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Marcha en Córdoba reclama por Agostina Vega: "¡Viva la Queremos!"
29 de mayo, por Que aparezca YA — Géneros y Sexualidades, Córdoba, Desaparición, Agostina Vega, Géneros y Sexualidades, Córdoba, Desaparición, Agostina Vega
Una movilización recorre las calles de la ciudad de Córdoba por Agostina Vega, la adolescente de 14 años que desde el sábado está desaparecida. Familiares, vecinos y amigas de la escuela salieron a la calle para visibilizar la causa. "Arrancaron tarde la búsqueda de mi nieta" declaró el abuelo desde la concentración.
Es el sexto día sin saber dónde está Agostina Vega. La adolescente de 14 años salió el sábado por la noche de su casa en el barrio General Mosconi en la ciudad de Córdoba a donde no regresó. Familiares, vecinos, amigas y docentes reclaman por su aparición con vida y denuncian la inacción y demoras del Estado para impulsar la búsqueda.
“Pedimos por favor que el ministro Quinteros agilice la búsqueda, porque desde el sábado se demoraron muchísimo y no se mueven como en otros casos similares”, sostenía el martes la madre de Agostina refiriéndose al Ministro de Seguridad de la provincia de Córdoba. Sólo tras una movilización con corte de calle el martes en la esquina de Alem y Rancagua, recién al cuarto día de la desaparición se activó la alerta Sofía, un protocolo para difundir la búsqueda en casos de menores desaparecidas o desaparecidos.
Los primeros datos que se conocieron de Agostina fueron por el testimonio de un remisero que esa noche la llevó al barrio Cofico, en las cercanías de la casa del principal acusado que está detenido, Claudio Barrelier. “El domingo, en el entretiempo del partido Belgrano-River, yo estaba en la casa de mi madre, me puse a ver las redes sociales y ví la cara de Agostina en una publicación, que contaba que estaba desaparecida”, sostuvo Ariel.
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Ese testimonio contradijo la coartada que sostenía Barrelier, quien afirmaba que no había tenido ningún tipo de contacto, comunicación ni cercanía con Agostina durante esas horas. Ahora está imputado por privación ilegítima de la libertad agravada. Barrelier, conocía tanto a Agostina como a su madre, Melissa Heredia.
De acuerdo al relato del remisero, la joven le dijo que iba a encontrarse con “un amigo de su mamá” para preparar “un regalo sorpresa”. El chofer sostuvo además que un hombre fue quien le pagó el viaje. Posteriormente, se dieron a conocer imágenes de cámaras de seguridad donde se vería la imagen de Agostina y Claudio Barrelier entrando a la casa de este último.
Desde la tarde del viernes, la policía realiza rastrillajes en un predio donde se habría detectado que estuvo el principal acusado tras haberse encontrado con la adolescente. A casi una semana de su desaparición y a pocos días del 3 de junio, cuando se cumplen 11 años del surgimiento de las movilizaciones por Ni Una Menos, sigue sin saberse el paradero de Agostina. Familiares, vecinos, amigas y docentes siguen reclamando por su aparición con vida.
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Hilvanando la memoria de los años setenta en clave genérica
29 de mayo, por Ideas de Izquierda — Géneros y Sexualidades, Historia, Mujeres, ERP, PRT-ERP, Géneros y Sexualidades, Historia, Mujeres, ERP, PRT-ERP
Esta elaboración forma parte de un libro recientemente publicado titulado Familia, maternidad y cárcel en las narrativas militantes del PRT-ERP. El mismo aborda la subjetividad de los años 70 desde una mirada interdisciplinar (en un cruce entre la historia, la psicología y la filosofía). Se focaliza en las experiencias militantes de la guerrilla marxista, específicamente del PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores- Ejército Revolucionario del Pueblo), donde las tramas de memorias son hilvanadas desde el género abordado de una manera relacional, para poder ver las particularidades de la militancia femenina (que estuvo atravesada por tensiones genéricas de época). Si bien para reconstruir la subjetividad del periodo, se recurrió a múltiples fuentes (revistas del periodo, documentos internos, cartas, testimonios de militantes varones, hijas e hijos), los testimonios orales constituyen la mayor riqueza del trabajo. De esta manera, el libro aborda la articulación, por parte de sus protagonistas, de estas narrativas en términos genéricos, el significado que fueron adquiriendo estas historias a lo largo de los años tanto para ellas como para ellos y la incidencia que juegan, aún hoy, para los y las testimoniantes en sus vidas, viéndose interpeladas en sus recuerdos por un presente que les permite desnaturalizar tensiones de género que estaban invisibilizadas en otras historias elaboradas del partido.
El periodo histórico que aborda la investigación se encuentra entre dos etapas históricas: 1966-1976 y 1976-1983, debido a que las historias de vida fueron relatadas en continuidad. En cuanto al corte espacial, las historias de vida que se analizan a lo largo del libro son de personas que desarrollaron su militancia principalmente en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Se analizó su posicionamiento con respecto a determinadas temáticas: pareja, familia, sexualidad (heterosexual/homosexual), maternidad, ¿cómo destino o como opción? ¿maternidades patriarcales o maternidades desobedientes?, la militancia, el cuerpo como espacio de representación/resistencia, femineidad, masculinidad, trauma, conflictos intergeneracionales, filiación.
Repensar la domesticidad en la militancia setentista
La domesticidad fue abordada desde la óptica de la teoría feminista y desde los estudios de memoria. Por medio de un meticuloso análisis de los relatos orales, se indaga hasta dónde se disrumpieron los comportamientos genéricos en el ámbito de la domesticidad. A su vez, se analiza la construcción de la memoria y sus resignificaciones a medida que pasa el tiempo, observando las limitaciones genéricas que vivieron las mujeres y cómo le dan voz a su experiencia desde el presente.
El eje a tener en cuenta en esta elaboración es la construcción, en dos tiempos (pasado/presente) de los testimonios entre el 2006 y el 2017, año en que se tomó la última muestra de entrevistas. Se pusieron en diálogo dos corpus de entrevistas: uno de 22 entrevistas tomadas entre 2006 y 2008 y otro, tomado entre 2009 y 2017. El análisis permite entender cómo se construye la memoria de las/los actores del pasado y cómo la misma esta en un permanente estado de construcción. No se considera que sea una distorsión de su historia, sino que permite entender el sistema simbólico a nivel social y el proceso de construcción de la memoria, además de entender cómo el pasado es amplificado por el presente (Oberti, Pittaluga, 2006). Además, que estos testimonios (desde un punto de vista psicológico) se construyeron con recuerdos o significantes de una idea original acerca del género que se encuentra resignificada por lo que se vive en la actualidad con el movimiento de mujeres y estas temáticas genéricas. Es decir, esos episodios se traducen desde las necesidades presentes.
A medida que reconstruimos las tramas de memoria, se sostendrá la hipótesis que las militantes mujeres vivieron diferencias de género en cuanto a sus compañeros varones, porque no se pudieron resolver algunas contradicciones que surgían ante la persistencia de concepciones tradicionales en cuanto a lo femenino y su rol en la sociedad y esto se trasladó a lo público (a pesar de que estaban las intenciones desde lo discursivo de romper con algunas de ellas). Sin embargo, el peso de lo normativo impidió, en algunas ocasiones, la incorporación total o igualitaria con el varón en la esfera pública. Más allá que en esta organización se generó una politización de la vida privada y las mujeres pudieron acceder a espacios que estaban vedados para ellas, en ese entonces (participación en frentes armados, direcciones regionales), las mismas concepciones sexistas, imperantes a nivel social no pudieron superarse en algunas ocasiones. Además, siguiendo planteos de Carole Pateman (2018), consideramos que hay una interrelación entre ambas esferas (pública/privada) donde la autoridad del varón está legitimada y reconocida, universalizándose dichos valores, lo que dejó en inferioridad de condiciones a las militantes.
Por lo tanto, no se niega la inclusión en la vida pública de estas mujeres. Sin embargo, la misma fue de una manera diferente y mediada por las limitaciones genéricas. Pudimos ver, por medio de los testimonios, que fueron en dos aspectos, sobre todo, en donde ellas vivieron las mayores tensiones: la producción y reproducción relacionadas con su rol en la esfera de lo privado (la maternidad y las tareas domésticas) y su incorporación en el ámbito político en plena igualdad con el varón, que nunca fue equitativo (Martinez, 2009). En ambas experiencias socio-políticas, son los valores masculinos los predominantes, donde la prioridad era la revolución política y se bregaba por una complementariedad entre los sexos.
Un ejemplo: el mundo obrero y las tensiones de género en la militancia
En los Boletines Internos, el PRT-ERP se define como un partido de revolucionarios, de carácter proletario, guiados por el marxismo-leninismo (Boletín N.° 34 en De Santis, 2010). Resaltan la importancia de proletarizarse y de estar ligados a las masas proletarias. Si bien, la línea obrerista es clara, el PRT-ERP tuvo dificultades para integrar mujeres obreras; la mayoría de las mujeres provenían “de los sectores estudiantiles” (Pozzi, 2013: 21). La procedencia de clase de las entrevistadas (38 % de clase obrera, 62 % de clase media) refleja lo que otras investigaciones han adelantado: la poca integración como militantes activas de las mujeres de obreros. Esto evidencia un problema que el PRT-ERP veía y trató de revertir por medio de políticas específicas. La organización llegó a incentivar la creación de un Frente de Mujeres (1973/1974) con la finalidad de lograr que se integren mujeres del mundo obrero (Martínez, 2009).
A continuación, analizaremos la visión acerca de la militancia en este sector, donde queda de manifiesto tensiones de género en la vida cotidiana y visibiliza al sector sindical con fuertes resabios sexistas.
El siguiente testimonio, de un obrero que se desempeñaba en una fábrica como delegado del PRT-ERP, deja entrever una situación muy particular. Comenta que estaba en pareja y que su compañera no militaba, sólo lo acompañaba porque tenía miedo:
P: ¿Ella no quiso participar? ¿No le interesó?
R: Participaba por ahí para acompañarme a mí, para ayudarme en algo. En alguna cita, si yo estaba muy recargado. Suponete, tenía que ir a buscar periódicos, “no puedo, anda vos”. Como la conocían de mi casa, solíamos reunirnos. Iba, pero no que fuera militante.
P: ¿En esa etapa tuviste chicos?
R: Claro, una nena que cuando yo caí tenía 11 meses y estaba de compras del varón que nació 3 o 4 meses después que yo caí en cana. (…)
P: Con respecto al tema de tu compañera, ¿vos la ayudabas con el tema de las tareas hogareñas o era algo que quedaba para ella?
R: No. Yo no tenía tiempo de nada. Además, en la fábrica trabajábamos cortado [1].Luego el entrevistado hace referencia a las compañeras obreras que trabajaban en la fábrica:
Había algunas mujeres, muy pocas. Pero te digo: el manejo de la fábrica, el patrón le toca el culo a una de las minas que laburaba y va el marido a hacerse el malo porque le tocó el culo y el T. le dice “si no querés que le toquen el culo, ¿para qué la mandás a laburar afuera?”. Esa era la concepción que se tenía [2].
El siguiente relato es de otro varón, militante del ERP que se desempeñó también en Rosario. Él nos ofrece una apreciación acerca del sector obrero y su incorporación a la militancia:
P: ¿Qué pasaba con aquellas personas que no vivían en una casa operativa? ¿Cómo se organizaba la vida ahí?
R: No. En general, nosotros vivíamos todos en casas operativas. Es decir, fue como una institución. Después, fue una cosa que ya el enemigo se dio cuenta. El problema que nosotros teníamos, yo creo, que la mayoría de los compañeros que no incorporábamos a los padres, salvo los obreros. Los compañeros de origen obrero, en general, se incorporaban con la familia… [3]Quisimos poner en diálogo estos dos testimonios de varones para tratar una situación tan controversial como es la participación política de la mujer obrera. El primer testimonio de Ricardo, evidencia algo que se replica en los testimonios de casi todas las mujeres ex militantes entrevistadas (de ambas muestras): la dificultad de integrar a las mujeres de obreros a la militancia revolucionaria. Definidas, incluso, como “acompañantes” de la militancia de sus maridos. Sin embargo, pareciera que, en el mundo obrero, ellas cumplían un rol fundamental en la reproducción y crianza de los individuos en la familia. El segundo relato, si bien habla de una mayor apertura de los obreros a la militancia de sus padres, hace referencia a la vida en casas operativas, donde pareciera que existió un reparto más equitativo de las tareas dando origen a una nueva domesticidad. A su vez, en el primer relato, habla un obrero que militó en el frente sindical y evidencia que no le era prioritario el ámbito de lo doméstico. Su extensa jornada laboral, su militancia y su juventud impidió que tome conciencia que el ámbito doméstico no estaba siendo integrado a una práctica revolucionaria.
Además, el relato de Ricardo abre otro tema: que la mujer trabajara no era bien visto, podía ser presa de abusos y que su cuerpo era un objeto de negociación entre varones (dueños de fábrica y obreros). Esto muestra como ciertas concepciones sexistas influenciaron en el desempeño de las mujeres en el ámbito de lo público, además de cierta desvalorización de la voz femenina en esos espacios, lo cual es confirmado en los siguientes testimonios.
La situación relatada por Mariana debe ser ubicada temporalmente hacia 1976, plena represión. Ella venía de Córdoba y, luego de fugarse de la cárcel del Buen Pastor, continuó militando en Buenos Aires con un cargo importante en Astilleros. Pues bien, su relato marca varias cuestiones. En primer lugar, que la entrevistada pareciera que persigue como intención mostrar los regionalismos. Ella argumenta que la militancia de Buenos Aires se caracterizaba por la rigidez en comparación con la cordobesa. Para luego, hablar de que ella, como dirigente en el ámbito obrero, no fue escuchada. Su reciente maternidad despolitizó su rol en el ámbito gremial. Esta situación deja en evidencia que la figura femenina continuaba siendo definida por atributos naturales al ser vinculada con la crianza infantil, mientras que a los varones se los vinculaba más con la racionalidad, la clásica división naturaleza/doméstico (mujer) cultura/ sociedad (varón). Esta concepción binaria patriarcal manifiesta que la subordinación de las mujeres se debe a su naturaleza/biología, además de asociar la feminidad a la naturaleza:
R: (…) La mesa sindical era YPF, Propulsora, Astillero, y no me acuerdo cuál era la otra… Había otra muy importante… de La Plata y este compañero… sale un volante que se llamaba Argentinos a las Armas. Mi hija nació en mayo de 1976. Esto debe haber sido en julio. Le digo “compañero, yo este volante no lo voy a entrar en Astilleros. Ninguno de los compañeros lo va a entrar, porque me quedo reducida a la célula y se va a detectar. Yo ofrezco otra cosa… Ir a volantear… “¡No, compañera! Los volantes hay que ponerlos en los baños de Astilleros, adentro. Me dice otra cosa y le digo “no, porque me los van a detectar a los compañeros. Va a empezar la persecución adentro de la fábrica. ¿Para qué queremos darles más datos? ¡Hagámosla desde afuera!”. Ya estaba la represión al mango. Entonces dice “no, que la tiene que entrar, qué se yo”. Le digo “¿es una orden compañero?”. “Sí, es una orden. Sabe, le voy a decir más compañera: yo la entiendo porque a todas las compañeras les pasa lo mismo”.
P: ¿Compañeras?
R: A todas las mujeres que dan a luz. Pará, escuchá lo que me dice: “Porque yo la entiendo porque ese bebe que nació depende totalmente de usted. Entonces, hay una dependencia de usted. Usted lo sobreprotege. La única que lo puede sobreproteger es usted. Entonces, usted tiene miedo de que a usted le pase algo, porque va a quedar ahí chiquito, huerfanito. Entonces, usted por eso no quiere hacer la volanteada”.
P: Este tipo de cosas, cuando vos hacías algún tipo de cuestionamientos, acá en Buenos Aires ¿cómo que eso no se escuchaba?
R: No se escuchaba [4].Se quiso poner en diálogo este testimonio con el de Susana (de la primera tanda de entrevistas) quien desarrolló su militancia en la principal imprenta del partido, en Buenos Aires. Justamente, hace referencia a la poca cantidad de mujeres con militancia en el ámbito sindical, que puede dar un indicio de la posible razón por la cual la voz de Mariana, no fue tenida en cuenta.
R: (…) Adentro de la izquierda no se da tanto la opinión política de la mujer, porque para mí, nosotros, en general, tenemos poca formación política.
P: Además yo lo asocio con el tema del machismo que hablabas.
R: En el caso específico nuestro era terrible, terrible. Además, eran… Yo sé de otros compañeros que venían a la imprenta y les llamaba la atención el hecho de que yo hubiera tenido una militancia sindical. Compañeros que, por ahí, que venían del interior de la provincia se manifestaban extrañados.
P: ¿Cómo que era un frente dónde no había muchas mujeres?
R: Claro o como que era difícil encontrar una mujer con experiencia sindical [5].Todos los testimonios muestran las tensiones que se atravesaban en el mundo obrero y cómo las mujeres (esposas y militantes) debieron sortear resabios de sexismo instalados a nivel social.
Para cerrar, nos pareció interesante cruzar estos testimonios con el de un varón de clase media. Él militó para el PRT-ERP en una villa de Córdoba. También, da su opinión acerca de las prácticas familiares:
El partido planteó siempre, impulsó la construcción de parejas y teníamos un concepto de que la pareja debía ser monogámica. Nosotros pensábamos que la familia monogámica era un avance con respecto a otras experiencias históricas, la familia en grupo… Incluso, no estuvimos nunca de acuerdo con eso, con el tema del amor libre. Nunca estuvimos de acuerdo. Nosotros pensábamos en la familia monogámica y en la estabilidad de la pareja. (…) A mí me parece que ese es un buen documento (Moral y proletarización) que expresa… Yo lo he leído hace muchos años. Expresa más o menos el esfuerzo que hicimos nosotros por construir una pareja horizontal, no patriarcal, con una concepción de familia donde nuestros hijos fueran atendidos por compañeros de la casa y donde la responsabilidad de la cría de los hijos fuera compartida por todos. (…) Nosotros apostábamos a la constitución de la familia, a tener hijos y planteábamos que la pareja no estaba basada absolutamente en la sexualidad [6].
Este entrevistado ingresó al PRT-ERP desde una militancia cristiana (procedía del Movimiento de Curas Tercermundistas). Su relato muestra un cruce permanente de estas dos vertientes. El relato, expresa lo que la mayoría de los testimonios manifiesta acerca del intento realizado por el PRT-ERP en cuanto a que la pareja era la principal célula política y la necesidad de compartir las tareas y la crianza de los hijos. A diferencia del primer relato (Ricardo), muestra lo importante que es que la vida privada esté integrada en este cambio revolucionario. Sin embargo, consideramos desde una óptica de análisis de género, que bajo esta práctica igualitaria, se esconde una complementariedad basada en un fundamento de la naturaleza, aparentemente universal.
A modo de conclusión
La mayoría de los trabajos sostienen que “la política de los 70, en alguna medida reproducía y conservaba los valores de discriminación entre hombres y mujeres” (Antognazzi, 1995:298); las testimoniantes resaltan que se crearon formas nuevas de relaciones que se fortalecían en una militancia compartida. Estos comportamientos y otros son abordados en el libro y pensamos que la participación de estas mujeres puede estar manifestando desplazamientos en los modos de subjetivación femenina.
A su vez, los testimonios trabajados aquí revelan cómo la diversidad de prácticas y de voces le da sentido a la experiencia de un colectivo político. Además, la clase es una variante que atraviesa el testimonio. El relato del varón obrero es muy distinto al de los dos varones de clase media. Ricardo, dentro del mundo obrero, muestra las emociones, sentimientos y aspiraciones que tenía un obrero en ese ámbito, además de cómo resolvió sus contradicciones genéricas y de cómo sorteó esa relación entre lo público y lo privado con su pareja. Los otros dos relatos muestran la vivencia de estos varones de clase media, mediada por una aparente igualdad en la pareja, pero con fuertes concepciones familiaristas. Por otra parte, introducir la voz de las mujeres nos permitió entender las diferencias de género en el relato. Los varones no ven que la organización haya tenido diferencias de género en su interior, mientras que ellas hacen referencias permanentemente a que alguna vez se sintieron subestimadas o que vivieron diferencias con respecto a sus compañeros varones. Esto muestra el sexismo en las prácticas sociales y cómo se encuentra naturalizado en el relato masculino.
Las variantes de clase, de espacios de desempeño y de género atravesaron el recuerdo. El género se transforma en un elemento constituyente del recuerdo articulándose en cómo se interpreta lo sucedido. Ellas reconstruyeron esos años desde una agencia femenina que vive desplazamientos importantes en estos tiempos, que las lleva a cuestionar ese pasado y resignificarlo. En suma, los relatos aquí trabajados muestran cómo ellas y ellos sienten que deconstruyeron la experiencia de ese momento histórico desde un presente que los interpela con cambios que hacen que resignifiquen lo vivido, dejando en evidencia cómo se van hilvanando estas narrativas en clave genérica.
Bibliografía
Antognazzi, Irma (1995): “La vida adentro de las cárceles durante la dictadura militar del 76. Más precisamente la vida en la cárcel de mujeres de Villa Devoto, Unidad Penitenciaria N.º 2 de Capital Federal” en Irma Antognazzi - Rosa Ferrer (compiladoras), Del Rosariazo a la democracia del 83, Rosario: Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, pp. 293 a 310.
De Santis, Daniel, (2010): La historia del PRT-ERP, por sus protagonistas, Buenos Aires: A formar filas, Editora guevarista.
Martínez, Paola (2009): Género, política y revolución en los años 70. Las mujeres del PRT-ERP. Buenos Aires: Imago Mundi.
Oberti, Alejandra; Pittaluga Roberto (2006): Memorias en montaje. Escrituras de la militancia y pensamientos sobre la historia. Buenos Aires: El cielo por asalto.
Pateman, Carole (2018): El desorden de las mujeres. Democracia, feminismo y teoría política, Buenos Aires: Prometeo.
Pozzi, Pablo (2013): “Una mujer en la guerrilla argentina: Nadie me tenía en cuenta” en Pozzi Pablo (et. al.) Experimentar en la izquierda: historias de militancia en América Latina, Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO, pp. 21-50.[1] Ricardo, entrevista realizada por la autora, Rosario, (25/3/ 2017).
[2] Ricardo, entrevista realizada por la autora, Rosario, (25/3/ 2017).
[3] Matías, entrevista realizada por la autora, Rosario, (24/ 9/2011).
[4] Mariana, entrevista realizada por la autora, Córdoba, (24/11/2012)
[5] Susana, entrevista realizada por la autora, CABA (21/10/2006)
[6] Vicente, entrevista realizada por la autora, Córdoba, (23/11/2012).
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Tras el desalojo, Jorge Macri redujo un 65% las plazas del Refugio Mariquita Sánchez para víctimas de violencia
29 de mayo, por CABA — Mundo de l@s trabajador@s, Géneros y Sexualidades, Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri, Violencia de género, refugios, Mundo de l@s trabajador@s, Géneros y Sexualidades, Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri, Violencia de género, refugios
Las trabajadoras del histórico refugio para mujeres víctimas de violencia de género y trata denuncian que el Gobierno porteño las desalojó en 48 horas y trasladó a las familias a un espacio precario y hacinado. El edificio había sido remodelado integralmente y contaba con capacidad para 47 plazas, y ahora sólo tienen espacio para 16 personas.
Las trabajadoras del Refugio Mariquita Sánchez denunciaron que el Gobierno de Jorge Macri desalojó en apenas 48 horas el histórico dispositivo especializado en violencia de género y trata de personas, el primero de su tipo en la Ciudad de Buenos Aires y con más de 40 años de trayectoria. Según explicaron, el traslado implicó una reducción brutal de la capacidad de alojamiento: de 47 plazas pasaron a sólo 16, en un espacio que describen como precario, reducido y sin condiciones adecuadas para alojar a mujeres, niñeces y disidencias atravesadas por situaciones de extrema vulnerabilidad.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>El dato cobra todavía más gravedad porque el edificio original había atravesado una remodelación integral iniciada en 2022 y finalizada en diciembre de 2024. El lugar contaba con habitaciones, baños, espacios comunes, talleres, parque para las infancias, salas de entrevistas y oficinas destinadas al resguardo de documentación confidencial. “Un refugio no es un negocio inmobiliario. Un refugio salva vidas”, denunciaron las trabajadoras, que además sostienen que el Gobierno porteño cedió el edificio al sector privado, específicamente a Fundación Apertura / CIS Nuevos Rumbos.
Te puede interesar: acri desalojó el Refugio Mariquita Sánchez y las trabajadoras denuncian el vaciamiento de las políticas de género
Para las trabajadoras, la decisión constituye “un grave retroceso en políticas públicas de género” y una vulneración de derechos básicos, ya que las personas alojadas fueron trasladadas a condiciones de hacinamiento y sin garantías mínimas de seguridad y privacidad. “Consideramos que esto constituye un grave retroceso en políticas públicas de género y una vulneración de derechos humanos básicos, incumpliendo normativas nacionales e internacionales de protección integral” denunciaron.
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[Bibliografía Obligatoria] Bicicletas: La máquina del diablo que revolucionó la vida de las mujeres
29 de mayo — Géneros y Sexualidades, Moda, Historias de mujeres, Feminismo, Sufragistas, Principal grande timeline, Géneros y Sexualidades, Moda, Historias de mujeres, Feminismo, Sufragistas, Principal grande timeline
¿Por qué decían que la bicicleta era un "agente del diablo"? ¿Por qué decían que los pantalones iban a destruir la familia? ¿Por qué los bolsillos eran y siguen siendo un campo de batalla? Tres cosas de todos los días en el centro de la lucha por la emancipación de las mujeres.
Bibliografía Obligatoria es una columna de @cel_murillo para La Izquierda Diario.
Seguila quincenalmente, los jueves a las 18.
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Quieren borrar la violencia machista del crimen de Julieta González
28 de mayo, por Fue femicidio — Géneros y Sexualidades, Mendoza, Femicidios, Violencia machista, 3J, Ni Una Menos, Agrupación de mujeres Pan y Rosas, Géneros y Sexualidades, Mendoza, Femicidios, Violencia machista, 3J, Ni Una Menos, Agrupación de mujeres Pan y Rosas
A casi 10 años del femicidio de Julieta González, la Corte Suprema de la Nación debe decidir si sostiene la condena por violencia de género o retrocede sobre una conquista histórica del movimiento de mujeres. Frente a la avanzada reaccionaria del gobierno de Javier Milei con el proyecto de falsas denuncias y una Justicia adicta que busca garantizar impunidad, este 3 de junio tenemos que ser millones en las calles de todo el país: por Julieta y por todas, sigamos gritando Ni Una Menos.
En septiembre se cumplirán diez años del femicidio de Julieta González. Diez años desde que Mendoza quedó conmocionada por la desaparición y asesinato de tres jóvenes- Janet Zapata, Julieta González y Ayelén Arroyo- aquella semana de la primavera de 2016. Diez años de una pelea incansable de familiares, organizaciones de mujeres y organismos de derechos humanos para que la Justicia reconociera lo evidente: que a Julieta la mataron por violencia de género.
Ese reconocimiento que costó años de lucha, hoy vuelve a estar amenazado. El femicida, Andrés Di Césare, hijo de un poderoso empresario del transporte mendocino, acudió a la Corte Suprema de Justicia de la Nación para pedir que se cambie la condena de prisión perpetua por femicidio a homicidio simple. Es decir: pretende borrar la violencia machista del crimen. “Solo alguien con muchos recursos y con el poder económico de Di Césare puede llegar a la Corte Nacional, mientras que Julieta no puede hacerse escuchar ni defenderse de ninguna manera”, sostuvo Leticia Morcos, abogada de la organización Líbera que ha sido parte de sacar a la luz esta situación.
Los avances en el caso de Julieta fueron producto de la pelea colectiva
La propia historia judicial del caso de Julieta demuestra por qué fue -y sigue siendo- tan necesario llenar las calles. En septiembre de 2019 -en el primer juicio por Julieta- el Segundo Tribunal Colegiado integrado por los jueces Jorge Coussirat, Mauricio Juan y María Alejandra Ratto descartó la figura de femicidio y condenó a Di Césare por homicidio simple. El argumento formal fue la falta de una relación de pareja estable, pero los fundamentos fueron escandalosos: el tribunal construyó un relato misógino plagado de estereotipos para culpabilizar a la víctima. Según explicaron las abogadas de la organización Líbera, los magistrados dictaminaron que Julieta no encajaba en el perfil de una víctima de violencia de género por ser una joven "extrovertida", que "tomaba sus propias decisiones" o que tenía "varias relaciones". El fallo fue repudiado por organizaciones feministas, sociales y de derechos humanos por su falta absoluta de perspectiva de género.
Recién después de una enorme movilización social, la Suprema Corte de Justicia de Mendoza revirtió aquel primer fallo misógino. El camino estuvo lleno de trampas: por leyes de la provincia, a Susana González —la mamá de Julieta y querellante en la causa— intentaron dejarla afuera del derecho a apelar solo porque el asesino ya tenía una condena menor. Prácticamente le dijeron que no tenía derecho a reclamar más.
Sin embargo, la exigencia de justicia fue más fuerte. La Corte provincial tuvo que tomar el reclamo de la fiscalía y dictó una sentencia con perspectiva de género, en dos instancias. Como explica la abogada Morcos, el tribunal entendió que correspondía condenarlo a Di Césare por la pena de prisión perpetua por femicidio, no por homicidio simple “porque mata a Julieta González por su condición de mujer mediando violencia de género".
El retroceso que podría implicar un fallo de la Corte Nacional
Actualmente, el caso se encuentra en una instancia decisiva y con un serio riesgo de retroceso. Para resolver la impugnación del femicida, la Corte Suprema de la Nación "ha convocado a dos jueces más, uno es el juez Gustavo Castañeda de Dios, que es juez federal de Mendoza, y otra es una jueza federal de Resistencia, para poder resolver esta cuestión. Existe un serio riesgo de que la Corte Nacional convalide la posición de la defensa de Césare, y eso sería lo mismo que decir que las mujeres pueden ser matadas por los hombres, y que eso no va a ser por su condición de mujer porque se va a considerar que para que eso pase tiene que haber sido una mujer que viniera sufriendo la violencia de género durante muchos años. Y encima, también sería convalidar la idea de que Julieta González no podía ser víctima de violencia de género porque ella no tenía las características de una víctima porque estima que no era una mujer retraída, sumisa y sufriente", sostiene la abogada.
Esas dos ideas, resume Morcos, implicarían invisibilizar por completo la violencia de género y convalidar las desigualdades estructurales que habilita a este tipo de violencias en nuestra sociedad. Por eso el caso de Julieta es tan importante. Porque lo que está en discusión es si la Justicia reconoce que las mujeres somos víctimas de una violencia estructural o si vuelve décadas atrás, reforzando la impunidad de los poderosos.
La ausencia de Susana, la mamá de Julieta que falleció en 2024, se siente aún más en esta instancia decisiva. Fue ella quien sostuvo durante años el reclamo de justicia, enfrentó el fallo misógino y se convirtió en una voz imprescindible contra la impunidad. Hoy, nadie puede hablar formalmente por Julieta ante la Corte Suprema Nacional pero podemos volver a hacer temblar la tierra para que su nombre resuene hasta en los palacios de la Justicia.
La decisión que tome el máximo tribunal del país puede sentar un precedente gravísimo en momentos en que el gobierno de Javier Milei y sectores reaccionarios buscan avanzar contra derechos conquistados por el movimiento feminista. No se trata de una discusión técnica o aislada. Ya intentaron eliminar la figura de femicidio del Código Penal y miles en todo el país respondimos al grito de: “Son femicidios”.
Ahora promueven proyectos como el de “falsas denuncias”, con la intención de instalar la idea de que las mujeres mienten cuando denuncian violencia. Incluso, cuando los propios datos oficiales lo desmienten: un reciente informe del Observatorio de Violencia de Género de los Ministerios Públicos muestra que las falsas denuncias representan apenas el 0,09% de más de 8 millones de investigaciones penales registradas entre 2023 y 2025. El problema real no son las denuncias falsas: es la violencia machista y el negacionismo.
Porque el femicidio no es un hecho aislado ni un monstruo individual. Es el último eslabón de una cadena de violencias sostenidas por un sistema patriarcal que cuenta con la complicidad del Estado, la Justicia, los gobiernos y las instituciones que legitiman la cultura machista. Durante años, los medios tradicionales y sectores del poder intentaron mostrarnos como víctimas indefensas, sembrando miedo e impotencia. Pero hace 11 años, desde aquel primer grito por Ni Una Menos, que el movimiento de mujeres rompió con ese discurso, que dijo basta a la violencia machista y que las mujeres tenemos el derecho de rebelarnos por nuestras vidas. No vamos a volver atrás.
Sabemos muy bien que ningún derecho conquistado es permanente. Por eso tenemos que defender con uñas y dientes cada avance que logramos. Este 3 de junio tenemos que volver a ser miles y miles movilizadas en Mendoza y en todo el país. Por Julieta y por todas las que nos faltan. Porque son femicidios. Porque vivas nos queremos. Porque frente a los gobiernos ajustadores, las cortes misóginas y los discursos reaccionarios, la única garantía de nuestros derechos sigue siendo la organización y la lucha colectiva.
Junto a Pan y Rosas y el PTS, este 3J volvemos a las calles.



