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Apuntes socialistas sobre liberación sexual
1ro de febrero, por Transgredir y transformar — Géneros y Sexualidades, LGTBIQ+, Edición México, Edición Uruguay, Revolución Sexual, Feminismos, Géneros y Sexualidades, LGTBIQ+, Edición México, Edición Uruguay, Revolución Sexual, Feminismos
Este 1º de febrero, se cumple un año de la movilización convocada por la comunidad LGTBIQ+ que reunió a centenares de miles de personas en Argentina, contra el discurso de odio y las injurias lanzadas por el presidente Javier Milei, en el Foro Económico Mundial de Davos de 2025. Esta convocatoria multitudinaria, improvisada por fuera del calendario tradicional del colectivo de la diversidad sexual, se inscribe en un ciclo más amplio de movilizaciones en todo el mundo contra los ataques de las ultraderechas.
Aquí vamos a tomar este primer aniversario como una excusa para reflexionar sobre el movimiento. Nos preguntamos cómo llegamos hasta aquí y cuáles son las perspectivas de la lucha por la liberación sexual, bajo la amenaza de la crisis permanente, las catástrofes y las guerras. Lo hacemos desde nuestra perspectiva feminista socialista, con el afán no solo de bosquejar un futuro que merezca ser vivido para todes, sino de poner manos a la obra en su construcción desde el presente.
"Somos feroces; en un mundo de 'valores familiares tradicionales', necesitamos serlo."
Susan Stryker [1]PARTE I. EL ORGULLO COMO HERRAMIENTA DE RESISTENCIA
Javier Milei adoptó al Foro Económico Mundial de Davos como tribuna para difundir su "batalla cultural" conservadora. [2] En el de este año, buscó renovar su lugar de referente de las derechas ultraliberales, hablando después de Donald Trump, para plantear la muerte de Maquiavelo y cantar loas al libre mercado, como el único sistema capaz de impartir equidad y justicia. Un disparate. Pero nada sobre ideología de género ni feminismo. Parece que entró la bala. En Argentina, mientras tanto, las organizaciones y referentes LGTBIQ+ y de los feminismos, se aprestan a convocar a una movilización de alcance nacional, no solo para no olvidar aquel 1F en que el arcoíris tiñó la contundente y masiva réplica al presidente Milei, sino también para ensayar una nueva respuesta a sus políticas reaccionarias, incluyendo la reforma laboral esclavista que retrotrae las relaciones de trabajo al siglo XIX. [3]
* Davos: de "la agenda sangrienta del aborto" a "la ideología de género es abuso infantil"
En enero de 2024, a poco de asumir la presidencia, Milei eligió como blanco de su discurso a las instituciones estatales responsables de las políticas públicas que debían garantizar el pleno acceso a los derechos de las mujeres y las personas LGTBIQ+. En ese momento, habló de "la agenda sangrienta del aborto". Ni lerdos, ni perezosos, el 7 de febrero en horas de la noche, algunos diputados del oficialismo presentaron un proyecto para derogar la Ley 26.710 de interrupción voluntaria del embarazo. Enseguida, los mensajes de repudio estallaron en las redes sociales. En pocos minutos, referentes de un amplio espectro político hicieron público su rechazo y, a la brevedad, dos de los firmantes denunciaron que, en realidad, no habían suscripto el proyecto. A la medianoche, entre activistas, se gestaba una convocatoria a movilizar que, finalmente, resultó innecesaria. A la mañana siguiente, desde Presidencia de la Nación, se informó oficialmente que el poder ejecutivo no respaldaba la iniciativa de su propio bloque parlamentario y el proyecto fue retirado.
En enero de 2025, Milei insistió con sus discursos de guerra contra el wokismo. Esta vez, propuso eliminar la figura de femicidio del Código Penal y, ante el escándalo público que se suscitó en Argentina, fuentes oficiales debieron admitir que no habría tal modificación. Pero, el debate que se instaló masivamente fue a raíz de su insulto desaforado contra toda la comunidad LGTBIQ+, señalando que "la ideología de género constituye, lisa y llanamente, abuso infantil". Y haciendo uso del recurso del cherry picking, presentó un solo caso ocurrido en Estados Unidos como toda justificación de sus aberrantes y falaces injurias.
La furia no tardó en estallar en Argentina. Cerca de cinco mil activistas se autoconvocaron para decidir, en asamblea, lanzar una convocatoria inmediata. El 1º de febrero, una movilización multitudinaria –con el activismo LGTBIQ+ a la cabeza- colmó las plazas y las calles de todas las ciudades del país, con centenares de miles de personas. En Buenos Aires, la asamblea decidió que jubilades y protagonistas de las luchas de Salud Pública y otros sectores que enfrentaban despidos encabezaran la manifestación, codo a codo, con referentes de la comunidad LGTBIQ+. La diversidad sexual supo convocar detrás de sí a los feminismos, las organizaciones de Derechos Humanos, sindicales y estudiantiles, los movimientos sociales y los partidos políticos, incluyendo a un sector de la derecha tradicional. Pero, también, a centenares de miles de personas sin compromiso militante. La movilización permitió pasar revista sobre las propias fuerzas del movimiento LGTBIQ+ y su capacidad de respuesta a los ataques de un gobierno de ultraderecha que convirtió al odio misógino y heteropatriarcal en discurso y política de Estado.
*(Por algo) Stonewall fue una revuelta
Por más que los líderes de las ultraderechas contemporáneas hayan desmantelado políticas públicas dirigidas a las mujeres y la diversidad sexual, por más que hayan instalado la segregación, la discriminación y el "chivo expiatorio" como sentidos comunes en grandes sectores de la población, es evidente que otra parte se niega, férreamente, a convertirse en el lobo de les otres y no piensa permitir que estos discursos de odio, emitidos desde lo más alto del poder político, se conviertan en violencia entre los de abajo. Y esto no sucede solo en Argentina. En los últimos dos años, las manifestaciones del orgullo han alcanzado cifras récord de participación, bajo el impulso de poner un límite a los discursos de odio y las políticas restrictivas de los gobiernos de derecha o el fortalecimiento de los partidos ultras, en distintas partes del mundo.
En Buenos Aires, además de la movilización del 1F, la 34º Marcha del Orgullo de 2025, marcadamente política y centrada en la oposición a los planes de Milei, volvió a contar con una gran asistencia, denunciando los discursos estigmatizantes que fomentan la violencia social desde el Estado. En Ciudad de México, se denunció un repunte de la violencia transfemicida; se cuestionó la corporativización del evento y también se incluyeron consignas contra el genocidio en Gaza y por el apoyo a migrantes, personas racializadas y refugiados LGTBIQ+. El año anterior, en San Pablo, se instó a resistir el avance de la bancada evangélica y de la ultraderecha en el Congreso, invitando a votar, en las elecciones municipales, por quienes apoyaran la agenda de la diversidad sexogenérica.
En 2024, en Toronto, se había realizado un festival con más de tres millones de asistentes que mostraron su preocupación por la derechización de los gobiernos de la región. Exigían protección para la juventud trans, contra las restricciones legislativas a los tratamientos de afirmación de género. En Washington, la concentración de casi tres millones de personas de 2025 se pronunció contra los recortes de derechos impulsados por Donald Trump. Se destacó la defensa de las adolescencias y juventudes trans, contra las iniciativas federales de prohibirles el acceso a la Salud. En Nueva York, las manifestaciones del mismo año, con más de dos millones y medio de personas, subrayaron que el Orgullo no es solo una celebración, sino también una herramienta de resistencia, lo que llevó a que disminuyera la habitual financiación corporativa del evento y que la comunidad tuviera que buscar donaciones del activismo. La marcha amplificó las fuertes denuncias contra las redadas del ICE, vinculando la lucha de la diversidad sexogenérica con la defensa de los derechos de las comunidades de inmigrantes.
En Europa, una de las manifestaciones más concurridas fue la de Madrid, con dos millones de personas que conmemoraron el vigésimo aniversario del matrimonio igualitario, bajo la consigna "Ni un paso atrás", advirtiendo sobre la regresión de derechos impulsada por la ultraderecha. En Londres, denunciaron las políticas transfóbicas del gobierno laborista de Keir Starmer, pero también expresaron la solidaridad con Gaza. En 2024, manifestaciones contra las campañas políticas de odio hacia las personas trans –impulsadas, entre otres, por Du Pain et Des Roses- sorprendieron al reunir a decenas de miles de personas en cuarenta y cinco ciudades de Francia y Bélgica.
¿Podríamos haber comenzado con un recuento de los crímenes de odio más brutales que se cometieron en este último período, justificados y hasta incitados por las ultraderechas que dan su "batalla cultural" desde las instituciones del Estado, desde las redes sociales, los púlpitos, los partidos y think tanks? Sí. Pero preferimos comenzar por la fuerza de resistencia del colectivo LGTBIQ+, que es aún más contundente cuando consigue tejer alianzas con otros movimientos sociales y organizaciones independientes del Estado. Tomamos esta decisión porque esta fuerza de resistencia del colectivo de la diversidad sexogenérica es algo menos difundido que los crímenes, ataques y recortes de derechos de los que es víctima. A quienes detentan el poder no les conviene que la comunidad autoperciba esa (su) capacidad de movilización y desarrolle una dinámica que, potencialmente, trascienda la resistencia. Pero el odio creciente de la ultraderecha contra las personas LGTBIQ+, rápidamente refrescó en la memoria colectiva aquello de que (por algo) "Stonewall fue una revuelta".
PARTE II. LA PREGUNTA DEL MILLÓN, ¿CÓMO LLEGAMOS HASTA AQUÍ?
¿Por qué parece que estamos comenzando de cero, peleando contra una ultraderecha discriminatoria y segregacionista que no solo avanza contra los derechos democráticos que hemos conquistado, sino que además promueve discursos de odio que se traducen en crímenes atroces? Porque, con obvias desigualdades, el cuestionamiento de la opresión sexual protagonizado por los movimientos de liberación, se había traducido –desde los años 70 y 80 o más recientemente, en otros países- en distintos grados de inclusión de la comunidad LGTBIQ+ en las democracias capitalistas occidentales. Pero hubo quienes creyeron que esos derechos serían eternos. [4]
*Un movimiento radical por la liberación sexual de toda la humanidad
La humanidad siempre se rebeló contra las limitaciones que las clases dominantes impusieron a la vida sexual, mientras se guardaban para sí el privilegio de poder gozar de todos los placeres que estaban prohibidos para el pueblo oprimido. Pero en los años 60 y hasta entrados los 80 del siglo XX, un extendido proceso de radicalización social de las clases trabajadoras y los pueblos oprimidos, puso en jaque al imperialismo estadounidense, a las clases capitalistas occidentales y a la burocracia parasitaria de la (entonces) Unión Soviética y los países del Este europeo que se encontraban bajo su órbita. [5] Del suelo fértil de esa radicalización de masas, floreció el cuestionamiento a la vida cotidiana, a las relaciones interpersonales, a la cultura, la sexualidad y a todas las instituciones del orden capitalista. Eso dio origen, especialmente en los países imperialistas, al movimiento antirracista del "poder negro", a un nuevo movimiento feminista y a un amplio y radical movimiento por la liberación sexual que tuvo como emblema los tres días de junio de 1969 en que la comunidad LGTBIQ+ montó barricadas en un barrio neoyorquino, para resistir contra la razzia policial en el bar Stonewall.
En su desarrollo, este movimiento no cuestionó solo la discriminación de gays, lesbianas, bisexuales, travestis y transexuales, sino también las ideas dominantes que estigmatizaban el placer sexual como pecado, delito o patología. Por eso, se rebelaron contra el matrimonio heterosexual monogámico, la opresión de las mujeres, niñas y niños bajo el poder patriarcal ejercido por el padre de familia, la represión del deseo que imponen las iglesias, en la que educan las escuelas y en la que disciplinan tanto las fuerzas armadas como la explotación laboral. Con la lucha, la amplia movilización y una minoría intransigente que mantuvo un fuerte cuestionamiento radical del sistema capitalista, el movimiento por la liberación sexual consiguió, a través de los años, que la homosexualidad fuera despenalizada en casi todos los países occidentales, que gays y lesbianas pudieran ser funcionarios públicos y candidatos electorales, que se derogaran leyes discriminatorias, que se redujera la edad de consentimiento para las relaciones entre personas del mismo sexo y que se eliminara la homosexualidad de los manuales de diagnóstico de enfermedades mentales. La existencia de millones de seres humanos se modificó sustancialmente con este movimiento, pudiendo abandonar una vida de ocultamientos obligados por la feroz discriminación y persecución en sus propias familias, en el ámbito laboral, estudiantil, profesional y social en general.
*La derrota y el desvío: fragmentación e inclusión
Pero con la derrota física (mediante dictaduras sangrientas) y con el desvío político (mediante la ampliación y extensión de la democracia capitalista) de ese enorme proceso de radicalización de masas que puso en jaque el orden mundial, también retrocedieron los movimientos sociales que promovieron un cuestionamiento radical a la vida cotidiana. Su reflujo cristalizó, fundamentalmente, en una mayor institucionalización, cooptación al Estado capitalista, fragmentación y despolitización. La promulgación de muchos de esos derechos que mencionamos y que favorecieron la inclusión de las personas que antes habían sido excluidas, criminalizadas y perseguidas por los propios regímenes democráticos capitalistas, fue acompañado de brutales ataques a las condiciones materiales de vida de las masas que redundaron en elevados índices de desempleo, precarización y flexibilización laboral.
Aunque el debate sobre asimilación o no asimilación [6], ya había comenzado a dividir al movimiento antes que centenares de miles de gays, transexuales y mujeres heterosexuales (especialmente de los países más pobres) se convirtieran en las principales víctimas del virus del VIH, la pandemia lo profundizó. La derecha cristiana comenzó a organizarse contra los movimientos feministas y de liberación sexual, de la mano del Vaticano y los sectores políticos neoconservadores. La pandemia del SIDA –considerada como un "castigo divino" por los sectores fundamentalistas- aterrorizó a la comunidad gay que, además, fue estigmatizada brutalmente, aumentando la discriminación, marginación y violencia contra los homosexuales y las personas trans. [7] Pocas organizaciones activistas radicales permanecieron de pie en aquellos años durísimos, reclamando a los Estados, mientras morían amigos, amantes, parejas, en soledad, despreciados por sus familias o cobijados por una precaria red de la propia comunidad LGTBIQ+. Años más tarde, se crearon diversos programas contra la discriminación y para la atención de las personas que viven con VIH; surgieron centenares de organizaciones no gubernamentales especializadas; millonarias subvenciones fueron destinadas a la investigación, la atención y la prevención. Se fue creando –como sucedió también en el feminismo, por otras razones- un grupo de "autoridades" surgidas del movimiento que devinieron en administradores de estos fondos: tecnócratas estatales, activistas rentados o directores de fundaciones expertas. Y obviamente, los varones gays blancos, de clase media y anglosajones, ocuparon el centro de esta escena.
El terror de la pandemia de VIH-SIDA tuvo su efecto aleccionador. Se profundizaron las diferencias: la homonormatividad impuesta por las instituciones del régimen capitalista, el marketing y el consumo, se convertía en un espacio seguro desde el cual reclamar la integración en democracias capitalistas que ampliaban libertades civiles, mientras profundizaban las desigualdades económicas. Pero, en el seno del mismo movimiento, la política de la identidad fue cuestionada, en minoría, por aquellos sectores que se vieron discriminados y relegados por no encajar en los moldes, especialmente las personas trans, negras, latinas, de clase trabajadora o sobreviviendo en los márgenes. El resultado fue la consolidación de múltiples identidades, pugnando por el justificado reconocimiento de su propia opresión. Frente al Estado y su legitimación de derechos de inclusión, la visibilidad condiciona la existencia; aun cuando la lista no pueda ser nunca lo suficientemente abarcativa. Como decía una publicidad de una tarjeta de crédito, en los años 90, "pertenecer tiene sus privilegios"; aunque debiéramos agregar que, también, sus contradicciones.
En esas décadas de restauración capitalista, el "movimiento por la liberación sexual" se fue transformando en el "movimiento LGTB" [8], privilegiando la política de inclusión de múltiples identidades y obteniendo algunas importantes conquistas, anteriormente impensadas, al costo de nuevas exclusiones y divisiones. La resultante fue el desmembramiento y la despolitización del movimiento, limitado a la aparición esporádica para la celebración de la diversidad en el Día del Orgullo, cuyo origen combativo y de cuestionamiento radical en las barricadas de Stonewall, paradójicamente fue quedando invisibilizado, tras festivos desfiles y performances financiados por empresas del mercado "rosa". Mientras tanto, la lucha callejera contra el Estado capitalista es reemplazada por su contraria: la negociación de derechos a través del lobby con sus representantes políticos, las empresas privadas, las agencias de financiamiento y organizaciones internacionales. Sin embargo, no puede establecerse que estas divisiones entre identitaries y antiidentitaries se acopla, linealmente, con posiciones pro-capitalistas y anti-capitalistas. Como señala Holly Lewis, "El rechazo de la normatividad tiene poco que ver con el rechazo del capitalismo, o incluso con terminar con la presión social generalizada; es una demanda de que se nos permita participar en una cultura que rechaza el estilo de vida de las clases profesionales o capitalistas (pero una subcultura que también admite individuos de las clases profesionales y capitalistas que quieren vivir de forma más creativa)." [9]
*Business are business
En la fragmentación, que acompañaba al mismo proceso que sacudió al movimiento obrero bajo estos años de neoliberalismo, proliferaron las ideologías individualistas, la idea de que los cambios sólo pueden ser subjetivos, lingüístico-culturales. El neoliberalismo, mediante la derrota de la clase obrera y la falta de resistencia de sus organizaciones políticas y sindicales, impuso socialmente una concepción liberal del sujeto, como un individuo autónomo, que preexiste a la sociedad, con derechos naturales inalienables a la libertad y la propiedad privada. La flexibilización, la deslocalización, los turnos y puestos rotativos se imponían a la clase trabajadora, desarmando, junto con la línea de producción fordista, la solidaridad obrera que se desarrollaba como su contraparte, para dejar a cada uno librado al "sálvese quien pueda".
Y esto también tuvo sus consecuencias en los movimientos sociales: "mi cuerpo es mío", una consigna que encierra una fuerte denuncia tanto contra los Estados que prohíben el ejercicio de libertades y derechos democráticos elementales, como contra la violencia cisheteropatriarcal, también expresa una concepción mercantilista neoliberal. Una visión que pone el acento, permanentemente, en la libertad de elección individual, ignorando la desigualdad estructural que limita, enmarca y hasta explica las decisiones aparentemente autónomas; que reconoce al cuerpo como una propiedad privada que puede venderse y alquilarse como gesto de supuesta soberanía; que termina contradiciendo las demandas colectivas contra la discriminación sistémica y fortaleciendo un orden meritocrático, donde el progreso se explica por el esfuerzo personal. La libertad y la autodeterminación, bajo este enfoque neoliberal, pierden su carácter social, colectivo y comunitario de ser el producto de una lucha por arrancarle al Estado, al capital, al imperialismo o al ejército de ocupación, el gobierno del propio destino, Más bien se limita al estrecho concepto del mercado, donde incluso la propia subjetividad, el cuerpo, el tiempo de ocio, los vínculos son pasibles de transacciones comerciales entre individuos igualmente libres.
El capitalismo neoliberal estableció la integración de la diversidad sexual como una estrategia de ampliación del mercado y el consumo. La homofobia que sostuvo durante siglos ya tenía un costo, si se lo miraba desde la óptica de "concebir la vida en términos de 'capital humano', entendiendo que las injusticias o discriminaciones reducen el capital que posee un individuo o inhiben su utilización eficiente." [10] Algo similar advirtieron el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional sobre las consecuencias negativas que tenía la violencia sexista contra las mujeres, para el producto bruto interno (PBI) de los países. La lógica capitalista introduce una cuña en la comunidad LGTBIQ+: la diversidad sexogenérica será evaluada en función de su contribución al crecimiento económico, privilegiando el enfoque meritocrático del esfuerzo individual para la integración, por sobre las limitaciones estructurales que imponen la explotación de clase, el racismo, el binarismo sexogenérico, etc. La aparición de este “homocapitalismo” profundizó las brechas entre los sectores que accedieron a los privilegios de la homonormatividad (permitida o tolerada por las democracias occidentales) y otros sectores cada vez más excluidos y empujados a los márgenes de la subsistencia.
*De la homonormatividad al homonacionalismo ¿y después?
De esa concepción liberal al surgimiento, en los países imperialistas, de un "homonacionalismo" de derecha y ultraderecha, había un paso. Con la idea de que las democracias occidentales que toleran la homosexualidad son sistemas políticos superiores (y mientras un puñado de compañías encontraron la oportunidad de llenar sus bolsillos vendiendo productos o servicios con el sello del arcoíris), no solo se reponsabilizó a les excluides de su falta de integración, sino que los derechos LGTBIQ+ también fueron blandidos como excusas para "empresas civilizatorias", con la intervención, la invasión y las guerras propiciadas por países imperialistas. Les migrantes son considerados, cada vez más, como una amenaza económica contra la clase trabajadora nativa y, especialmente en las metrópolis, como un atentado a las tradiciones y los valores culturales de Occidente. En ese marco, la opresión de las mujeres de los países árabes, igual que la sufrida por la población LGTBIQ+ de esos países, suele ser la excusa para políticas imperialistas que enarbolan la emancipación como bandera civilizatoria. Los varones heterosexuales extranjeros son una amenaza para "nuestras mujeres" nacionales; las mujeres y les LGTBIQ+ en Oriente son víctimas que necesitan de la liberación que solo pueden ofrecerles los ejércitos enviados por los gobiernos imperialistas de las democracias capitalistas occidentales.
Estas narrativas también permearon a distintos sectores sociales dentro de la comunidad LGTBIQ+ y es lógico que, con fundamentos semejantes, hayan surgido referentes políticos gays y lesbianas en distintos partidos de ultraderecha, algunos de los cuales consiguieron ser electos en altos cargos de gobierno. El movimiento que surgió cuestionando la represión sexual que impone la explotación capitalista a nuestros deseos, en su lucha contra la discriminación, consiguió que algunos sectores de la población LGTBIQ+ pudieran acceder a gobernar e imponer planes de austeridad contra las masas trabajadoras e, incluso, a integrarse a las fuerzas armadas y represivas de los Estados con el derecho de masacrar poblaciones enteras, incluyendo mujeres, niñas, niños y personas sexodiversas. La autorrepresentación del Estado de Israel como un énclave gayfriendly en Medio Oriente es el ejemplo cabal del uso de los derechos LGTBIQ+ para la justificación de una empresa militar colonialista, guerrerista y genocida contra el pueblo palestino. "Las libertades sexuales y de género ahora se debaten entre dos presiones: el crecimiento de discursos de extrema derecha y el de un capitalismo rosa que quiere apropiarse de nuestras luchas y mercantilizarlas, y nos utiliza como excusa para justificar guerras, genocidios o políticas antiinmigrantes. En el caso de Palestina hemos tenido que salir a la calle a decir alto y claro: no en nuestro nombre", dice Jorge Remacha. [11].
En otros países, las ultraderechas directamente repiten un ideario conservador profundamente misógino y transodiante, como es el caso de los anarcocapitalistas y otros ultraneoliberales en Argentina, Brasil, etc. La "ideología de género" es la forma en que se refieren, despectivamente, a lo que supuestamente promueven los feminismos y la diversidad sexual sembrando la perversión. El modelo de la tradwife, con la estética de las sitcom estadounidenses de los años 50; el retorno a una idílica familia tradicional basada en el matrimonio heterosexual monogámico, cuya descendencia es limitada a una niña y un niño de cabellos rubios, se propaga en redes sociales desde las usinas de estas nuevas derechas con ideas filofascistas. Las iglesias aportan también su cuota de pánico moral frente al cuestionamiento de los géneros, los sexos y los deseos que les provoca la diversidad. Su finalidad es edulcorar un modelo familiar en el que la reproducción social gratuita recae sobre las mujeres-amas de casa, en tiempos en que los planes de austeridad de los gobiernos capitalistas avanzan en la destrucción de los servicios públicos, la capacidad adquisitiva de los salarios y la precarización general de las clases trabajadoras.
Frente a este devenir, la mera oposición a la norma (hetero o incluso homo), se mostró insuficiente para abonar a una transformación radical. Como señala Lewis, "El argumento de que el capitalismo prospera gracias a la normatividad ignora el hecho de que también prospera con la diversidad, el pluralismo, la moda y los nichos de mercado. Aunque la familia heteronormativa es productiva para el capital, las personas individualistas urbanas queer y las personas contraculturales marginadas también son productivas para el capital –las primeras como ‘creativas' en el mercado laboral, las segundas como población excedente (…). Es algo romántico pensar que puedes cambiar el mundo por medio de la diversidad sexual, la autoexpresión creativa y los vínculos comunales. Pero no puedes." [12]
Aquí se encierra una de las cuestiones más importantes para quienes luchamos por una transformación radical de la sociedad en la que vivimos. La cada vez más aguda contradicción entre los relativos pero importantes avances en la igualdad de libertades democráticas y la cada vez más pronunciada desigualdad material entre las clases sociales, abrió nuevas grietas en los movimientos progresistas que acompañaron al período neoliberal en su fase ascendente. [13] El antineoliberalismo, los transfeminismos populares, el movimiento queer empiezan a sentar una incipiente tradición política en sentido contrario a los progresismos neoliberales y las derechas fascistoides que marcaron, de una u otra manera, el devenir del movimiento en las últimas décadas. En la experiencia de las luchas libradas en las calles, frente a la proliferación de discursos, políticas y gobiernos ultraconservadores, ultraneoliberales y ultraderechistas, surgirá la necesidad de unirse y fortalecerse con las luchas de una clase trabajadora cada vez más feminizada, diversa y multiétnica, reelaborando una estrategia profundamente anticapitalista para recuperar las mejores tradiciones de radicalidad que el movimiento tuvo en sus orígenes. Las conclusiones políticas sobre los gobiernos progresistas que ampliaron la intervención del Estado en el terreno de los derechos democráticos pero que, atados a la defensa del capital y sometidos a la expoliación imperialista, no cumplieron con sus promesas de bienestar económico, también serán cruciales para recuperar aquella radicalidad. No es una política de la nostalgia, sino de un realismo material contundente: si el capitalismo consiste en un sistema basado en la explotación del trabajo asalariado, el robo de los bienes comunes y la reproducción barata de esa fuerza de trabajo; si supone, además, la violencia misógina, sexista y racista para mantener un excedente de población como "ejército de reserva" para sostener y profundizar la explotación, entonces, "la solidaridad no es una condición que resulte de seres humanos maduros que aprenden a aceptar la diversidad; es un reconocimiento político de que nuestros destinos están vinculados." [14]
PARTE III. EL CAPITAL QUIERE HIJOS (E HIJAS) SANOS DEL PATRIARCADO… PARA EXPLOTAR
Y, sí: nuestros destinos de clases explotadas y grupos sociales subalternizados están vinculados por fundamentos estructurales que hacen al funcionamiento del sistema capitalista. Desde que los seres humanos habitamos el planeta, trabajamos para garantizar nuestra subsistencia, transformando el ambiente mediante herramientas y tecnologías creadas por nosotros mismos. Pero en el capitalismo, la inmensa mayoría que produce, no es propietaria de ese producto de su trabajo, ni de los medios con los que produce: el capitalista alquila la fuerza de trabajo por un determinado tiempo a cambio de un salario y, con ese dinero, nos vemos obligados a adquirir esos mismos productos que nosotros fabricamos, en el mercado. Somos "libres" de vender nuestra fuerza de trabajo y "libres" también para subsistir como podamos, porque el capitalista no tiene ninguna obligación de sostener nuestra existencia. Por eso, en el capitalismo, la familia se convierte, mayoritariamente, en el sostén de todos aquellos que el capitalismo no considera “aptos” para la explotación: las infancias, las personas con discapacidades o enfermedades circunstanciales o crónicas y ancianos. Todo el trabajo que se necesita para sostener la vida cotidiana de la clase trabajadora activa y de quienes no pueden trabajar, en la inmensa mayoría de los hogares, recae sobre las mujeres y se realiza gratuitamente.
El capitalismo encuentra grandes beneficios en este modelo histórico de familia heteropatriarcal, no sólo porque las mujeres sostienen la fuerza de trabajo cotidianamente, mediante el trabajo doméstico gratuito; sino, fundamentalmente, porque resultó ser el modo más económico para la reproducción de las nuevas generaciones que serán explotadas por el capital. Pero las ventajas de la familia para el capitalismo trascienden lo económico inmediato: es en su seno donde las nuevas generaciones "aprenden" el respeto a la autoridad y la existencia de jerarquías, como si éstas constituyeran un "orden natural" que debe ser aceptado. Y esto se impone mediante la presuposición universal de heterosexualidad, el matrimonio monogámico, la disciplina de los cuerpos, la represión del placer, la jerarquización de la función reproductiva de la sexualidad, etc. Este proceso histórico de "normalización" de la sexualidad, posibilita al capital encontrar, en la capacidad reproductiva de las mujeres de la clase trabajadora, "el suministro de fuerza de trabajo para el capital", de manera gratuita. [15] Por eso, el capitalismo encuentra muchas maneras de mantener ese modelo familiar que le resulta tan ventajoso para que unos pocos acumulen enormes ganancias mediante la explotación de las grandes mayorías. Esto configura un modelo donde no solo las mujeres están oprimidas, sino también otros cuerpos feminizados, quienes desafían la norma binaria y biologicista de género, quienes reniegan de la sexualidad exclusivamente funcional para la reproducción, etc., provocando grandes sufrimientos en millones de seres humanos, incluyendo los abusos, la tortura, el abandono, la marginación y la muerte. Así que, mientras la sexualidad destinada a la procreación se convirtió en la única sexualidad "normal" y socialmente aceptable, la sexualidad destinada a la obtención de placer fue condenada por anormal, contraria a la naturaleza, amoral, etc.
Por eso, la inmensa mayoría de las personas se encuentra sexualmente oprimida en el capitalismo: la miseria sexual que proviene del sometimiento cotidiano del cuerpo a los ritmos agobiantes de la explotación, a los modelos estereotipados de lo que es femenino o masculino, a la imposición del matrimonio como única unión legítima; la presión social sobre quienes no desean reproducirse; la restricción y disciplinamiento del deseo en las infancias; la alienación que dificulta o impide los vínculos; el estrés que generan los mandatos de rendimiento sexual o los modelos hegemónicos de cuerpos y relaciones; la creciente mercantilización de los aspectos más recónditos de la vida, con las nuevas segregaciones que eso genera, son apenas una muestra de los límites que se imponen a nuestras sexualidades. Como señala Virginia Guitzel, "el capitalismo también inflige una brutal represión sexual a toda la clase trabajadora. Esto resulta en enfermedades, embarazos no deseados y numerosas restricciones sobre el propio cuerpo y los deseos. Quienes se someten al orden capitalista sufren a su manera, alimentando reservas de resentimiento y autodesprecio, constantemente alentadas por los movimientos de derecha." [16] Un proceso de “normalización” que penetra en nuestra cotidianeidad con el objetivo de forjar individuos capaces de adaptarse y perpetuar, de manera alienada, las relaciones sociales capitalistas de producción. Esto tiene consecuencias para todes, pero especialmente desgarradoras para las personas transgénero, transexuales, lesbianas, gays, no binarias, queer, etc. La naturalización de las relaciones de producción capitalistas es, para Ira Hybris, el fundamento "donde echa raíces la violencia ─correctiva─ contra quienes traspasamos los mandatos de género, que no son sino los mandatos de la reproducción social." [17]
Como si esto no bastara, las clases dominantes se benefician también de la división que crean entre las clases explotadas, los prejuicios que nutren este milenario proceso de normalización: el machismo, la misoginia, el sexismo, el transodio y otros discursos y prácticas discriminatorias son, como el nacionalismo, la xenofobia o el racismo, comportamientos violentos, denigratorios y de subordinación que son un obstáculo para la solidaridad desde abajo. Pero, todas las tendencias en el capitalismo son contradictorias. Como señala Cinzia Arruzza, "por un lado, el proceso de acumulación capitalista, al reconfigurar la división del trabajo, al emplear masivamente a mujeres en la fuerza laboral y al generalizar el consumo de mercancías, induce una crisis de las estructuras y relaciones patriarcales tradicionales y, por lo tanto, potencialmente difumina los límites entre las identidades sexuales y las identidades de género. (…). Por otro lado, el capitalismo contribuye a la persistencia de una división sexual del trabajo, incluida la de la reproducción de la fuerza de trabajo, y contribuye a reconfigurar las identidades de género y a asegurar su estabilidad mediante la heteronormatividad, es decir, al fusionar normativamente la identidad de género con la elección del objeto de deseo sexual." [18] En esas contradicciones, se encuentran las oportunidades de librar batallas.
PARTE IV. RADICALIZAR EL PRESENTE PARA TRANSFORMAR EL FUTURO
La conclusión es que, oponernos éticamente al racismo, al sexismo, a la transfobia o a cualquier otra forma de opresión, no alcanza para cambiar radicalmente las estructuras sociales donde se fundan esas ideologías de la discriminación. La tolerancia liberal, el respeto de la diversidad e incluso los anhelos más auténticos de inclusión y armonía son fútiles y tienen efectos perecederos si no se cuestionan las relaciones sociales que producen esas desigualdades, jerarquías y opresiones y no se busca una alianza poderosa entre las mayorías explotadas y todos los sectores sociales oprimidos. La diversidad sexual es un problema para el capital en la medida en que se convierte en disidencia, no solamente por rebelarse conscientemente ante el régimen sexual binario heteronormativo, sino por cuestionar radicalmente que su existencia es funcional a la explotación capitalista: porque regula la fuerza de trabajo para la extracción de plusvalía en el circuito productivo y la reproducción gratuita o barata de esa fuerza de trabajo en la familia heteropatriarcal. En última instancia, como bien señala Lewis, la centralidad de la clase obrera en la lucha por la emancipación no es una cuestión moral, no se deriva de una taxonomía de sufrimientos donde la explotación rankea más alto que el sexismo, el transodio u otras formas de opresión. Se trata de algo táctico: la clase explotada es aquella que genera las ganancias capitalistas y, por lo tanto, la que encierra el potencial de acabar con ello. De alguna manera, es el mismo asunto al que se refiere Gilles Dauvé cuando denuncia que una vez que la diferencia sexual, con ciertas limitaciones, empieza a ser aceptada e institucionalizada en el estado de derecho de las democracias capitalistas, se reafirma la jerarquía de las clases por sobre el comunitarismo identitario: "el jefe gay actúa como un jefe y su empleado gay como un empleado, y solo saldrán juntos a la calle el día del Orgullo o para una manifestación en apoyo del matrimonio entre personas del mismo sexo." [19]
Un movimiento por la liberación sexual, de disidencias sexogenéricas, tendría muchísimo potencial subversivo para las luchas anticapitalistas y socialistas si, en vez de centrarse en las identidades y los propios deseos, se preguntara qué tipo de nuevas relaciones podrían crearse, para todes, a partir de las propias experiencias LGTBIQ+: relaciones sin jerarquías, sin roles prefijados, fluctuantes y poderosamente creativas; relaciones indefinidas, que son las que inquietan, profundamente, a los amigos del orden institucional y el statu quo. Relaciones entre pares que ponen en juego, en esas alianzas, sus inabarcables diversidades. Eso obliga a un enfrentamiento radical con el Estado capitalista que encierra nuestras subjetividades en códigos civiles y transacciones comerciales; el mismo Estado que sigue garantizando las ganancias capitalistas mediante la explotación de las mayorías, al tiempo que nos reprime brutalmente por nuestras identidades sexogenéricas o se postula como garante de nuestros derechos, desalentando la organización desde abajo y la movilización independiente.
Liberar al trabajo y al tiempo de la explotación capitalista podría permitir, entre muchas otras cosas, vivenciar una sexualidad verdaderamente libre, expandir y explorar nuevas sensibilidades y placeres, de afectos y cuidados; así como también crear condiciones para el desarrollo pleno de nuestras individualidades, como condición necesaria para establecer vínculos que no estén condicionados por la dependencia económica, la inaccesibilidad a las viviendas y otras penurias materiales. Como decíamos en otra oportunidad, "esta perspectiva requiere de una lucha organizada de la clase trabajadora, que enfrentará la resistencia de los capitalistas, su Estado, los políticos que están al servicio de garantizar sus ganancias y las burocracias que negocian algunas migajas a cambio de no cuestionar la explotación de la clase trabajadora ni su fragmentación. Pero, como decía Lenin, el dirigente de la Revolución Rusa de 1917, 'es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños; de examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía'". [20]
En ese camino, la solidaridad al interior de las clases explotadas (entre sectores que son víctimas de distintos vectores de opresión), como también entre el movimiento obrero y los movimientos emancipatorios que combaten estas opresiones, para construir una fuerza común contra el capitalismo es apenas el primer paso. Pero no por eso, una cuestión de fácil resolución; porque esa unidad es algo que las clases dominantes no pueden permitir que suceda. Por eso, construir apoyos entre quienes sufren opresiones diversas, antes que debilitar la fuerza de un conjunto de personas porque padecen diferentes problemas, es una tarea a contracorriente, consciente y colectiva. Son muchos los que se encargan de impedirlo, haciéndoles ese "trabajo sucio" a los capitalistas. De su derrota, aquí y ahora, dependen todas nuestras futuras y auténticas libertades.
[1] Susan Stryke (1993), "Mis palabras a Víctor Frankenstein desde el pueblo de Chamonix: escenificando la ira transgénero", publicado en castellano en Políticas trans, de Pol Galofre y Miquel Missé, Madrid, Ed. Egales.
[2] Agradecemos la lectura crítica y los aportes de nuestra compañera Virginia Guitzel, travesti, poeta, docente y militante socialista revolucionaria de Pão e Rosas, Brasil.
[3] Utilizamos, indistintamente, "diversidad sexual", "diversidad sexogenérica" o "comunidad LGTBIQ+" para referirnos a todas las personas con orientaciones sexuales e identidades de género que difieren de la heteronormatividad. Distinguimos este uso de las categorías de "disidencia sexual" que reservamos para los sectores de la comunidad que construyen y/o adoptan variados posicionamientos político/ideológicos críticos respecto del régimen heteronormativo, el binarismo de género, la homonormatividad, las políticas identitarias, etc.
[4] Este recorrido que trazamos es apenas un esquema que intenta destacar las características centrales y ciertos aspectos comunes de un movimiento tiene un desarrollo internacional en Occidente que, por supuesto, no pretende contemplar ni mucho menos agotar las particularidades y los distintos tiempos que tuvo en diferentes países y regiones.
[5] Durante este extenso período, Estados Unidos fue derrotado en la guerra de Vietnam; millares de obreros fueron a la huelga general junto a los estudiantes, protagonizando el Mayo Francés; la clase trabajadora chilena se organizó en los cordones industriales y en los barrios con juntas de abastecimiento y control de precios; el pueblo checo enfrentó a los tanques de la burocracia estalinista en la Primavera de Praga; obreros y estudiantes hirieron de muerte a la dictadura argentina en el Cordobazo; el pueblo de Portugal derrocó la dictadura con la Revolución de los Claveles, hubo guerras de independencia en Angola y Mozambique, revoluciones en Nicaragua, Irán, etc.
[6] En ocasiones visualizado como homonormatividad versus queer; gays y lesbianas versus personas trans y no binarias, o también, política de identidad versus política antiidentitaria.
[7] El primer nombre que se le adjudica al desconocido síndrome que había provocado la muerte de más de treinta gays en Estados Unidos, fue GRID, la sigla de Inmuno-Deficiencia Relacionada con Gays. Recién cuando se reconocen los primeros casos de personas heterosexuales infectadas, se rebautiza como Síndrome de Inmuno-Deficiencia Adquirida (SIDA). La ideología que permeó la política sanitaria sobre SIDA en estos primeros años fue, claramente, discriminatoria: las víctimas se diferenciaban entre las "inocentes", contagiadas por error involuntario en una transfusión, y las "pecaminosas", quienes contraían el virus como castigo divino por su estilo de vida, su identidad u orientación sexual. La "peste rosa", el "cáncer gay", y otros nombres con los que se popularizó la enfermedad a comienzos de los 80, son apenas una muestra de la descomunal estigmatización que recayó sobre la población gay durante estos años.
[8] Que luego fue incorporando otras identidades, denominándose LGTBIQ+ o LGTBIQANB, etc. (lesbianas, gays, trans, bisexuales, intersex, queer, asexuales, no binaries, etc).
[9] Holly Lewis (2020), La política de todes. Feminismo, teoría queer y marxismo en la intersección, Barcelona, Ed. Bellaterra.
[10] Pablo Herón (2023), "Homocapitalismo: inclusión o productividad", La Izquierda Diario
[11] Entrevista a Jorge Remacha, historiador y activista: "El movimiento obrero es el primero que imagina un futuro libre de precariedad y con una vida sexual en libertad", La Izquierda Diario. Nuestro compañero Jorge Remacha es historiador, militante de Corriente Revolucionaria de Trabajadoras y Trabajadores en Zaragoza (Estado español) y autor de Agrupémonos todes. Una breve historia de diversidad sexual y lucha de clases, IPS, Madrid, (2025)
[12] Lewis, op.cit.
[13] Según un informe del Word Inequality Lab, de finales de 2025, el 0,001% de la población mundial más rica (algo menos de 60.000 multimillonarios) poseen tres veces más riqueza que la mitad de la humanidad. El patrimonio de esta minoría creció a un ritmo promedio de un 8% desde los años 90. En otros términos, el 10% de la población mundial concentra el 75% de la propiedad privada mundial y capta el 53% de los ingresos totales. Dicho sea de paso, ese 10% de la población mundial es responsable del 77% de las emisiones de gases de efecto invernadero, mientras las poblaciones más pobres que son las más afectadas por las consecuencias del cambio climático, apenas son responsables por el 3% de estas emisiones.
[14] Lewis, op.cit.
[15] Lise Vogel (2024), El marxismo y la opresión de las mujeres. Hacia una teoría unitaria, Buenos Aires, Ediciones IPS-CEHTI.
[16] Virginia Guitzel (2021), "Notes from Brazil", en Transgender Marxism, de Jules Gleason y Elle O'Rourke ed., Pluto Press, Londres.
[17] Ira Hybris (2021), "Trans/formarlo todo: notas degeneradas para la abolición del género", La Izquierda Diario.
[18] Cinzia Arruza (2015), "Gender as Social Temporality: Butler (and Marx)", en Historical Materialism Nº 23, Vol I, Brill, Londres.
[19] Gilles Dauvé (2025), Homo. La cuestión social y la cuestión sexual desde 1864 hasta nuestros días, Madrid, Ediciones Extáticas.
[20] Andrea D'Atri (2022), "El sexo de los relojes", La Izquierda Diario.
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Nicki “vainilla” Minaj: pop para divertirse del lado de Trump y el ICE
31 de enero, por Derrape — Géneros y Sexualidades, Cultura, Estados Unidos, Columnistas Vertical , Donald Trump, Cyndi Lauper, Arte pop, ICE PN, Géneros y Sexualidades, Cultura, Estados Unidos, Columnistas Vertical , Donald Trump, Cyndi Lauper, Arte pop, ICE PN
El respaldo explícito de Nicki Minaj a Donald Trump y a las políticas represivas del ICE desataron una fuerte reacción: críticas por su alineamiento con la persecución a los inmigrantes y los ataques a las personas trans, la desactivación de sus redes y la pérdida de alrededor de 10 millones de seguidores, leídos como un castigo de un público que la había acompañado desde los márgenes y hoy rechaza ese giro político.
Nacida en Trinidad y Tobago y criada en Queens, Nueva York, Nicki Minaj se forjó en la escena del rap marcada por la experiencia migrante, el cruce entre culturas caribeñas y afroamericanas y una industria históricamente dominada por varones. Ese trayecto tuvo su punto de inflexión en 2010, cuando Pink Friday la lanzó al estrellato global, apoyado en una estética de exceso, irreverencia y afirmación femenina que conectó con millones de jóvenes y sectores marginados, donde la diversión aparecía como forma de resistencia, libertad y supervivencia.
Esa matriz simbólica reaparece en “Pink Friday Girls”, tema incluido en Pink Friday 2, donde Minaj recupera mediante un sample “Girls Just Want to Have Fun” de Cyndi Lauper para celebrar la confianza femenina, el éxito y el control del propio lugar en la industria. La canción dialoga así con un imaginario pop históricamente ligado a la autonomía, el deseo y la ruptura con los mandatos conservadores. Durante la década de 2010, Minaj alcanzó fama global con éxitos como “Super Bass” y se consolidó como una de las voces más influyentes del rap femenino, con una base de seguidores integrada en gran parte por comunidades afroamericanas, migrantes y LGBTQ+.
Sin embargo, el reciente respaldo de Nicki Minaj a Donald Trump choca de frente con una parte central de su propia obra. Hoy, ese legado contrasta con una Minaj alineada a un proyecto político que persigue inmigrantes, ataca a las personas trans y refuerza un orden moral punitivo.
El contraste no es solo estético, es profundamente político. La Nicki que capitalizó un imaginario de empoderamiento, exceso y transgresión (inscripta en una tradición pop feminista) hoy respalda a una figura que encarna la restauración del control, la frontera y el castigo. En ese espejo incómodo, Pink Friday aparece casi como el archivo de otra Nicki Minaj: una que hablaba desde los márgenes y para los márgenes, y no desde el poder que hoy legitima redadas del ICE, discursos anti-trans y políticas que niegan, justamente, que las chicas (y las disidencias) puedan “divertirse” y vivir sin miedo.
Aunque ha vivido la mayor parte de su vida en EE.UU., recientemente declaró que está finalizando los trámites para obtener la ciudadanía estadounidense, vinculando ese proceso a una supuesta “Trump Gold Card”, un permiso especial promovido por el expresidente y que ella atribuye a su cercanía política con él.
Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, Minaj participó en eventos ligados al movimiento conservador estadounidense, como Turning Point USA y el Trump Accounts Summit en Washington, donde expresó su respaldo a Donald Trump y llegó a definirse como “probablemente su fan número uno”.
En esos espacios no solo elogió al mandatario, sino que también se comprometió a aportar dinero al programa Trump Accounts, una iniciativa federal que propone cuentas de ahorro para niños nacidos en EE.UU. Su apoyo fue amplificado incluso por canales oficiales de la Casa Blanca, generando un impacto inmediato en redes sociales.
El posicionamiento político de Minaj reavivó críticas previas por la difusión de contenidos interpretados como anti-trans, incluidos reposts y mensajes alineados con discursos trumpistas que atacan a las personas trans. Las reacciones no tardaron en llegar: figuras públicas y parte de su propio fandom la acusaron de transfobia y xenofobia.
Estas posturas marcaron una ruptura evidente con su imagen anterior, cuando era percibida como una aliada de la comunidad LGBTQ+ y una figura cercana a drag queens y activistas trans.
La respuesta de su base de fans fue contundente. Tras sus apariciones políticas, distintos medios reportaron la pérdida de millones de seguidores y un rechazo generalizado, especialmente entre públicos jóvenes y progresistas.
En ese contexto, Minaj desactivó su cuenta de Instagram. Aunque algunos señalan que ya había tenido períodos de inactividad, el cierre fue leído como parte del impacto del repudio social.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>El apoyo de Minaj a Trump se produce en un momento de fuerte tensión en Estados Unidos, marcado por denuncias de detenciones masivas y muertes de vinculadas a operativos del ICE. En ese escenario, el respaldo de celebridades a estas políticas es cada vez más cuestionado.
Artistas y referentes culturales han alzado la voz contra la violencia institucional y han criticado a quienes se alinean sin matices con administraciones responsables de estas prácticas, profundizando el debate sobre el rol político de las figuras públicas.
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Baja de la edad de imputabilidad: vaciar las escuelas para llenar las cárceles
31 de enero, por Reforma Penal Juvenil — Géneros y Sexualidades, Educación, Córdoba, Córdoba, Géneros y Sexualidades, Educación, Córdoba, Córdoba
El gobierno de Milei impulsa la baja de la edad de punibilidad y criminalización de la pobreza. Forma parte de un paquete de reformas que avanza en la quita de derechos a infancias y la juventud.
Como docente en contexto de encierro, cada día veo en carne viva en cada estudiante del Complejo Esperanza lo que significa para la juventud pobre ser el blanco de las políticas de un Estado que, lejos de ofrecer salidas, solo multiplica el castigo. El gobierno de Milei, apoyado por gobernadores como Llaryora, avanza con la baja de la edad de imputabilidad, una medida que no viene sola, que es parte de un paquete punitivista que busca criminalizar a la juventud de los barrios más humildes, mientras avanza con la reforma laboral y educativa para el conjunto de las nuevas generaciones, precarizando aún más a la juventud pobre en vez de ofrecer salidas reales a los problemas sociales que enfrentan.
La historia reciente y los testimonios de quienes pasaron por institutos y comisarías muestran que bajar la edad de imputabilidad no resuelve ningún problema social, solo llena las cárceles de pibes y pibas, transformando la pobreza en delito. Las cárceles y los institutos de menores son verdaderas picadoras de carne, donde la violencia institucional y la falta de derechos son moneda corriente y terminan siendo escuelas de criminalidad y sufrimiento para la juventud de los barrios más humildes. Más represión, más encierro, más mano dura: esa es la respuesta de los gobiernos a la desigualdad y la falta de futuro.
¿Cómo afectaría la baja de la edad de punibilidad a nuestros estudiantes?
La baja de la edad de imputabilidad significa que chicos y chicas a partir de 13 o 14 años, ya no de 16 años, podrían ser encarcelados y sometidos al sistema penal de adultos. De esta forma pretenden focalizar el problema en los menores, cuando son los pibes el último eslabón de cadenas delictivas mucho más grandes que tienen connivencia con el aparato judicial y el aparato policial.
El gobierno hace demagogia punitivista de “mano dura” apuntando contra los sectores más humildes y vulnerables para proteger un orden social injusto, mientras las estadísticas de la Corte Suprema y UNICEF demuestran que los delitos cometidos por menores de 16 años representan apenas el 0,1% del total en el país.
La cárcel para los menores no resuelve los problemas de fondo, sino que los profundiza: en vez de políticas de inclusión, educación y trabajo con derechos para las familias, se responde con castigo y encierro. Esta avanzada represiva, aplaudida por Sergio Berni, ex ministro de seguridad de Axel Kicillof y de Cristina Kirchner y actual senador por el bloque de Unión por la Patria, se da en un contexto donde el gobierno impulsa una reforma laboral que legaliza la precarización que ya padecen millones de jóvenes, impulsando contratos basura, despidos baratos, fin de la negociación colectiva y del derecho a huelga. De esta forma se busca fragmentar a la clase trabajadora y debilitar toda organización, para formar una generación de trabajadores sin derechos, fácilmente descartables y disciplinados por el miedo.
Junto con la Reforma Penal Juvenil y la Reforma Laboral impulsan la “Ley de Libertad Educativa”, que profundiza esta lógica: habilita prácticas formativas desde los 16 años, acercando mano de obra barata a las empresas, y promueve la educación en casa o híbrida, desentendiendo al Estado de su responsabilidad. Así, la escuela deja de ser un derecho y pasa a ser un servicio a la medida de las patronales, mientras se recortan derechos docentes y se limita el derecho a huelga.
En este contexto, la baja de la edad de imputabilidad no es un hecho aislado: es el engranaje de un sistema que, en vez de garantizar derechos, los arrasa.
En vez de más castigo y explotación necesitamos una educación pública, laica y de calidad para todos y todas, con mayor presupuesto, con ESI, con salarios y condiciones dignas; trabajo genuino y con derechos para la juventud y reducción de la jornada laboral sin rebaja salarial para repartir el trabajo existente.
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Si bien defendemos una educación en contexto de encierro que sea de calidad, científica, crítica y democrática, donde el debate, el cuestionamiento y la participación activa de la comunidad educativa sean centrales como un derecho mínimo, para quienes les han quitado tantos otros, y una herramienta de emancipación colectiva, estamos convencidos de que la educación y la vida para las infancias y juventudes debería ser ser en libertad. Por eso nos oponemos a la baja de la edad de imputabilidad, porque no queremos ni un pibe ni una piba más en las cárceles, estamos cansados de que se criminalice la pobreza y la juventud. Necesitamos políticas de inclusión, no de represión.
¿Qué salida proponemos para enfrentar estas reformas?
Sabemos que no hay "soluciones mágicas"; la salida pasa por garantizar educación, trabajo genuino y futuro para la juventud, no por llenar las cárceles de niños víctimas de un sistema que los excluye. Para enfrentar y tirar abajo todas estas reformas no hay salida individual posible. La única salida real es colectiva y desde abajo.
La experiencia muestra que la unidad y la organización de estudiantes, docentes, trabajadores y familias puede frenar los planes de ajuste y represión. Hay que rechazar la baja de la edad de punibilidad, la reforma antieducativa y la reforma laboral esclavista de Milei organizando asambleas en las escuelas, institutos y lugares de trabajo, y exigiendo a los sindicatos que rompan la tregua y llamen a un paro general con movilización el día que se trate la ley en el Congreso. Ese día tenemos que bloquear todo para tirar estas leyes antiderechos. Organizarnos y salir a la calle es la única manera de defender el futuro de nuestros estudiantes y de toda la juventud trabajadora.
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Reforma Laboral: la voz de mujeres referentes de las trabajadoras
30 de enero, por Entrevistas — Géneros y Sexualidades, Entrevista, Principal3, Santa Fe, Reforma laboral, Mujeres, Agrupación de mujeres Pan y Rosas, Géneros y Sexualidades, Entrevista, Principal3, Santa Fe, Reforma laboral, Mujeres, Agrupación de mujeres Pan y Rosas
Con esta entrevistas, desde la Agrupación feminista socialista de Pan y Rosas y de La Izquierda Diario continuamos la serie de artículos vinculados a la situación laboral de trabajadoras de diferentes sectores de nuestro país y a las consecuencias asociadas a la reforma laboral que proyecta el gobierno. Desde Rosario, entrevistamos a Carina Savone, subsecretaria de género del Sindicato Aceitero de Rosario, Florencia Sanjulian abogada del Sindicato de Prensa de Rosario y Sonia Tessa, periodista, trabajadora de prensa y feminista.
El gran Rosario se encuentra tercero en el ranking de desocupación con un 8,9%. Un estudio publicado por el Instituto Provincial de Estadísticas y Censo el 8 de marzo del 2025 anuncia que el 70% de las mujeres están abocadas a tareas de cuidado y domésticas, lo que particularmente nos afecta a la hora del acceso al empleo. Es aquí donde radica la famosa brecha salarial que Javier Milei y sus secuaces se encargan de negar sistemáticamente.
Las mujeres se insertan laboralmente en puestos menos calificados y empleos con mayor informalidad, lo que hace un diferencial de salarios muy importante con el de los varones. Contradictoriamente el nivel universitario completo oscila entre el 13,5% y el 20,2% para los varones, en el caso de las mujeres el rango es más alto, con valores que van del 17,2% al 27,5%. Esto explica que en las últimas décadas hubo un ingreso masivo de mujeres a la educación superior, pero también que los puestos mejor remunerados siguen estando reservados para los varones. Es imposible leer estos datos sin tener en cuenta que el 70% del trabajo doméstico y de cuidado están en mano de las mujeres.
En este marco, es que el gobierno de Javier Milei cerró el 2025 retomando una idea que ya flotaba en el deseo e imaginario del gobierno y los sectores del gran empresariado argentino: modificar el sistema laboral argentino. Esta propuesta de reforma tiene -entre otras cosas- como fin dos ejes centrales: profundizar la precarización laboral que ya existe en los empleos informales legalizándola para aquellos que cuentan con mayores derechos. Por el otro, reducir sustancialmente la representación sindical de trabajadores y trabajadoras y coartar todo tipo de reclamo colectivo frente a las patronales.
El proyecto de ley busca introducir severos cambios en el mundo del trabajo, empezando por la declaración de “esenciales” de diversos sectores de la economía, lo que tiene como fin empeorar las condiciones de trabajo ya que restaría la posibilidad de realizar paros y ceses laborales en caso de considerar injustas las condiciones.
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Con bancos de horas, donde las y los trabajadores negociarán con las patronales, se eliminarían las horas extras (que hoy se pagan diferenciadas y son opcionales), el empleador puede exigir jornadas laborales de más 8hs, sin pago diferencial. Las indemnizaciones pasarán a ser pagadas en un 3% por el salario de los y las trabajadoras: crea un Fondo de Asistencia Laboral (FAL), donde las patronales depositaron parte del salario del trabajador, si la indemnización supera el monto recaudado, puede acceder al pago de la indemnización con el aporte de jubilación. Esto hay que leerlo en línea con la legalización del despido discriminatorio, por razones sindicales, pero también afectando centralmente a mujeres embarazadas y a cargo del cuidado de niños y ancianos.
Consultadas por este debate que atraviesa al mundo del trabajo hablamos con sus protagonistas.
Carina Savoni, subsecretaria de Género del Sindicato Obreros y Empleados Aceiteros de Rosario: "Las que más vamos a sufrir somos las mujeres y disidencias, vamos a estar más expuestas a acosos, abusos, a despidos injustificados”
Carina Savoni es trabajadora aceitera, fue la primera mujer mecánica en la planta de la gran agroexportadora Cargill, en Villa Gobernador Gálvez. Desde el 2021 es subsecretaria de Género del Sindicato Obreros y Empleados Aceiteros de Rosario (SOEAR), siendo la primera mujer en integrar la comisión directiva de este gremio.
“Nosotras trabajamos en igualdad de condiciones ya que por la misma tarea recibimos el mismo salario que los compañeros trabajadores. Esto es impulsado por la Federación Aceitera en nuestro convenio colectivo de trabajo. Nosotras desde Rosario creamos la sub-secretaría de género para impulsar que las fábricas tomen más mujeres y disidencias en puestos operativos ya que en general los toman para puestos de limpieza o administrativos”
Consultada sobre la reforma laboral en concreto, Savoni nos cuenta que “en el caso de aprobarse la reforma laboral, yo creo que las que más lo vamos a sufrir somos las mujeres y disidencias. Vamos a estar más expuestas a acosos, abusos, a despidos injustificados ya que nos hacemos cargo de la mayoría de las tareas de cuidado que recaen en nosotras. Con esta reforma se le quita poder a los sindicatos. Y si los sindicatos no tienen poder, no van a poder defendernos, entonces estaríamos más débiles ante la sociedad y ante las empresas. Hoy las empresas no toman mujeres porque dicen que nos embarazamos, porque tenemos que cuidar a los adultos mayores, a las niñeces. Todo esto nos deja más expuestas, más desprotegidas.”
Le consultamos a la referente aceitera sobre cómo opinaba que se podría enfrentar este proyecto de reforma regresivo: “Yo creo que la forma de frenar esto es salir a la calle, unirnos como sociedad y entender que es una quita de derechos que no sólo le toca a los trabajadores, sino a las generaciones futuras. En algún momento nosotros vamos a tener que jubilarnos y con el FAL nos van a sacar toda la jubilación, nos van a sacar una vida digna. Esto afecta a todos y a todas. No hay un grupo que no afecte. Sólo al de los empresarios, al que favorece este tipo de gobierno neoliberal de derecha. Es un logro lo que han hecho ellos de hacerle creer a la gente que son trabajadores de derecha. Pero nosotros trabajadores no dejamos de ser nunca, somos trabajadores, clase obrera. Vivimos para trabajar, trabajamos para mantener a nuestras familias y tener una vida digna”
Florencia Sanjulian, abogada del sindicato de Prensa: "Es probable que se vean afectados los mecanismos de protección de las mujeres y disidencias en situaciones de violencia”
De aprobarse la reforma se anularía el Estatuto del Periodista, razón por la cual el Sindicato de Prensa de Rosario está haciendo una activa campaña contra el proyecto de Ley. Al respecto conversamos con Florencia Sanjulian, abogada del gremio y Sonia Tessa, periodista de Página 12 -entre otros medios- y militante feminista.
Le consultamos a la abogada Florencia Sanjulian qué es el estatuto del periodista y cuál es el ataque que supone la reforma laboral.
“El Estatuto del periodista (EPP) es una ley laboral de muchos años, que protege a las y los periodistas como trabajadores en un doble sentido, por un lado, fijando condiciones de trabajo, como ser jornada de labor máxima de 36 horas semanales, un período de prueba de tan solo 30 días, vacaciones contadas en días hábiles, categorías laborales, y también otorga una indemnización especial, además de la indemnización por antigüedad, para el caso de despido sin causa.
Como fue pensada al estilo de ley de prensa, el EPP también protege la libertad de pensamiento y expresión de quienes trabajan en medios de comunicación desde lo ideológico, les garantiza que sus afiliaciones a partidos políticos o sindicatos no sean causales de despido, les garantiza también el acceso a la información pública.
Esta ley dispone también una bonificación por retiro voluntario cuando el periodista tenga una antigüedad en el servicio superior a cinco años, consistente en medio mes de sueldo por cada año que exceda de los cinco y hasta un máximo de tres meses, que funciona como cláusula de conciencia.
Es decir que el EPP tiene una vinculación fuerte con las garantías constitucionales de los derechos humanos a la libertad de expresión, que lo transforman en una norma que excede el marco laboral y protege al periodista en su faz de trabajador intelectual que compromete y expone su propia subjetividad en la tarea, cuando informa, se expone, se enfrentan al poder económico, político, a sus propias patronales, entonces es lógico que tengan una protección legal fuerte, por la importancia social y democrática de la tarea que realizan.
El proyecto de reforma laboral, que no es de modernización sino de regresión en materia de derechos laborales, quiere derogar esta norma, sin debate, sin discusión, sin propuestas, simplemente derogar la norma, lo que implica menor protección a las y los trabajadores de prensa, pero también menores garantías de recibir información para la sociedad.”
“La reforma en los términos en que está planteada, afecta a todas las personas que trabajan. Avanza mucho sobre la eliminación de garantías laborales, socava principios fundamentales del derecho del trabajo y pretende poner en igualdad de condiciones a las y los trabajadores con sus empleadores, igualdad que sabemos no existe.
Entre todas las reformas que propone, hay algunas que pueden afectar en mayor medida a las mujeres y a quienes asumen tareas de cuidado en general, y son las que tienen que ver con la flexibilización de la jornada de trabajo, que según el proyecto se puede pactar con el empleador –algo que por correlación de fuerzas es prácticamente imposible. Esto nos puede llevar a una jornada de labor que puede cambiar según las necesidades del empleador, y que entonces nos va a generar mayores dificultades a la hora de la organización familiar, capaz un día trabajás 4 horas y al siguiente 12 y esto podría reproducirse aleatoriamente durante semanas.
Lo mismo pasa con las vacaciones, que se podrán fraccionar en períodos de 7 días, y sólo uno cada 3 años será en verano, que es justamente el período de vacaciones escolares, el tiempo de descanso y de compartir en familia y cuando la demanda de cuidado puede ser mayor. Esas son situaciones que recaen sobre las personas cuidadoras.
Por otro lado, como la reforma debilita mucho la negociación colectiva y el poder de acción de los sindicatos, también se podrán afectar derechos de mujeres. Entre muchas otras cosas, los convenios colectivos de trabajo resultan herramientas donde se pactan protocolos por violencia laboral, por violencia de género, y también licencias especiales frente a estas situaciones. Si los gremios se ven restringidos en sus capacidades de negociar colectivamente, es probable que se vean afectados también estos mecanismos de protección de las mujeres y disidencias en situaciones de violencia.”
Sonia Tessa, periodista de Página 12 y militante feminista: "La reforma laboral va a ir en detrimento de las tareas de cuidado que hoy asumen básicamente las mujeres y va a profundizar las desigualdades”
Por su parte, la periodista Sonia Tessa aportó su mirada crítica y contundente que la caracteriza:
“Nuestro reclamo central tiene que ver con la derogación del estatuto del periodista, como se derogan todos los convenios especiales. El estatuto del periodista es una forma de protección a nuestro laburo, pero se derogan distintas protecciones a la especificidad de cada trabajo porque está claro que el objetivo de esta reforma es que el trabajo sea una variable muy económica para quienes son empleadores.
Pero además por supuesto reclamamos en contra de todas las medidas anti-obreras o anti-trabajadores de la reforma. Sí creo que la reforma va a afectar de forma particular a las mujeres trabajadoras, teniendo en cuenta que es una reforma que es una gran transferencia de recursos, pero también de obligaciones, desde el sector patronal transfiriéndolos al sector de los trabajadores. Creo que a las mujeres trabajadoras en particular, toda la cuestión de los bancos de horas, de las grandes libertades que va a tener la patronal para manejar vacaciones, incluso de las imposibilidad para las mujeres de tomarse todos los convenios como los días para el cuidado de familiares enfermos, cuando las mujeres en general son quienes se hacen cargo de las tareas de cuidado. Si bien eso es bueno ponerlo en discusión para que esas tareas sean mejor repartidas, hoy la realidad es que la asumen básicamente las mujeres y la reforma laboral va a ir en detrimento de todas estas situaciones y profundizar las desigualdades”
El 11 de febrero se espera que la reforma se trate en la Cámara de Senadores, el sábado 7 nos movilizaremos en una nueva marcha del orgullo antifascista, antiracista y anti-imperialista. A un año del discurso de Mieli en Davos que despertó la bronca y resistencia del colectivo LGTBIQ+, las calles de Rosario y todo el país harán un fuerte eje contra la reforma laboral. El 11 seguimos insistiendo en la necesidad de que se convoque a un gran paro nacional que rodee el congreso y cada plaza del país para derrotar la reforma de Milei y los empresarios. Compañeras: nos vemos en las calles.
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Rosario: referentes aceiteras y de prensa cuestionan la reforma laboral
30 de enero, por Entrevistas — Géneros y Sexualidades, Entrevista, Santa Fe, Reforma laboral, Mujeres trabajadoras, Agrupación de mujeres Pan y Rosas, Géneros y Sexualidades, Entrevista, Santa Fe, Reforma laboral, Mujeres trabajadoras, Agrupación de mujeres Pan y Rosas
Entrevistamos a Carina Savone, subsecretaria de género del Sindicato Aceitero de Rosario, a Florencia Sanjulián, abogada del Sindicato de Prensa de Rosario, y a Sonia Tessa, periodista, trabajadora de prensa y feminista. Con estas entrevistas, desde la Agrupación feminista socialista de Pan y Rosas y de La Izquierda Diario continuamos la serie de artículos vinculados a la situación laboral de trabajadoras de diferentes sectores de nuestro país y a las consecuencias asociadas a la reforma laboral que proyecta el gobierno.
El gran Rosario se encuentra tercero en el ranking de desocupación con un 8,9%. Un estudio publicado por el Instituto Provincial de Estadísticas y Censo el 8 de marzo del 2025 anuncia que el 70% de las mujeres están abocadas a tareas de cuidado y domésticas, lo que particularmente nos afecta a la hora del acceso al empleo. Es aquí donde radica la famosa brecha salarial que Javier Milei y sus secuaces se encargan de negar sistemáticamente.
Las mujeres se insertan laboralmente en puestos menos calificados y empleos con mayor informalidad, lo que hace un diferencial de salarios muy importante con el de los varones. Contradictoriamente el nivel universitario completo oscila entre el 13,5% y el 20,2% para los varones, en el caso de las mujeres el rango es más alto, con valores que van del 17,2% al 27,5%. Esto explica que en las últimas décadas hubo un ingreso masivo de mujeres a la educación superior, pero también que los puestos mejor remunerados siguen estando reservados para los varones. Es imposible leer estos datos sin tener en cuenta que el 70% del trabajo doméstico y de cuidado están en mano de las mujeres.
En este marco, es que el gobierno de Javier Milei cerró el 2025 retomando una idea que ya flotaba en el deseo e imaginario del gobierno y los sectores del gran empresariado argentino: modificar el sistema laboral argentino. Esta propuesta de reforma tiene -entre otras cosas- como fin dos ejes centrales: profundizar la precarización laboral que ya existe en los empleos informales legalizándola para aquellos que cuentan con mayores derechos. Por el otro, reducir sustancialmente la representación sindical de trabajadores y trabajadoras y coartar todo tipo de reclamo colectivo frente a las patronales.
El proyecto de ley busca introducir severos cambios en el mundo del trabajo, empezando por la declaración de “esenciales” de diversos sectores de la economía, lo que tiene como fin empeorar las condiciones de trabajo ya que restaría la posibilidad de realizar paros y ceses laborales en caso de considerar injustas las condiciones.
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Con bancos de horas, donde las y los trabajadores negociarán con las patronales, se eliminarían las horas extras (que hoy se pagan diferenciadas y son opcionales), el empleador puede exigir jornadas laborales de más 8hs, sin pago diferencial. Las indemnizaciones pasarán a ser pagadas en un 3% por el salario de los y las trabajadoras: crea un Fondo de Asistencia Laboral (FAL), donde las patronales depositaron parte del salario del trabajador, si la indemnización supera el monto recaudado, puede acceder al pago de la indemnización con el aporte de jubilación. Esto hay que leerlo en línea con la legalización del despido discriminatorio, por razones sindicales, pero también afectando centralmente a mujeres embarazadas y a cargo del cuidado de niños y ancianos.
Consultadas por este debate que atraviesa al mundo del trabajo hablamos con sus protagonistas.
Carina Savoni, subsecretaria de Género del Sindicato Obreros y Empleados Aceiteros de Rosario: "Las que más vamos a sufrir somos las mujeres y disidencias, vamos a estar más expuestas a acosos, abusos, a despidos injustificados”
Carina Savoni es trabajadora aceitera, fue la primera mujer mecánica en la planta de la gran agroexportadora Cargill, en Villa Gobernador Gálvez. Desde el 2021 es subsecretaria de Género del Sindicato Obreros y Empleados Aceiteros de Rosario (SOEAR), siendo la primera mujer en integrar la comisión directiva de este gremio.
“Nosotras trabajamos en igualdad de condiciones ya que por la misma tarea recibimos el mismo salario que los compañeros trabajadores. Esto es impulsado por la Federación Aceitera en nuestro convenio colectivo de trabajo. Nosotras desde Rosario creamos la sub-secretaría de género para impulsar que las fábricas tomen más mujeres y disidencias en puestos operativos ya que en general los toman para puestos de limpieza o administrativos”
Consultada sobre la reforma laboral en concreto, Savoni nos cuenta que “en el caso de aprobarse la reforma laboral, yo creo que las que más lo vamos a sufrir somos las mujeres y disidencias. Vamos a estar más expuestas a acosos, abusos, a despidos injustificados ya que nos hacemos cargo de la mayoría de las tareas de cuidado que recaen en nosotras. Con esta reforma se le quita poder a los sindicatos. Y si los sindicatos no tienen poder, no van a poder defendernos, entonces estaríamos más débiles ante la sociedad y ante las empresas. Hoy las empresas no toman mujeres porque dicen que nos embarazamos, porque tenemos que cuidar a los adultos mayores, a las niñeces. Todo esto nos deja más expuestas, más desprotegidas.”
Le consultamos a la referente aceitera sobre cómo opinaba que se podría enfrentar este proyecto de reforma regresivo: “Yo creo que la forma de frenar esto es salir a la calle, unirnos como sociedad y entender que es una quita de derechos que no sólo le toca a los trabajadores, sino a las generaciones futuras. En algún momento nosotros vamos a tener que jubilarnos y con el FAL nos van a sacar toda la jubilación, nos van a sacar una vida digna. Esto afecta a todos y a todas. No hay un grupo que no afecte. Sólo al de los empresarios, al que favorece este tipo de gobierno neoliberal de derecha. Es un logro lo que han hecho ellos de hacerle creer a la gente que son trabajadores de derecha. Pero nosotros trabajadores no dejamos de ser nunca, somos trabajadores, clase obrera. Vivimos para trabajar, trabajamos para mantener a nuestras familias y tener una vida digna”
Florencia Sanjulián, abogada del sindicato de Prensa: "Es probable que se vean afectados los mecanismos de protección de las mujeres y disidencias en situaciones de violencia”
De aprobarse la reforma se anularía el Estatuto del Periodista, razón por la cual el Sindicato de Prensa de Rosario está haciendo una activa campaña contra el proyecto de Ley. Al respecto conversamos con Florencia Sanjulián, abogada del gremio y Sonia Tessa, periodista de Página 12 -entre otros medios- y militante feminista.
Le consultamos a la abogada Florencia Sanjulián qué es el estatuto del periodista y cuál es el ataque que supone la reforma laboral.
“El Estatuto del periodista (EPP) es una ley laboral de muchos años, que protege a las y los periodistas como trabajadores en un doble sentido, por un lado, fijando condiciones de trabajo, como ser jornada de labor máxima de 36 horas semanales, un período de prueba de tan solo 30 días, vacaciones contadas en días hábiles, categorías laborales, y también otorga una indemnización especial, además de la indemnización por antigüedad, para el caso de despido sin causa.
Como fue pensada al estilo de ley de prensa, el EPP también protege la libertad de pensamiento y expresión de quienes trabajan en medios de comunicación desde lo ideológico, les garantiza que sus afiliaciones a partidos políticos o sindicatos no sean causales de despido, les garantiza también el acceso a la información pública.
Esta ley dispone también una bonificación por retiro voluntario cuando el periodista tenga una antigüedad en el servicio superior a cinco años, consistente en medio mes de sueldo por cada año que exceda de los cinco y hasta un máximo de tres meses, que funciona como cláusula de conciencia.
Es decir que el EPP tiene una vinculación fuerte con las garantías constitucionales de los derechos humanos a la libertad de expresión, que lo transforman en una norma que excede el marco laboral y protege al periodista en su faz de trabajador intelectual que compromete y expone su propia subjetividad en la tarea, cuando informa, se expone, se enfrentan al poder económico, político, a sus propias patronales, entonces es lógico que tengan una protección legal fuerte, por la importancia social y democrática de la tarea que realizan.
El proyecto de reforma laboral, que no es de modernización sino de regresión en materia de derechos laborales, quiere derogar esta norma, sin debate, sin discusión, sin propuestas, simplemente derogar la norma, lo que implica menor protección a las y los trabajadores de prensa, pero también menores garantías de recibir información para la sociedad.”
“La reforma en los términos en que está planteada, afecta a todas las personas que trabajan. Avanza mucho sobre la eliminación de garantías laborales, socava principios fundamentales del derecho del trabajo y pretende poner en igualdad de condiciones a las y los trabajadores con sus empleadores, igualdad que sabemos no existe.
Entre todas las reformas que propone, hay algunas que pueden afectar en mayor medida a las mujeres y a quienes asumen tareas de cuidado en general, y son las que tienen que ver con la flexibilización de la jornada de trabajo, que según el proyecto se puede pactar con el empleador –algo que por correlación de fuerzas es prácticamente imposible. Esto nos puede llevar a una jornada de labor que puede cambiar según las necesidades del empleador, y que entonces nos va a generar mayores dificultades a la hora de la organización familiar, capaz un día trabajás 4 horas y al siguiente 12 y esto podría reproducirse aleatoriamente durante semanas.
Lo mismo pasa con las vacaciones, que se podrán fraccionar en períodos de 7 días, y sólo uno cada 3 años será en verano, que es justamente el período de vacaciones escolares, el tiempo de descanso y de compartir en familia y cuando la demanda de cuidado puede ser mayor. Esas son situaciones que recaen sobre las personas cuidadoras.
Por otro lado, como la reforma debilita mucho la negociación colectiva y el poder de acción de los sindicatos, también se podrán afectar derechos de mujeres. Entre muchas otras cosas, los convenios colectivos de trabajo resultan herramientas donde se pactan protocolos por violencia laboral, por violencia de género, y también licencias especiales frente a estas situaciones. Si los gremios se ven restringidos en sus capacidades de negociar colectivamente, es probable que se vean afectados también estos mecanismos de protección de las mujeres y disidencias en situaciones de violencia.”
Sonia Tessa, periodista de Página 12 y militante feminista: "La reforma laboral va a ir en detrimento de las tareas de cuidado que hoy asumen básicamente las mujeres y va a profundizar las desigualdades”
Por su parte, la periodista Sonia Tessa aportó su mirada crítica y contundente que la caracteriza:
“Nuestro reclamo central tiene que ver con la derogación del estatuto del periodista, como se derogan todos los convenios especiales. El estatuto del periodista es una forma de protección a nuestro laburo, pero se derogan distintas protecciones a la especificidad de cada trabajo porque está claro que el objetivo de esta reforma es que el trabajo sea una variable muy económica para quienes son empleadores.
Pero además por supuesto reclamamos en contra de todas las medidas anti-obreras o anti-trabajadores de la reforma. Sí creo que la reforma va a afectar de forma particular a las mujeres trabajadoras, teniendo en cuenta que es una reforma que es una gran transferencia de recursos, pero también de obligaciones, desde el sector patronal transfiriéndolos al sector de los trabajadores. Creo que a las mujeres trabajadoras en particular, toda la cuestión de los bancos de horas, de las grandes libertades que va a tener la patronal para manejar vacaciones, incluso de las imposibilidad para las mujeres de tomarse todos los convenios como los días para el cuidado de familiares enfermos, cuando las mujeres en general son quienes se hacen cargo de las tareas de cuidado. Si bien eso es bueno ponerlo en discusión para que esas tareas sean mejor repartidas, hoy la realidad es que la asumen básicamente las mujeres y la reforma laboral va a ir en detrimento de todas estas situaciones y profundizar las desigualdades”
El 11 de febrero se espera que la reforma se trate en la Cámara de Senadores, el sábado 7 nos movilizaremos en una nueva marcha del orgullo antifascista, antiracista y anti-imperialista. A un año del discurso de Mieli en Davos que despertó la bronca y resistencia del colectivo LGTBIQ+, las calles de Rosario y todo el país harán un fuerte eje contra la reforma laboral. El 11 seguimos insistiendo en la necesidad de que se convoque a un gran paro nacional que rodee el congreso y cada plaza del país para derrotar la reforma de Milei y los empresarios. Compañeras: nos vemos en las calles.
