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El regreso de la delgadez extrema (¿alguna vez se fue?)
22 de marzo, por El Círculo Rojo — Géneros y Sexualidades, Belleza, Feminismo, El Círculo Rojo, delgadez extrema, estándares de belleza, Géneros y Sexualidades, Belleza, Feminismo, El Círculo Rojo, delgadez extrema, estándares de belleza
Nuevos y viejos estándares de belleza. Mandatos, control social y feminismos.
· No sé si vieron la ceremonia de los premios Oscar. La alfombra roja estuvo escasa de declaraciones políticas pero, ¿saben de que estuvo llena? De cuerpos raquíticos. Demi Moore, Emma Stone, Nicole Kidman, entre varias otras. Ellas no son el problema en sçi mismo sino la imagen que muestra, se premia y se glorifica.
· Hoy hay muchos debates sobre el Ozempic (un medicamento creado para la diabetes que se usa actualmente para bajar de peso) pero la verdad es que el Ozempic hoy ocupa el lugar que antes era exclusivo de dietas restrictivas, ayuno, anorexia. Y convive con todas y en todo caso acelera los ritmos.
· Sobre esa alfombra roja, la directora Chloé Wallace dijo que había vuelto “la delgadez como capital, como moneda de cambio, como señal de que sos alguien que se controla, se disciplina”.
· Me parece interesante porque condensa temas clave que se pierden de vista porque hoy muchos discursos sobre la delgadez se camuflan como “saludable”, pero siempre estuvieron asociados a ideales de belleza. Ese disfraz funciona también en discursos moralizantes hacia las personas gordas (“te lo digo por tu salud”), pero hoy además se agregan como valores el autocontrol, el deseo, el orden y el éxito.
· El mandato de la belleza es un viejo conocido de los feminismos. En 1968, en la protesta contra el concurso Miss America, las feministas tiran al “tacho de basura de la libertad” tacos, corsets y otras cosas que consideraban “instrumentos de tortura” para mantener estándares de belleza.
· FEA es uno de los insultos más transversales contra las feministas. Y el que se agrega hoy es GORDA, como ejemplifica el post de Daniel Parisini(influencer y casi funcionario del gobierno de Javier Milei): “lo único bueno del #8M es que un montón de gordas salen a caminar”.
· Durante la útlima década feminista iniciada por el movimiento Ni Una Menos en 2015, los estándares de belleza y la delgadez extrema fueron criticados. Incluso existió una versión de mercado de esas ideas: el body positive (positividad o diversidad corporal), con algunas “consecuencias” positivas como la aparición de algunos cuerpos distintos en publicidad, producciones culturales y alguna modelo que pesaba más de 50 kilos.
Reacción política y estética
· Y así como la reacción política responde a la movilización y cuestionamientos feministas, en el plano de la estética vuelven tendencias conservadoras (clean girl, fundy baby voice, energía femenina, mosrarte débil para no espantar a los varones) y el regreso de la delgadez extrema se inscribe en ese movimiento.
Te puede interesar: TITULO¿Existe la energía femenina?
· En una entrevista de Página/12, Danila Suárez Tomé (filósofa y feminista) explicó cómo se combinan la esfera privada y pública cuando se trata del cuerpo femenino: “las mujeres estamos sometidas a un régimen de visibilidad que asocia nuestro valor a encarnar ciertas formas corporales. Las prácticas estéticas no son simples elecciones privadas, sino respuestas estratégicas al sistema”.
· Hablando de belleza y sistema, en 1990 se publicó El mito de la belleza de Naomi Wolf (hoy es una referente de sectores antivacunas y de derecha, pero el libro sigue siendo interesante). El mito de la belleza explica que cuando las mujeres ganan poder (porque conquistan derechos con su lucha, destruyen prejuicios), surgen nuevas formas de control como la presión estética.
· Pensándolo así, no es raro que al cuestionamiento previo le siga esta ola. No significa que sea inevitable, sirve para mantenerse alerta y no minimizar cosas que pasan en las redes sociales y retroalimentan valores conservadores y hasta conductas que provocan problemas de salud como las dietas restrictivas, los trastornos alimenticios o la obsesión por el cuidado de la piel desde edades muy tempranas.
· Siempre existen decisiones individuales pero cuando vivimos en sociedades en las que está naturalizada la vigilancia sobre el cuerpo de las mujeres, esas decisiones no son 100% libres.
· Yo puedo amar mi cuerpo pero una vez que salgo de mi casa o publico una foto en Instagram, la imagen que circula de mí ya no es mía, es juzgada y valorada por estándares sociales. Y aunque yo los ignore afectan mi posibilidad de conseguir trabajo, entablar relaciones con otras personas y hasta que escuchen mi voz.
· ¿Qué quiere decir? Que incluso cuando con más derechos y mayor participación en diferentes ámbitos, mucho del valor social de las mujeres sigue siendo medido por cómo puede ser consumido como un objeto.
· ¿Qué hackeo tiene ese mandato hoy? Que ser linda y flaca está camuflado como autocuidado y parece algo que podemos controlar en momentos de incertidumbre, pero eso no borra todo lo que influye y condiciona las decisiones individuales.
· Y hay un bonus track: encaja perfecto en la narrativa individual contemporánea y la demonización de lo colectivo y lo comunitario, que siempre fue el terreno más fértil para los cuestionamientos feministas, es donde te das cuenta de que no es un problema individual, que ser linda, ser flaca y eternamente joven es una presión social, es un mandato patriarcal, y lo más importante, se puede destruir.
· Para alguna gente es anacrónico charlar sobre esto porque no estamos en 2018 pero todo lo contrario. Si entran a Tik Tok, Instagram o Pinterest y buscan tendencias como SKINNYTOK, Clean Girl o CGA, glow skin y van a ver que está más vigente que nunca.
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Sede del 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianxs, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries
20 de marzo, por Córdoba — Géneros y Sexualidades, LGTBIQ+, Córdoba, Géneros y Sexualidades, LGTBIQ+, Córdoba
La Comisión Organizadora del Encuentro Plurinacional, lanzó un comunicado en el que señalan que "los feminismos en Córdoba organizamos el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans Bisexuales, Intersex y No Binaries para el fin de semana del 10 al 12 de Octubre. En Argentina, frente a los ataques del gobierno de Milei y junto a los movimientos de mujeres y diversidades en lucha en todo el mundo, copamos las calles contra los ataques de la extrema derecha." Reproducimos el texto completo a continuación.
Córdoba será sede del 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianxs, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries
Los feminismos en Córdoba organizamos el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans Bisexuales, Intersex y No Binaries para el fin de semana del 10 al 12 de Octubre. En Argentina, frente a los ataques del gobierno de Milei y junto a los movimientos de mujeres y diversidades en lucha en todo el mundo, copamos las calles contra los ataques de la extrema derecha.
El ajuste y recorte a las políticas de género, los retrocesos en derechos conquistados, los discursos de odio constantes, nos ponen frente a nuevos desafíos. El avance de la reforma laboral empeora nuestras condiciones de vida ya que somos las mujeres y disidencias quienes tenemos los peores sueldos y trabajos más precarizados. Es desde esa mirada que mujeres, lesbianas, bisexuales, travestis, transexuales, intersex, las disidencias, las hermanas de las comunidades preexistentes y sectores en lucha nos unimos para organizar un encuentro pluri masivo y combativo.
Los Encuentros plurinacionales son espacios masivos y autoconvocados: el último, en Corrientes, reunió a más de 100 mil mujeres y disidencias de todo el país. Durante tres días se realizan talleres, actividades culturales y marchas donde se debaten las problemáticas que nos atraviesan cotidianamente. Se caracterizan por ser autoconvocados, autónomos y autofinanciados; plurales, plurinacionales y federales; democráticos y horizontales, garantizando la participación amplia de mujeres y disidencias de distintos orígenes, migrantes y de los pueblos originarios, a lo largo y ancho de todo el territorio del Abya Yala.
Para la organización del Encuentro se conformó una Comisión Organizadora que se reúne en plenarias abiertas. La próxima plenaria será el 28 de marzo a las 16 horas en la Plaza Seca de la UNC. Desde una mirada transfeminista, plurinacional y disidente, convocamos a todas las mujeres y disidencias a sumarse y participar, aportando desde sus experiencias y territorios.
Nuestras redes: instagram: @39encuentropluri.cba
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¿El problema son los varones?
19 de marzo, por Ideas de Izquierda — Géneros y Sexualidades, Edición Estado Español, Edición México, Juventud , antifeminismo, Contrapunto 184 - 22/03/2026, Géneros y Sexualidades, Edición Estado Español, Edición México, Juventud , antifeminismo, Contrapunto 184 - 22/03/2026
En marzo, cerca del Día Internacional de las Mujeres, la universidad británica King's College y la consultora Ipsos publicaron un estudio que reúne las respuestas de una encuesta realizada a personas de diferentes generaciones en 29 países sobre sus ideas y percepciones relacionadas con la desigualdad entre los géneros. La publicación provocó artículos y columnas de opinión con tono de alarma: “los varones jóvenes son cada vez más conservadores”. Sería una sorpresa si no viniéramos leyendo hace algunos años artículos y columnas de opinión sobre resultados electorales y tendencias en redes sociales, pero lo más llamativo de estas “señales de alarma” es que casi no aparecen acuses de recibo de que este conservadurismo es, en parte, resultado de narrativas de derecha y ultraderecha que vienen canalizando el descontento con el neoliberalismo, especialmente entre varones jóvenes.
Entre las respuestas más comentadas están: un tercio de los varones de la generación Z (personas nacidas entre 1996 y 2012) cree que la esposa debe obedecer al marido y duplica a los boomers (nacidos entre 1946 y 1964), entre quienes predominan visiones tradicionales sobre la toma de decisiones dentro del matrimonio. Esta relación se replica en cuestiones como que el 24 % de los varones jóvenes encuestados cree que las mujeres no deberían mostrarse independientes o autosuficientes (12 % entre boomers), o que una “verdadera mujer” no debe iniciar relaciones sexuales (21 % de centennials versus 7 % de boomers).
La investigadora Heejung Chung, de King's College, apunta a una acumulación de frustraciones y miedo de los varones a perder posiciones sociales, no solamente económicas sino también de autoridad y estatus. “Existe un vacío”, explica Chung, “que se llenan con retórica y voces que arrojan a los varones jóvenes contra la igualdad de género, contra mujeres jóvenes y migrantes”. Esas “retóricas y voces” son referentes y partidos de derecha, que explotan miedos y frustraciones, y recién cuando se traducen en opciones electorales empezaron a encender señales de alarma en sectores del establishment político y mediático. Es una secuencia conocida en países tan distintos como el Reino Unido, Francia o el Estado español, Estados Unidos, Corea del Sur o Argentina. Con similitudes y diferencias, los últimos años vieron cómo nuevas y viejas derechas canalizaron el descontento con gobiernos que aplicaron planes económicos neoliberales mientras usufructuaban agendas progresistas (con algunas políticas públicas marginales y la apropiación y utilización de discursos feministas y del movimiento LGBT).
Esa apropiación (útil para legitimar agendas económicas antipopulares) quizás explique gran parte de la percepción de que la igualdad de género “fue demasiado lejos” y la identificación negativa de la lucha contra la opresión. Más de la mitad de las personas encuestadas (52 %; 58 % entre varones y 47 % entre mujeres) cree que la promoción de la igualdad terminó discriminando a los varones. Ese porcentaje promedio encuentra picos en países como Argentina (60 %) o Chile (65 %), donde el antifeminismo alimentó el recambio electoral hacia la derecha, pero también en México (66 %) o Colombia (61 %), donde aquella percepción no se tradujo de la misma manera. Esa idea convive con otra que puede sonar contradictoria: el 54 % cree que las mujeres no alcanzarán la igualdad de género a menos que haya más mujeres en lugares de poder en la política y las empresas.
A propósito de la idea “las cosas fueron demasiado lejos” (en sintonía con “se pasaron tres pueblos”), la frase que elige el estudio de Ipsos (“Cuando se trata de darle a las mujeres igualdad de derechos con los hombres, las cosas fueron demasiado lejos en mi país”) colabora de alguna forma con la narrativa cuyos resultados luego se señalan con preocupación. En otro sentido, el estudio argentino del Centro de Estudios de Estado y Sociedad sobre género y derechos sexuales hizo una pregunta diferente: “¿Cuánto más considerás que habría que hacer para asegurar la igualdad de derechos de todas las personas en el país?”. En promedio, el 80 % respondió “mucho” (el 85 % de las mujeres y el 75 % de los varones), y presenta varios hallazgos en las respuestas sobre cuán involucrado debería estar el Estado en temas relacionados con la violencia machista o la salud sexual, entre otros. Un dato importante es que el estudio se realizó durante el primer año del gobierno de Javier Milei, en plena batalla cultural antifeminista.
La forma de preguntar abona percepciones que fueron alimentadas durante años mientras se precarizaba el trabajo y se erosionaban las condiciones de vida de la mayoría. Al reproducirse en un contexto específico (sociedades capitalistas), la desigualdad de género no funciona de forma aislada de las condiciones materiales; sin embargo, narrativas de signos opuestos suelen separarlas. Ya sea para apropiarse de determinadas agendas o para transformarlas en combustible de batallas culturales. Dos ejemplos que ilustran esa utilización son el último gobierno del Frente de Todos, que inundó de políticas simbólicas y algunas políticas públicas sobre violencia con presupuestos marginales, y el gobierno actual de La Libertad Avanza, que encarnó en la destrucción del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad su batalla cultural “contra la casta” y el “negocio” del feminismo, cuyas principales damnificadas fueron las mujeres pobres, con la eliminación de un acompañamiento económico magro a las víctimas de violencia machista y el vaciamiento de las líneas de atención.
Entre la nostalgia y la incertidumbre
El atractivo de roles de género y modelos de familia tradicionales canaliza, además, mucha de la insatisfacción con la vida en el neoliberalismo. Los discursos reaccionarios vienen explotando de forma efectiva la idea de que la mayoría vive peor porque el feminismo y el movimiento LGBT destruyeron el orden social “natural” al cuestionar los roles del varón proveedor y la mujer madre/ama de casa con la “ideología de género”. Y desde ahí proponen volver a un “pasado mejor” despojado de los problemas y las contradicciones actuales (cuyo responsable directo sigue siendo el capitalismo, la fuerza más eficaz para destruir la familia, parafraseando al sociólogo Göran Therborn). Pero estos discursos reaccionarios, que impactan especialmente en varones jóvenes, no surgen de la nada ni son un resultado inevitable. Durante años se fomentaron (o no se combatieron) esos discursos como contraposición a la movilización de las mujeres, personas LGBT, migrantes y otros grupos oprimidos. A esto se sumó la amplificación en redes sociales y medios de comunicación (los medios masivos privilegiaron dar voz a “outsiders” de derecha porque rendía comercial y políticamente, y los algoritmos vienen siendo señalados hace algunos años por ofrecer un terreno fértil a los discursos de odio).
En el mismo contexto de insatisfacción con la vida contemporánea, los feminismos (con sus diferencias y discusiones) ofrecieron reflexiones colectivas, deliberación, así como nuevas ideas e imágenes a las mujeres y personas LGBT para pensarse fuera de los roles femeninos tradicionales y desnaturalizar la opresión de género como justificación de múltiples desigualdades. Frente a esas mismas sociedades desiguales y violentas, los varones jóvenes, que también son afectados y presionados por estereotipos patriarcales y roles tradicionales en crisis, empezaron a encontrar algunas respuestas en referentes políticos, influencers y comunidades digitales conocidas como la manósfera.
Un breve paréntesis: existieron múltiples discusiones sobre el lugar de los varones en los feminismos. Durante varios años, el feminismo de izquierda, socialista, y otras perspectivas anticapitalistas peleamos por subrayar el aspecto emancipatorio de la lucha contra la opresión y cuestionamos enfoques esencialistas que minaban alianzas sociales poderosas. Pero, a pesar de esas diferencias y prácticas criticadas dentro del propio movimiento (como los escraches), no fueron los feminismos los responsables del sentimiento de exclusión que alentó la simpatía por discursos reaccionarios. Fue el propio desarrollo de las sociedades capitalistas, en las que no hay lugar para el antiguo rol del varón proveedor (económicamente inviable) o el varón dominante (que impone su autoridad con violencia, hoy cuestionado), y existe una escasez de modelos alternativos de masculinidad si sos un varón joven que no se siente interpelado por los feminismos.
A todos esos varones les hablaron referentes como Andrew Tate, Jordan Peterson y variantes locales como Agustín Laje en Argentina: les ofrecieron respuestas, explicaciones a sus frustraciones y, sobre todo, responsables (feministas, personas LGBT, mujeres pobres, migrantes). Los discursos antifeministas crecieron también como una reacción a lo que muchas narrativas presentaron como “privilegios”. En La vida emocional del populismo (Katz Editores), la socióloga Eva Illouz habla de “privilegio agraviado”, una “herida que sienten los grupos que reclaman el privilegio perdido o denuncian el privilegio de otros”. Para la mayoría de los varones no se trata realmente de privilegios sino de una pérdida de estatus individual o colectivo, y no se trata exclusivamente de estatus económico sino de reconocimiento y autoridad en la sociedad en general. Esa pérdida de estatus está muy relacionada con la precarización del empleo, el desempleo extendido y la imposibilidad de sostener el hogar con el ingreso masculino (con la autoridad patriarcal que eso conlleva).
La circulación de contenidos antifeministas en internet se dio en un contexto marcado por los cambios en las formas de sociabilidad que introdujo la pandemia, pero también la pauperización, destrucción y privatización de espacios públicos que favorecieron el aislamiento. Debilitar los lazos comunitarios también hizo más fértil la recepción de discursos que explotaron el odio y el resentimiento. Esas explicaciones encajaron bien en la percepción de que los varones viven peor por culpa de las mujeres y su movilización, y son funcionales a seguir reproduciendo sociedades cada vez más desiguales, porque no hay nada más efectivo que escuchar que una persona parecida a vos se está beneficiando mientras vos perdés dinero, empleo u oportunidades.
¿La generación Z es de derecha?
La respuesta cómoda y tranquilizadora para muchos es sí: solo hay jóvenes de derecha a quienes ofrecerles una alternativa funcional a los intereses del sector que quiera conquistarlos (medios, plataformas, establishment). Pero la respuesta de la vida real es más complicada. Si hay algo que caracteriza a esta generación es la polarización política, una brecha de género que crece y fenómenos políticos variados. La polarización es un signo de estos tiempos y la generación Z no es la excepción: cuando se habla de la “juventud de derecha” suele ser una referencia a fenómenos electorales que involucran especialmente a los varones centennial (y suelen tener explicaciones que van más allá de navegar en la manósfera). Sobre la brecha de género, el estudio de Ipsos pregunta acerca del futuro y, en promedio, el 55 % cree que las jóvenes tendrán una vida mejor que la de las mujeres que las precedieron (sin variaciones con encuestas anteriores); sin embargo, entre los varones el optimismo (40 %) experimentó un descenso.
La antropóloga y periodista española Nuria Alabao, autora del libro Ínceles, gymbros, criptobros y otras especies antifeministas, explica que los discursos reaccionarios “parten de los malestares de los jóvenes y de los problemas de hacerse adulto en un mundo donde la crisis de vivienda y los problemas de precariedad les hacen depender cada vez más de los padres hasta edades elevadas. Y esto se cruza con cuestiones de género, con la pregunta de qué significa ser hombre hoy, cuando el feminismo y el papel de las mujeres en la sociedad se ha transformado de manera muy radical”. Las expectativas sobre el futuro, la crisis de los roles masculinos tradicionales y la escasez de imágenes alternativas sin duda alimentan preferencias políticas, pero las variantes reaccionarias no son un destino inevitable.
De hecho, existen ejemplos variados de la politización de esta generación: el movimiento contra el genocidio en Gaza (que incluyó ocupación de universidades, bloqueos y participación en huelgas generales en Estados Unidos y varios países europeos) y el protagonismo en protestas antigubernamentales como en Nepal, Perú o Ecuador, entre otros. Ignorar estos fenómenos, tan relevantes como el protagonismo en algunos resultados electorales, solo invita a la profecía autocumplida de que la juventud se hizo de derecha porque es la única forma de rebelarse contra el poder y el statu quo. Lo más problemático de este planteo, además de parcial, es que implica una renuncia a la disputa política y de ideas en una generación que no tiene nada que perder (ni igualdad, ni fraternidad, ni libertad), porque solo vio las promesas rotas del capitalismo.
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Carnelli: de los tangos a la Revolución Española
18 de marzo, por Pionera — Géneros y Sexualidades, Cultura, Música, Feminismo, Teatro, Tango, Guerra civil española, Géneros y Sexualidades, Cultura, Música, Feminismo, Teatro, Tango, Guerra civil española
Se estrena Carnelli: algo que tiembla cederá, una obra que recorre la vida de María Luisa Carnelli, pionera del tango que escribió en masculino y llevó su activismo y convicción política hasta la Revolución Española.
Durante años, algunas de las letras más populares del tango circularon firmadas por nombres masculinos que escondían que detrás de ellas estaba María Luisa Carnelli, la primera mujer letrista del género. Esa historia, muchas veces olvidada, vuelve hoy a escena con Carnelli: algo que tiembla cederá, la obra protagonizada por Patricia Malanca.
Carnelli nació en La Plata a fines del siglo XIX, en una familia donde el tango estaba prohibido. Su padre lo rechazaba por considerarlo música de “malevos”, mientras sus hermanos lo escuchaban a escondidas, quitándole la bocina al gramófono para que apenas se oyera. Ese contacto clandestino anticipa una trayectoria marcada por la tensión entre lo permitido y lo prohibido. Cuando comenzó a escribir, en los años 20, tuvo que hacerlo bajo seudónimos masculinos —Luis Mario, Mario Castro— para poder publicar. No era una elección estética, sino una condición de posibilidad. “Mi padre jamás supo que era yo quien los escribía. Él no quería que yo fuera demasiado libre”, explicó tiempo después.
Lejos de ocupar un lugar marginal, Carnelli fue una figura central en la cultura de su tiempo. Escribió tangos como Cuando llora la milonga y Se va la vida, interpretados por voces como Carlos Gardel, Ignacio Corsini o Azucena Maizani, y trabajó con compositores como Julio De Caro, Edgardo Donato y Filiberto. Sin embargo, su nombre quedó opacado, desplazado por una estructura cultural y social que no habilitaba a las mujeres a ocupar ese lugar. La paradoja es evidente: fue parte del corazón del tango y, al mismo tiempo, quedó fuera de su historia oficial.
Pero su recorrido no se agota en la música. Carnelli fue también una de las primeras mujeres periodistas profesionales del país. Desde 1923 y durante más de cuatro décadas escribió en medios como Caras y Caretas, Crítica, La Nación y Clarín, y recorrió más de veinte países ejerciendo el oficio.
De origen burgués, rompió con ese mundo para acercarse a la militancia comunista, una decisión que atravesó su vida y su producción. Fue corresponsal en la Guerra Civil Española, donde no solo narró, sino que se involucró activamente con la causa republicana, compartiendo espacios con intelectuales como Antonio Machado y participando del circuito antifascista internacional.
Su escritura también encontró lugar en la poesía y la narrativa. En su novela ¡Quiero trabajo! cuestiona el ideal de hogar y denuncia las condiciones sociales desde una mirada crítica y experimental. Su obra está atravesada por tensiones: entre lo popular y lo político, entre el tango y la militancia, entre la transgresión y los códigos de su tiempo. Incluso escribió letras en clave lunfarda y desde una voz masculina, apropiándose de un lenguaje que, al mismo tiempo, la excluía.
Carnelli no se nombraba feminista, pero su trayectoria lo expresa con claridad. Rompió con el mandato familiar, se separó, construyó una carrera propia, escribió, viajó, militó y disputó un lugar en la cultura en condiciones adversas. Escribió desde un espacio que no estaba pensado para ella, y aun así logró abrirse camino. Hoy, su nombre vuelve a la escena y recupera el lugar que durante tanto tiempo le fue negado. Paradójicamente, lo hace en la Sala Raúl González Tuñón —hermano de Enrique, su pareja—, en un cruce de historias que vuelve todavía más elocuente su presencia en el presente.
La obra dirigida por Marina García retoma esa figura desde una puesta que combina teatro, música en vivo y un formato documental, con intervenciones de la periodista Nora Veiras. Patricia Malanca encarna a Carnelli en un recorrido que va desde la bohemia de los años 30 hasta su compromiso político, en una propuesta que no busca cerrar su historia sino volver a ponerla en circulación.
Carnelli: algo que tiembla cederá se estrena el jueves 19 de marzo a las 20 hs en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543, CABA, Sala Raúl González Tuñón) y tendrá funciones el 26 de marzo, 2 y 9 de abril. La obra dura 60 minutos.