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¿Es el feminismo o es el machismo lo que divide a la clase trabajadora?
13 de agosto, por Lo que aprendimos en las fábricas — Mundo de l@s trabajador@s, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Pan y Rosas, Mujeres trabajadoras, Columnistas Vertical , Edición México, Edición Costa Rica , Bloque idz inferior2 1 titulo, Feminismos, Mundo de l@s trabajador@s, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Pan y Rosas, Mujeres trabajadoras, Columnistas Vertical , Edición México, Edición Costa Rica , Bloque idz inferior2 1 titulo, Feminismos
Cuando la derecha destila sus discursos de odio contra los feminismos y los antiguos aliados circunstanciales del movimiento quieren esquivar el compromiso con estas luchas, reaparecen algunas suspicacias que creíamos superadas. Por ejemplo, que las feministas siembran una falsa división entre hombres y mujeres. Lo peor es que esto también se traduce en una ideología reaccionaria con la que se envenena al pueblo trabajador: combatir el machismo, la violencia contra las mujeres y la diversidad sexual o denunciar las desigualdades de género solo distraería a la clase trabajadora de sus "verdaderos" problemas.
A quienes desafiamos al sindicalismo tradicional burocratizado, planteando estas cuestiones que atañen a un sector cada vez más grande de la clase trabajadora, se nos tilda peyorativamente de wokes, de progresistas pequeñoburgueses que no comprendemos al pueblo. Como si el feminismo o los derechos de las mujeres constituyeran una agenda ajena al movimiento obrero; como si abordar estas cuestiones, en vez de fortalecer sus luchas, ayudara a fragmentarlas. Y como el dicho popular enseña que "la unión hace la fuerza", por lo tanto, todo señalamiento feminista sería divisionista.
Pero hay otra manera de enfocar este asunto, si partimos de la premisa que la clase trabajadora y sus luchas no pueden unirse, verdaderamente, reproduciendo las desigualdades, prejuicios y jerarquías que existen en la sociedad capitalista en la que vivimos, que es patriarcal, racista, heterosexista, etc. Esa unidad solo puede soldarse, combatiendo esas desigualdades.
La clase trabajadora no es una categoría abstracta y homogénea
Y esto parece contradictorio, pero no lo es. Porque cuando se habla de la clase trabajadora se puede correr el riesgo de pensar que se trata de un conjunto homogéneo; como si todos sus integrantes ocuparan la misma posición, tuvieran las mismas experiencias, enfrentaran los mismos obstáculos y llegaran a la lucha con el mismo nivel de conciencia. Pero cualquier trabajador o trabajadora sabe que no es así. En una fábrica hay hombres y mujeres; personas jóvenes y mayores; trabajadores con diferentes trayectorias; personas de distintas nacionalidades; personas heterosexuales y de la diversidad sexual, etc. Hay también distintas categorías, diferentes salarios, variadas formas de contratación y por lo tanto de derechos o ausencia de ellos. Y por supuesto, existen prejuicios que se nutren de esta diversidad, para legitimar las desigualdades. No nacen en el establecimiento laboral, pero atraviesan las relaciones entre quienes allí trabajan. Esa heterogeneidad de la clase trabajadora genera contradicciones en la construcción de su unidad para la lucha, para fortalecerse como un solo cuerpo con intereses antagónicos a los de la patronal. Es también un velo que oculta y hace más difícil captar en dónde reside lo que tienen en común todas y todos los miembros de una misma clase explotada.
Una de esas contradicciones es la desigualdad que la sociedad de clases establece entre hombres y mujeres y que, por lo tanto, atraviesa –de distinta manera- a las clases dominantes y (lo que aquí nos interesa) a la clase trabajadora: las mujeres ocupan los puestos de menor calificación y peor pagos; tienen mayores restricciones y menos oportunidades para insertarse en ramas de la economía con mayor rentabilidad y mejores salarios; cargan con una mayor responsabilidad sobre las tareas de cuidado gratuitas en sus hogares, lo que dificulta su inserción laboral o su desarrollo profesional; enfrentan situaciones de acoso y violencia no solo en la calle o en sus hogares, sino también por parte del personal jerárquico que abusa de su poder, incluso por parte de sus propios compañeros de trabajo. Todo esto afecta su participación sindical, su posibilidad de plantear sus demandas en una asamblea o de sentirse parte, en igualdad de condiciones, de la organización colectiva.
Si lo vemos con los ojos de las mujeres, entonces, podemos entender cuán difícil es para una trabajadora que sufre, silenciosamente, el acoso de su compañero en la línea de producción, participar de una asamblea, un comité de lucha, una agrupación sindical y muchas otras actividades que tiendan a fortalecer la unidad de los explotados.
La división ya existe ¿qué hacemos con ella?
Ni siquiera ser honestos luchadores sindicales, enfrentar a la patronal o cuestionar a los dirigentes traidores y promover la democracia obrera contra la burocracia sindical es suficiente para que estas ideas y comportamientos discriminatorios en los que somos socializados, desaparezcan de nosotros por completo y automáticamente. Por eso, quienes son luchadores antipatronales y antiburocráticos y más aún quienes son militantes conscientemente anticapitalistas y socialistas deberían oponerse a que los trabajadores no acepten ser cuestionados por su machismo o lo que fuere, con la excusa de que están enfrentando un ataque patronal. En definitiva, adaptarnos.
Cuando alguien señala esas desigualdades, no está introduciendo una división que antes no existía. La división ya existe; la cuestión es qué se hace con ella. Podemos ocultarla, minimizarla y pedirle a las mujeres trabajadoras que esperen hasta que llegue un hipotético momento en que "todos unidos triunfaremos" contra la patronal y tengamos tiempo de ocuparnos de estos asuntos. O podemos asumirla y confrontarla, como parte de la lucha por construir una clase trabajadora más fuerte, más consciente y efectivamente unida.
Esto permite también pensar el machismo, como otras formas de opresión y discriminación, desde otro lugar. Porque no se trataría solo de una advertencia moral: "hay compañeros machistas y debemos amonestarlos para que sean mejores personas." Se trata de convencer de que el machismo, como el racismo, la homofobia, etc., tiene consecuencias políticas concretas que disminuyen la fuerza colectiva, debilitan la unidad y nos pone en peores condiciones para la lucha contra la patronal, las fuerzas represivas del Estado, el capitalismo.
Barrer estos asuntos debajo de la alfombra no significa que dejan de existir. Si las trabajadoras participan menos de las asambleas porque sienten que sus opiniones son desvalorizadas; si no se animan a ocupar lugares de dirección sindical porque se las ignora o se las ridiculiza; si se naturalizan situaciones de acoso; si se acepta que las mujeres carguen individualmente con las responsabilidades familiares y eso no se tenga en cuenta a la hora de las exigencias para la lucha; si las trabajadoras sienten que sus problemas no son escuchados por la organización colectiva; entonces la clase trabajadora está perdiendo una parte de sus propias fuerzas. La experiencia del Partido de Trabajadores Socialistas y de Pan y Rosas parte de una perspectiva contraria.
PepsiCo, Kraft-Mondelez, Donnelley
Año 2002. Argentina ardía entre la crisis y los movimientos sociales que no le daban tregua. En la multinacional PepsiCo despedían a un centenar de obreras contratadas y suspendían al delegado Leonardo Norniella, del PTS, por defenderlas. La planta queda sin su referente en medio del ataque patronal; entonces, Catalina Balaguer, quien cada 8 de marzo repartía un panfleto y un souvenir para sus compañeras de trabajo, asume la organización de la lucha. PepsiCo la despide y se inicia la lucha por su reincorporación que, finalmente, se gana cuando la Justicia –sentando jurisprudencia- obliga a la empresa a reinstalarla porque considera que actuó como "delegada de hecho", ante la ausencia obligada de Norniella.
Esas trabajadoras y trabajadores, formados por estas peleas clasistas y también feministas, fueron quienes unitariamente, votaron en asamblea participar de la movilización de #NiUnaMenos el 3 de junio de 2015, exigiendo al sindicato de la Alimentación que pusieran transporte a disposición de quienes marcharon hasta el Congreso. Fue el cierre de una campaña en redes sociales, durante las semanas previas, en las que debatieron en el comedor y los vestuarios, por qué ocurrían los femicidios, qué otras formas tenía la violencia machista y desplegaron sus propias consignas en carteles artesanales con los que obreros y obreras se fotografiaron en sus puestos de trabajo. El 19 de octubre de 2016, fue la primera de las pocas fábricas que paralizaron su actividad para plegarse al primer Paro Feminista. Lo propuso la Comisión Interna liderada por el PTS y fue votado, en asamblea, por unanimidad. Por eso, en junio de 2017 cuando la empresa cerró la planta dejando a 500 familias en la calle, las trabajadoras de PepsiCo fueron acogidas por los feminismos y se popularizó la consigna de "Ni una menos sin trabajo", sumando el apoyo de muchos otros sectores que aportaron al fondo de lucha y sostuvieron la resistencia.
En 2009, se propagó una epidemia de gripe A. Las trabajadoras de Kraft-Terrabusi (actualmente Mondelez) explicaron a sus compañeros los riesgos que corrían por las deficientes medidas de higiene en la planta; pero además, mostraron su decisión de enfrentar el peligro en el que se encontraban los hijos e hijas de de los obreros y obreras que concurrían al jardín maternal en la misma empresa. Esa lucha fue un conflicto histórico que llevó a la huelga en la planta de la localidad de General Pachecho, al norte del conurbano. La multinacional, en represalia, despidió a 162 trabajadores y trabajadoras que, inmediatamente, tomaron la planta. Los alrededores de la fábrica se transformaron en una asamblea permanente en la que no solo se reunían las familias obreras, sino también decenas de referentes sindicales, de la cultura y de organizaciones políticas, estudiantiles, feministas, de derechos humanos. Propusimos organizar la Comisión de Mujeres, pero no únicamente con las obreras de la fábrica, sino también con las familiares de los obreros despedidos, aunque no trabajaran en Kraft. Esa integración permitió forjar más fuerte la unidad necesaria para enfrentar el ataque de la patronal yanqui. Sobre sus espaldas recayeron las tareas de sostener la lucha, difundirla ampliamente, desplegar la creatividad en otras iniciativas que se multiplicaron en todo el país.
Pero el gobernador Daniel Scioli y el intendente Sergio Massa, con el aval de la presidenta Cristina Kirchner, ordenaron un violento desalojo policial, con gran repercusión nacional, que fue resistido con el acompañamiento de familias vecinas y estudiantes solidarios. Respondían a un pedido de la embajada de EE.UU. que defendía los intereses de su compatriota Warren Buffet, dueño de Kraft y, en ese entonces, el segundo hombre más rico del mundo. Pero no esperaron que obreros, obreras y toda una comunidad combatiera contra la policía montada, los gases lacrimógenos y las balas de goma, con tanta valentía. Aun cuando muchos trabajadores fueron reincorporados, el gobierno presionó para que la comisión interna firmara un acta de paz, con 53 despedidos afuera. Pero el delegado de la agrupación Bordó que impulsa el PTS, Javier Hermosilla, se negó a firmar con esa condición. Las compañeras y compañeros de esa agrupación, forjados en esa experiencia, tuvieron un rol fundamental dos años más tarde cuando una obrera denunció a un supervisor por acoso sexual.
En setiembre de 2011, una trabajadora denunció hostigamiento y acoso sexual de un supervisor en la oficina de Recursos Humanos. Pero la empresa, decidió suspender a la víctima por varios días, para no tener conflictos dentro de la planta. Rápidamente, las compañeras de Pan y Rosas y de la agrupación Bordó explicaron que ninguna mujer ni ningún compañero podían permanecer al margen. Que no se trataba de un asunto privado, que ni siquiera era un comportamiento particular de un supervisor ya que toda la fábrica sabía que los jefes se juntaban a ver videos pornográficos en sus oficinas, en horario laboral. Se desató una masiva protesta que paralizó la producción inmediatamente y que logró, mediante asambleas informativas, que se plegaran también los turnos siguientes. Toda la planta exigió sanciones contra el acosador y la reincorporación inmediata de la trabajadora. El paro marcó un hito en la historia del sindicalismo en Argentina: nunca se había organizado una medida de fuerza contra la violencia de género en un lugar de trabajo. Por medio de la acción, ¿cuántos trabajadores habrán comprendido que la violencia contra las mujeres no es un problema ajeno a sus intereses como clase?
En 2019, volvieron a impulsar un paro de dos horas del turno tarde y una asamblea para solidarizarse con una trabajadora que era víctima de violencia de género, exigiendo al sindicato que se ponga al frente de atender este caso. Sus compañeros y compañeras de sector difundieron un video donde dicen "No estás sola". Como dijeron nuestras compañeras obreras Lorena Gentile y Stella Cabral, el objetivo era que el sindicato se ponga al frente de este apoyo "a las trabajadoras que sufrimos día tras día la violencia en nuestros hogares, y que después tenemos que entrar a las líneas de producción escondiendo los moretones."
Madygraf es una reconocida cooperativa gráfica, que funciona bajo la gestión de sus obreros y obreras. Sin embargo, antes fue R. R. Donnelley, empresa multinacional de servicios de marketing y comunicación gráfica fundada en EE.UU. y cuya filial argentina se hizo conocida en 2014, cuando cerró sorpresivamente su planta en Garín, aduciendo una quiebra (fraudulenta) y dejando a sus trabajadores en la calle sin otro aviso que un cartelito pegado en la puerta. Hoy, Madygraf es conocida en el movimiento feminista, porque su Comisión de Mujeres participa de todos los Encuentros Plurinacionales y movilizaciones del 8 de marzo, contra los femicidios y la violencia de género y porque tuvieron una destacada intervención en la lucha por la legalización del aborto. Pero antes de que fueran una cooperativa con un plantel diverso, Donnelley tomaba solamente varones para trabajar en la gráfica. Por eso, en 2012, harta de no conseguir empleo, Tamara ocultó su identidad de mujer trans para ser admitida por la empresa, soportando en silencio la humillación de no poder vestirse ni ser nombrada como ella quería, además de tener que compartir el vestuario con los operarios. Cuando los delegados advirtieron que algo estaba pasando, le garantizaron un espacio seguro para que contara lo que estaba viviendo y ellos se comprometieron a enfrentar los prejuicios del resto de sus compañeros para sumarlos a la lucha por su derecho a la identidad de género, también dentro de la fábrica. Los obreros del PTS como Eduardo Ayala encabezaron entonces, junto a otros trabajadores de la agrupación Bordó opositora a la conducción del sindicato, la pelea porque la patronal habilite un vestuario aparte para la única obrera de toda la planta.
Desde hacía un año, esta Comisión Interna combativa y antiburocrática, junto con Pan y Rosas, impulsaba la conformación de una Comisión de Mujeres integrada por las parejas, hijas y madres de los obreros que pasaron de apoyar un conflicto en 2011 a transformarse en una pieza fundamental de la resistencia ante el cierre en 2014 y, desde entonces, de la gestión obrera, incorporándose a la producción como obreras gráficas.
La unidad no se decreta, se construye
Estas experiencias de nuestra corriente política en el movimiento obrero y en el movimiento feminista no constituyen ejemplos libres de toda contradicción ni tampoco disuelven, en sí mismos, de una vez y para siempre, la opresión que es estructural en la sociedad de clases en la que vivimos. Su importancia radica en que nos permitieron poner a prueba una concepción política de cómo construir la unidad de la clase trabajadora luchando contra la opresión y la explotación, sin establecer una división sindicalista, aparentemente realista, pero profundamente conservadora, que divide el pan de las rosas. Son algunos ejemplos que demuestran que cuando una trabajadora participa, habla, organiza, dirige una lucha y conquista autoridad entre sus compañeros, no sólo está modificando su propia vida. Está desmontando los prejuicios que el conjunto de los trabajadores tiene sobre quién puede dirigir, quién puede hablar, quién puede representar a su clase y liderar su lucha. Y, probablemente, esté también transformando más ampliamente su visión sobre las relaciones entre los géneros y otros vínculos fuera de la fábrica.
Combatir el machismo en nuestra clase no es divisionismo, sino todo lo contrario: es luchar por una unidad más consciente. El divisionismo es la política de las clases dominantes que necesitan que hombres y mujeres, personas de distintas identidades y sectores de la clase trabajadora compitan entre sí, se desconfíen, se recelen y se enfrenten, mientras la minoría parasitaria que vive de explotar su fuerza de trabajo, concentra la riqueza y el poder del Estado. La unidad de la clase trabajadora no es un punto de partida en cada momento que nos depara la lucha de clases. Es una construcción política que requiere no aceptar ni adaptarse a la conciencia de las masas tal como existe. Y para quienes aspiramos a una sociedad sin opresiones ni explotación es una tarea militante imprescindible, llena de dificultades, pero extremadamente apasionante.
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El reclamo de justicia por Carolina Monteros se hace sentir distintos puntos de Tucumán
5 de agosto, por Jornada de lucha — Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Tucumán, Impunidad, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Tucumán, Impunidad
Las intervenciones fueron en Tafi Viejo y San Miguel de Tucumán, en el marco de las actividades que se preparan de cara a la movilización de este martes 6 de agosto por Justicia para Carolina Monteros y contra la Ley de Extranjerización de la Tierra bajo la consigna 'Nuestros cuerpos y nuestras tierras no son territorio de conquista'.
En el marco de las actividades que preparan la jornada de lucha y movilización convocada para el jueves 6 de agosto, en la jornada de hoy se realizó una intervención en las inmediaciones de la finca perteneciente al grupo Trapani SA en la localidad de Tafí Viejo. Allí se colocó una amplia bandera que denuncia la impunidad de Franco Trápani, condenado por abuso sexual contra Carolina Monteros y recientemente absuelto por la Corte Suprema de la Provincia. También se realizó una intervención en el puente peatonal Mate de Luna.
En la leyenda puede verse también la convocatoria a la marcha que se realizará el 6 de agosto y que en la provincia tiene una doble consigna: Contra la Ley de Inviolabilidad que tratará el Senado y que avasalla la soberanía, y también en apoyo a Carolina Monteros quien este martes presentará una apelación ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Así mismo, se anunció una intervención pública en repudio al fallo absolutorio de Franco Trapani y Álvaro Rodríguez y se cita a la prensa a brindar cobertura y difusión a la convocatoria de las acciones.
Estas actividades, impulsadas por los Comités en apoyo a Myriam Bregman de Tafí Viejo y de San Miguel de Tucumán, tiene como objetivo denunciar la impunidad, visibilizar las graves consecuencias de este fallo y reclamar una Justicia que garantice los derechos de las víctimas de violencia sexual, sin privilegios para quienes detentan poder económico o político.
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[No somos una hermandad] Utopías marcianas
5 de agosto, por Ideas de Izquierda — Géneros y Sexualidades, Cultura, Edición Argentina, Literatura, Poesía, Nona Fernández, Gentrificación, Literatura, Bloque idz inferior2 5, #NoSomosUnaHermandad, Géneros y Sexualidades, Cultura, Edición Argentina, Literatura, Poesía, Nona Fernández, Gentrificación, Literatura, Bloque idz inferior2 5, #NoSomosUnaHermandad
lo que mi abuela
no sabe es que
dios también es
petrolero
viaja
en primera clase
llega al sur y
nos manda
a perforar pozos
dios come guanaco
y eructa su cuero
abre la tierra
hasta que crujen
las napasLas estrofas son de Mara Parra, de su poema “Dios también es petrolero”. En otra estrofa dice que Dios cuenta billetes en moneda extranjera. En su libro A nosotras su reino (Santos Locos Poesía) flotan como plásticos en el mar la contaminación y la reducción de la tierra, el agua, los animales, nosotras mismas, a meras mercancías, objetos de explotación y consumo: “llueve amargo / los corales / tienen fiebre / vamos a Zara / y compramos tejidos / con etiquetas que dicen / ARTESANAL”.
La poesía corre a nuestro auxilio cuando quieren confundirnos con promesas de dólares y progreso, cuando quieren que creamos que el éxito de las mineras y las petroleras va a ser el nuestro, pero ya sabemos que las penas son de nosotros, las minas y los pozos son ajenos. Dicen que quieren “proteger la propiedad privada” pero vos y yo sabemos que lo que quieren son más ventajas para quemar, desalojar y poner el cartelito de “en venta”. Despojo y extractivismo para contar billetes en moneda extranjera. Vos y yo sabemos también que el jueves 6 de agosto hay que rodear el Congreso para que no puedan votar la ley de extranjerización de tierras.
Otro proyecto que buscan tratar en el Senado es el de Carolina Losada contra las mujeres que denuncian la violencia machista y que ella llama ley de “falsas denuncias” (se acumulan los rechazos y no se incluiría en la sesión del 6 de agosto, pero se mantienen las convocatorias contra el silenciamiento y la impunidad). El proyecto es otro episodio de la batalla cultural en la que insiste el gobierno de Javier Milei al mismo tiempo que desprecia la vida de las mujeres cada vez que puede. El presidente dice: “no solo tenemos los registros de violencia más bajos de la historia, sino que pulverizamos la violencia contra las mujeres”, pero entre enero y julio de 2026 se estima que hubo 300 tentativas y 142 víctimas fatales de femicidio y la única constante en su gestión fue vaciar, desmantelar y desfinanciar todas las políticas de atención de la violencia de género.
Imaginación y utopías
“¿Cómo ha sobrevivido? Con imaginación y voluntad, respondo. Con memoria y ficción. Mucha memoria y mucha ficción”, escribe Nona Fernández sobre Mauricio Hernández Norambuena, en realidad sobre el Mauricio Hernández Norambuena de su novela Marciano (Random House). Al principio, es un desafío aceptar las reglas de la novela, pero a medida que avanzan las páginas, las conversaciones y los recuerdos te van envolviendo, mientras compartís la experiencia del encierro, entrando y saliendo con la autora, buscando formas de vivirlo junto con el protagonista. Hernández Norambuena, conocido como Comandante Ramiro, estuvo preso en Brasil en condiciones de aislamiento total y fue extraditado a Chile en 2019, donde vive privado de su libertad en una cárcel de alta seguridad. En esta conversación, su sobrino y abogado defensor Mauricio Menares Hernández habla de su situación actual. Sigue, como dice el Mauricio de la novela, “en permanente excepción”.
Es un texto difícil de definir porque combina muchos formatos, repleto de oralidad y poesía, imágenes y algunos encuentros y desencuentros entre narradora y narrado. Esta especie de biografía literaria no se limita a Hernández Norambuena, de alguna forma retrata una generación que soñó y luchó para sacar a la historia “de ese bucle eterno de repeticiones imposibles de revertir”, para hacerla avanzar. Creo que es lo más interesante del libro, cómo escribir una generación revolucionaria, sin eludir los debates; algunos de ellos presentes en la propia conversación entre la autora y el protagonista (o, al menos, lo que ella escribe de esas conversaciones, con algunos detalles comentados y otros desmentidos por el propio Mauricio en su ficha de lectura de Marciano). Creo que es muy valioso contar esa generación, cercana y lejana a la vez, muchas veces idealizada y victimizada. En la novela, la narradora tiene lectura e ideas propias, pero nunca deja que eso nuble su mirada sobre él.
La literatura tiene un lugar muy importante. Al principio solo son fichas de lectura, pero ya avanzado el relato, las lecturas lo van invadiendo todo: los recuerdos, las charlas, las cartas a la hermana y el sobrino. “En un acto clandestino y privado, me fugué tantos días como libros pude leer. Y nadie lo supo”. ¿No es un poco lo que hacemos cada vez que leemos? Quizás no estamos fugándonos de un penal de máxima seguridad, pero sí nos fugamos un rato de la prisión de la realidad cotidiana. Pero no hablo de un escape de fingir demencia (igual, a favor), sino un escape de lo que nos impide imaginar un futuro distinto, mejor, a la promesa de degradación permanente de las sociedades en las que vivimos. Nona Fernández dice que necesitamos “energía revolucionaria para cambiar lo que está pasando”; ella dice “no estoy hablando de una revolución” (yo creo que sí habla de una revolución, aunque no sea la revolución, igual acepto la energía para empezar la conversación por alguna parte). No habla solo de resistir: “hay que resistir, sí, pero yo creo que tenemos que ser más ambiciosos, tenemos que intentar disponer de un pensamiento utópico y a lo mejor equivocarnos de nuevo, da lo mismo, pero intentar algo. Porque si no, no sé qué va a pasar. Y no quiero pensar catastróficamente, porque no me gusta pensar catastróficamente. Me niego a eso”. Esas son las fugas que me gustan: colgada de un helicóptero, escapando de una cárcel de máxima seguridad, o -mejor todavía- del pensamiento catastrófico.
Obsesiones en curso y parroquiales
Ni bien empecé a escribir este artículo para Nueva Sociedad sobre el derecho a la ciudad en un paisaje urbano diseñado para el turismo y los negocios, ya tenía decidido hablar sobre las combatientes de Kelly's Bush (imposible no pensar en las mamás de Corby). Después de que ninguna institución las escuchara, estas amas de casa australianas no se dieron por vencidas, sino que se acercaron al sindicato de obreros de la construcción que debía construir el complejo que destruiría la última franja de bosque nativo de la ribera del río Parramatta. ¿El resultado? La compañía no pudo colocar un solo ladrillo en el terreno.
Hace unas semanas presentamos Agrupémonos todes. Una breve historia de diversidad sexual y lucha de clases (Ediciones IPS), un libro de Jorge Remacha sobre historias que están mucho más entrelazadas de lo que parece. Hablamos de política, de movimientos, de historia, pero también del futuro, con mucha gente que en estas épocas hipervirtuales se acercó a conversar cara a cara. A lo mejor, al ver este video, te dan ganas de participar de la próxima.
Hablando de conversar cara a cara, el domingo 16 de agosto voy a participar del 20º Encuentro de la Comunicación Comunitaria, Alternativa y Popular en La Plata (acá podés ver todo el cronograma). Vamos a charlar sobre cómo construir una comunicación transfeminista y ecosocialista, en el Centro Social y Cultural Olga Vázquez (Av. 60 772).
Recordatorio permanente. Los sábados a las 12 en Radio Con Vos hacemos El Círculo Rojo. Podés vernos y escucharnos y, si tenés ganas, sumarte a nuestra comunidad (nos ayudás con lo que podés y a cambio hay algunos descuentos). Si querés contarme algo, escribime respondiendo este correo, y acá podés leer las entregas anteriores.
No somos una hermandad es una newsletter de la comunidad de La Izquierda Diario.
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Carolina Monteros: “El problema no son las supuestas falsas denuncias, es la impunidad de los poderosos”
4 de agosto, por Senado — Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Tucumán, Falsas denuncias, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Tucumán, Falsas denuncias
En la audiencia “No sobran denuncias, faltan. Y faltan también condenas”, la joven llevó la denuncia del escandaloso fallo de la Corte Suprema de Tucumán que absolvió al empresario citrícola Franco Trapani y a Álvaro Rodríguez de la condena por su abuso sexual.
En el Senado se realizó este martes por la tarde la audiencia "No sobran denuncias, faltan. Y faltan también condenas". En la audiencia, convocada contra el proyecto de "Falsas denuncias" presentado por la senadora radical Carolina Losada, fueron oradoras jugadoras de fútbol y periodistas deportivas (Camila Gómez Ares, Luana Muñoz y Agustina Vidal), especialistas de Derecho y Psicología, y la participación de referentes como Thelma Fardin. Allí Carolina Monteros llevó su denuncia al escandaloso fallo de la Corte Suprema de Tucumán que absolvió al empresario citrícola Franco Trapani y Álvaro Rodríguez de la condena por abuso sexual.
"Durante 10 años la justicia me dio la espalda. Atravesé revictimizaciones, enormes obstáculos para acceder a la justicia. En octubre del año pasado conseguimos una sentencia condenatoria. Sin embargo, hace apenas 3 semanas eh la Corte Suprema de Justicia la revirtió desestimando las pruebas, mi testimonio, las pericias incorporadas a la causa y la perspectiva de género. Traigo mi caso porque demuestra las barreras que enfrentamos las mujeres para acceder a la justicia y como la impunidad se profundiza cuando el acusado es un hombre con poder económico y político", sostuvo Carolina.
"Mi caso demuestra que el problema no es una supuesta epidemia de falsas denuncias. El problema es la impunidad y las barreras para acceder a la justicia. Hoy vengo por mí, por Paulina Lebbos, por Paola Tacacho, por Marita Verón y por todas aquellas que les quitaron la voz. No vamos a bajar los brazos y confiamos y confiando en nuestra fuerza para que ninguna mujer vuelva a atravesar este camino", finalizó la joven.
El reclamo contra la impunidad que encabeza Carolina también se expresará en las calles este jueves 6, con una convocatoria a las 17.30 en plaza Yrigoyen para luego marchar a Plaza Independencia, en confluencia con el reclamo contra la ley de extranjerización de las tierras.
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Gran encuentro de Pan y Rosas junto a mujeres y diversidades en Zona Norte del GBA
3 de agosto, por Primer paso — Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Zona Norte del Gran Buenos Aires, Provincia de Buenos Aires, Pan y Rosas, Géneros y Sexualidades, Edición Argentina, Zona Norte del Gran Buenos Aires, Provincia de Buenos Aires, Pan y Rosas
Este sábado 1 de agosto se realizó la reunión abierta de Pan y Rosas en Zona Norte. Casi un centenar de mujeres y diversidades nos juntamos a debatir y construir un camino para conquistar el pan, pero también las rosas.
Fuimos muchísimas y no fue casualidad. El encuentro ocurrió en Torcuato y tuvo como protagonista la fuerza de las mujeres y diversidades para conquistar sus derechos. Estudiantes secundaries, universitaries, docentes, trabajadoras precarizadas, de la salud, de CNEA, de la fábrica MadyGraf, de Mondelez, despedidas de Lustramax y de la Comisión de Familias en Lucha de FATE, entre otrxs.
El encuentro reunió a compañeras que hace años construyen Pan y Rosas junto a muchas otras que participaron por primera vez. Trabajadoras, estudiantes, docentes, mujeres y diversidades de distintos lugares de trabajo y estudio nos encontramos para debatir cómo transformar la bronca en una fuerza organizada, capaz de enfrentar un ataque que no es aislado, sino parte de un proyecto político que pretende descargar la crisis sobre las espaldas de la clase trabajadora y, en particular, sobre quienes vivimos la doble opresión de la explotación y el machismo.
Nos vimos en la otra, en la par, en la de al lado, en las distintas luchas. Hablamos desde la necesidad de ir este 6 de agosto al Congreso con todo, inundar las calles contra la ley de extranjerización de tierras, hasta los problemas de la vida cotidiana, porque sobre nuestros hombros muchas veces recae sostener los hogares: grandes empresas de luz que nos roban gran parte de nuestros salarios sin importarles qué nos pase a nosotras ni a nuestras familias, los alquileres insostenibles.
Desde el comienzo quedó planteada una idea que atravesó toda la discusión: la pelea feminista no puede ir por un carril separado de las luchas de la clase trabajadora. Porque somos parte de esa nueva clase trabajadora, cada vez más feminizada, más precarizada y más sobrecargada por las tareas de cuidado que el sistema sigue profundizando sobre nosotras.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Las intervenciones recorrieron conflictos que hoy expresan esa resistencia. Se habló de la pelea de las y los docentes por defender la educación pública; de les estudiantes secundarios que enfrentan el ajuste de Milei de la mano del FMI, con la complicidad del peronismo; y también de los recortes del gobierno de Kicillof en infraestructura escolar y módulos alimentarios; de las trabajadoras y trabajadores de FATE, CNEA, MadyGraf, Georgalos y otros conflictos obreros que enfrentan despidos, suspensiones y ataques patronales. También estuvieron presentes las luchas por la salud pública, la salud mental, el acceso a la vivienda y todas aquellas peleas que muestran que, incluso en un contexto tan difícil, existe una enorme disposición a resistir.
Una de las discusiones más ricas giró alrededor del lugar que ocupamos las mujeres en el mundo del trabajo. Somos mayoría en la docencia, la salud, los servicios y las tareas de cuidado, sectores históricamente precarizados y mal remunerados. Sostenemos jornadas interminables entre el trabajo pago y el no remunerado. Somos quienes primero sufrimos el ajuste y, al mismo tiempo, quienes muchas veces estamos en la primera fila de las luchas. Esa realidad no es una casualidad: es una consecuencia de un sistema que necesita nuestra opresión para garantizar mayores ganancias.
Ni Una Menos
También la bronca por la impunidad se hizo presente cuando debatimos sobre la nefasta ley de "falsas denuncias", que también requiere de nuestra organización cuando se vote. Porque somos nosotras las víctimas de tremendas vejaciones. Las mujeres y las disidencias somos a quienes el gobierno elige atacar sistemáticamente. Nos abrazamos y esa bronca nos volvió fuertes, porque también dijimos que este jueves tenemos que ser miles las que ganemos las calles contra esta ley. Porque decimos: ¡Ni Una Menos! ¡Nos vamos a pasar todos los pueblos que hagan falta! No nos callamos más.
"Acá se respira lucha", decía Yesica, compañera de uno de los trabajadores que banca la permanencia en FATE peleando por el derecho al futuro de su familia. Y así es. Ahí mismo estaban trabajadoras de la CNEA que también están luchando por sus puestos de trabajo y nada más ni nada menos que defendiendo nuestra soberanía nacional.
Las docentes planteaban la necesidad de unir y coordinar con las familias para fortalecer la pelea por la educación pública, junto con les secundarios. Como siempre, desde arriba y las burocracias peronistas nos quieren dividir y aislar las luchas; por abajo tenemos que unirnos.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Primer paso: organizar la bronca
También se debatió la necesidad de construir una referencia política propia para las mujeres y diversidades trabajadoras. Una organización que no utilice nuestras luchas como plataforma electoral ni reduzca el feminismo a una agenda institucional, sino que se proponga desarrollar una fuerza independiente de todos los gobiernos y de quienes administran el ajuste. Una fuerza que pelee junto a la clase trabajadora por transformar de raíz esta sociedad.
Porque el avance reaccionario tampoco puede entenderse separado del plan económico. El saqueo impulsado por el FMI, los grandes grupos económicos y el imperialismo necesita gobiernos dispuestos a garantizar negocios para unos pocos. Y para hacerlo buscan reforzar los valores más conservadores: atacar los feminismos, perseguir a las diversidades, reivindicar la familia tradicional como institución disciplinadora y convencernos de que nuestro lugar vuelve a ser el silencio, la obediencia y el sacrificio.
Pero la historia demuestra otra cosa.
Cada derecho que conquistamos fue arrancado con organización y movilización. Desde las enormes jornadas del Ni Una Menos hasta la conquista del aborto legal, nunca esperamos que los poderosos resolvieran nuestros problemas. Fuimos miles en las calles enfrentando a la Iglesia, a los gobiernos y a todos los sectores que intentaron desmovilizarnos o transformar nuestra fuerza en un simple recurso electoral.
Esa experiencia también estuvo presente en la reunión. Porque preparar el Encuentro de Córdoba no significa solamente organizar un viaje. Significa discutir qué feminismo necesitamos en esta etapa. Un feminismo que no se conforme con resistir cada ataque por separado, sino que apueste a unir las luchas, fortalecer cada conflicto obrero, estudiantil y popular y construir una alternativa socialista frente a un sistema que hace de la explotación y la opresión dos caras de la misma moneda.
El entusiasmo, la cantidad de compañeras que participaron, la profundidad de los debates y las resoluciones votadas dejaron una certeza compartida: este fue apenas un primer paso.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Moderadas nunca
La tarea que tenemos por delante es enorme. Organizar esa fuerza que ya existe. Llevar Pan y Rosas a cada escuela, hospital, fábrica, facultad y barrio. Preparar el Encuentro de Córdoba siendo parte de cada pelea contra los despidos, el ajuste y la violencia machista. Volver a construir esa marea feminista que supo poner en jaque a los poderosos, pero ahora aún más unida a la fuerza de la clase trabajadora.
Porque el límite de la bronca llegó hace rato. Ahora es tiempo de hacer que esa bronca se transforme en organización. En estrategia. En una fuerza imparable que no dé tregua a los gobiernos, las patronales ni al imperialismo.
Nuestra pelea está en todos lados. Organicemos esa fuerza para cambiarlo todo. Sumate con nosotres, con Myriam Bregman, para pelear por el pan y las rosas.

