten" más actitudes que al resto. "Se le permiten más este tipo de comentarios a una persona gordita que a una flaquita. Eso es así”, sentenció en una discusión con el periodista Brancatelli.
Este tipo de declaraciones forman parte de la gordofobia mediática y social. Es la peligrosa idea de que se puede diagnosticar la salud de alguien a través de un comentario, reforzando el estigma de que la delgadez es el único indicador válido de bienestar. Está comprobado que este hostigamiento genera un daño en la salud mental mucho más severo que el peso en sí mismo.
Aunque la Ley de Talles está reglamentada para garantizar un Sistema Único Normalizado de Identificación de Talles de Indumentaria (SUNITI), la realidad en los locales sigue siendo expulsiva. La moda en nuestro país continúa operando bajo un esquema de exclusividad donde el talle grande es tratado como una excepción y no como un derecho. Así, el acto cotidiano de vestirse se transforma en una experiencia traumática para miles de personas.
¿Por qué persiste la obsesión por opinar sobre los cuerpos ajenos?
El patriarcado, junto con el capitalismo, han utilizado históricamente la belleza y la delgadez como herramientas de control social. Al establecer un canon inalcanzable, el sistema mantiene a las identidades (especialmente femeninas) agotadas en una búsqueda eterna de perfección, neutralizando su tiempo, energía y, sobre todo, su potencial de transformación para cuestionar este sistema.
La distancia entre la normativa legal y el discurso despectivo de figuras públicas demuestra que el cambio legislativo no alcanza. Es imperativo que la diversidad corporal deje de ser tratada como un "fracaso".
El movimiento feminista de los últimos años, con las pibas a la cabeza, ha cuestionado este aspecto de opresión, especialmente hacia las mujeres pero no a las únicas. Como decimos recurrentemente, solo con un gran movimiento vamos a poder lograr, no solo cuestionar estos sentidos comunes que nos disciplinan la vida si no también romperlos. Porque, como siempre, las conquistas las conseguimos en las calles.