Portada del sitio > Configuración > La Izquierda Diario - Género y Sexualidades
http://www.laizquierdadiario.com/Generos-y-Sexualidades
Artículos
-
Legislatura de Jujuy: el PTS FITU preside la Comisión de Género y la abre a mujeres y feminismos
31 de marzo — Géneros y Sexualidades, Parlamentaria, Jujuy, Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), Legislatura, Género, Frente de Izquierda, Géneros y Sexualidades, Parlamentaria, Jujuy, Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), Legislatura, Género, Frente de Izquierda
La diputada Natalia Morales miembro del bloque presidirá la misma. Afirmó que el compromiso "es poner a disposición y abrir las puertas de la comisión al movimiento de mujeres y feminismos para que su voz, experiencia de lucha, de vida, reflexiones e investigaciones, sean escuchadas y tenidas en cuenta, y que sus reclamos y agendas sean prioridad".
La Comisión se conformó en el día de hoy, con la presencia del bloque Jujuy Crece. El bloque del PJ, que también la integra estuvo ausente y LLA no es parte.
La diputada comentó que entre las primeras acciones a proponer será invitar a las mujeres y sectores feminizados en lucha como la docencia de Cedems, ADEP, salud, y hermanas de las comunidades".
"Somos conscientes que la profundización de la crisis social y económica producto de las políticas de ajuste de Sadir y Milei afecta mucho más a las mujeres y sectores de las diversidades, por eso es que este lugar queremos ponerlo al servicio y que sea un punto de apoyo a quienes resisten".
También sostuvo que "esta comisión no será ajena a los sectores feminizados que pasan hambre o mueren en los lugares de trabajo que recuperan sindicatos, enfrentan fraudes, ganan las calles como el sector docente o de la salud. De quienes se organizan contra los femicidios o crimen de odio, de las mujeres indígenas despojadas de sus territorios".
Afirmó que "como presidencia somos conscientes de nuestra condición de minoría. Propondremos un funcionamiento abierto a todas las mujeres y diversidades que cuestionan y enfrentan el ajuste y la opresión de este sistema patriarcal-capitalista, promoveremos jornadas de visibilización de las problemáticas de género del ámbito laboral y familiar, la difusión de estudios, libros e investigaciones de la temática, sabiendo que los lugares que ocupa el PTS FITU en la legislatura son lugares del pueblo trabajador, ganados por su apoyo".
"Nuestra tarea es darle fuerza a todos aquellos proyectos, resoluciones, actividades que aporten a empoderar a los sectores del movimiento de mujeres que resisten y no se resignan, porque como ha demostrado la historia nuestros derechos no se mendigan, ni se resuelven en un parlamento, se conquistan con la lucha unitaria de las mujeres con el conjunto de la clase trabajadora y el pueblo pobre sistemático, democrático y abierto a todas las propuestas sue mejoren las condiciones de las mujeres y diversidades".
-
Dinero, sexo y poder, las coordenadas de la manósfera
29 de marzo, por El Círculo Rojo — Géneros y Sexualidades, Netflix, Feminismo, El Círculo Rojo, antifeminismo, manósfera, Géneros y Sexualidades, Netflix, Feminismo, El Círculo Rojo, antifeminismo, manósfera
El documental “Dentro de la machósfera” indaga en las ideas que habitan las comunidades digitales y alimentan la misoginia, el antifeminismo y otros discursos reaccionarios.
· Dinero, músculos y mujeres podría ser un buen resumen del documental que estrenó Netflix hace unas semanas, Dentro de la machósfera, con el periodista inglés Louis Theroux de la BBC.
· Indaga en los temas por donde ingresan muchos varones (especialmente jóvenes) a las comunidades digitales que se conocen como manósfera: el dinero, el cuerpo y las mujeres.
· La mayoría llega por perfiles financieros, de ejercicio o programas con contenidos controversiales sobre política y cultura —relaciones con las mujeres— en YouTube y TikTok.
· Muestra diferentes versiones de la creencia en la que se apoyan muchas ideas misóginas: vivimos en un sistema que discrimina a los hombres. Y algunas suenan convincentes si sos un varón joven, cuando los roles masculinos tradicionales —proveer, proteger y dominar— conviven con una desigualdad enorme que obstaculiza esos roles para la mayoría.
Valor, monogamia y narrativas
· Cómo hablan del valor. Uno de los influencers explica: “como hombre, nacés sin valor". Las mujeres nacen con el valor de la belleza. A una mujer hermosa a los 20 años la invitan a subir a un coche, un yate o un avión. A un hombre no lo invita nadie. Debe crear valor, hacerse valioso para otros”. Los varones construyen su valor a lo largo de su vida, las mujeres tienen un único valor, su cuerpo, y nacen con él.
Te puede interesar: El regreso de la delgadez extrema (¿alguna vez se fue?)
· La monogamia unilateral. Me sorprendió que hablen de la "monogamia unilateral" como algo especial, cuando siempre es unilateral. De hecho surge así para controlar la descendencia y la herencia.
· Por eso Friedrich Engels —en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado— decía que la familia monogámica fue "la gran derrota histórica del sexo femenino… la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción".
· Narrativas. Es interesante lo que destacan los “seguidores” que muestra el documental: qué les interesa, y casi todo lo que dicen es sobre ellos mismos: cómo ser mejores, cómo superar situaciones difíciles. Cómo imaginan ellos que podrán convertirse en el hombre que sueñan ser.
· Nada de esto es para disculpar a las personas que reproducen estos discursos sino para entender por qué esas narrativas pueden ser atractivas.
· Una aclaración muy importante: estos discursos son reaccionarios. Los influencers y los seguidores no tienen razón, no tienen que volver los “valores tradicionales”, los varones no tienen que sufrir para ser el “macho proveedor”, las mujeres no tienen que tener hijos si no quieren ni abandonar ninguna lucha o ambición que tengan.
· Y otra aclaración para el mundo “fuera de la manósfera”: los feminismos no son responsables de que exista adhesión a estas ideas por “excluir” a los varones.
· Creo que la exclusión tiene más que ver con el desarrollo de las sociedades capitalistas, en las que el rol del varón proveedor es económicamente inviable, el del varón dominante está socialmente cuestionado y hay pocos modelos alternativos de masculinidad. ¿Quién les habla a los varones jóvenes?
· Las mujeres también crecemos en las mismas sociedades desiguales y violentas, pero los feminismos, además de protestas y debates, ofrecieron y ofrecen otras formas para pensarse fuera de los roles tradicionales.
· No existe un equivalente para repensar la masculinidad, y los que llenan ese vacío son los que salen en este documental. ¿Qué les ofrecen? Respuestas a sus frustraciones, y responsables: las feministas, las mujeres, la cultura woke, el sistema anti-hombres.
¿Los centennials están perdidos?
· Cuando se habla de la manósfera o del protagonismo del voto de los varones jóvenes en opciones de derecha —la brecha de género en política: varones conservadores, mujeres progresistas— aparece la tentación de sentenciar “son todos de derecha”.
Te puede interesar: ¿El problema son los varones?
· Además de parcial —la Generación Z es protagonista del movimiento contra el genocidio en Gaza, de movilizaciones contra regímenes y gobiernos en Nepal, Marruecos, Perú, Ecuador y ahora mismo de estudiantes secundarios en Chile—, lo más problemático de ese planteo es que implica una renuncia a la disputa en una generación que no tiene nada que perder porque el capitalismo no tiene nada para ofrecerle.
Te puede interesar: Masiva marcha estudiantil en Chile
· Creo que es un desafío para los movimientos contra la opresión, para los feminismos, para la izquierda: proponer otras formas de pensar el futuro que no sean solamente apocalípticas o una nostalgia reaccionaria de volver al pasado.
· Miren Dentro de la machósfera: quizás no tenga todas las respuestas, pero sí algunas preguntas interesantes.
-
Noelia Castillo y el derecho a decidir sobre el propio cuerpo
28 de marzo, por Opinión — Géneros y Sexualidades, Edición México, eutanasia, Edición Uruguay, Estado español, Derecho a decidir, Edicion Perú, Géneros y Sexualidades, Edición México, eutanasia, Edición Uruguay, Estado español, Derecho a decidir, Edicion Perú
El caso de la joven del Estado Español que pidió la eutanasia volvió a poner en el centro el debate sobre la autonomía, el derecho a morir dignamente y la intervención de sectores ultraconservadores que intentaron frenar su decisión.
Noelia, una joven del Estado Español que había solicitado acceder a la eutanasia amparada por la legislación vigente en ese país, tuvo que atravesar casi dos años de obstáculos judiciales antes de que se reconociera finalmente su derecho a morir dignamente. La intervención de su propio padre, junto con la organización ultraconservadora Abogados Cristianos, demoró durante meses la ejecución de una decisión que ya había sido evaluada y aprobada por equipos médicos y por los mecanismos establecidos en la ley española.
El contraste resulta brutal. No hubo semejante indignación pública cuando la joven denunció la violencia y la violación grupal que había sufrido. Tampoco apareció entonces ese coro de voces que hoy se levantó en nombre de la “defensa de la vida”. Su sufrimiento fue, para muchos, apenas un daño colateral más. Sin embargo, cuando decidió ejercer su derecho a morir dignamente, la reacción de sectores ultrarreaccionarios y del activismo católico fue inmediata.
En el caso de Noelia, esos requisitos habían sido evaluados y confirmados por los equipos médicos. La joven, que acababa de cumplir 25 años, vivía con una paraplejia severa —del 74%— y convivía con dolores constantes que, según relató en distintos momentos del proceso, se habían vuelto insoportables. La comisión de expertos que analizó su solicitud concluyó que presentaba “una situación clínica no recuperable”, con “dependencia grave, dolor y sufrimiento crónico e imposibilitante” que afectaban profundamente su autonomía y su vida cotidiana.
La ley de eutanasia aprobada en ese país en 2021 establece un protocolo estricto que incluye evaluaciones médicas, controles institucionales y la verificación de la autonomía de la persona que solicita el procedimiento. El objetivo es garantizar que la decisión sea libre, informada y tomada en condiciones de sufrimiento que la propia persona considera incompatibles con una vida digna.
A pesar de ese marco legal, el caso de Noelia terminó transformándose en una batalla judicial y política. Durante ese proceso, la joven tuvo que enfrentar nuevas revisiones, cuestionamientos públicos y la intervención de grupos que intentaron bloquear su decisión invocando argumentos morales o religiosos.
Para el ginecólogo argentino, especialista en bioética Mario Sebastiani, el caso refleja una tensión social que en realidad tiene una tendencia bastante clara. Según explicó, distintas encuestas muestran que cerca del 70% de la población de Argentina apoya el derecho a la eutanasia. “La gente no le teme a la muerte —señaló—. Lo que teme es morir con dolor, con sufrimiento o de manera indigna”.
Sebastiani fue particularmente duro con quienes intervinieron judicialmente para impedir el procedimiento. A su juicio, la intervención del padre de la joven y de los abogados que lo acompañaron volvió a colocarla en una situación de sufrimiento prolongado. “Hace dos años y medio podría haberse sometido a un protocolo totalmente estricto en base a la ley española”, sostuvo.
El médico también subrayó un aspecto central en los debates contemporáneos de bioética: los intentos de suicidio previos. Noelia había atravesado episodios de ese tipo, uno de los cuales la dejó parapléjica. En muchos países, explicó Sebastiani, estas situaciones se analizan como un problema social antes que individual. “Cuando alguien llega a ese extremo, el fracaso no es de esa persona sino de la sociedad que no pudo ayudarla”, señaló.
Ese enfoque busca evitar lo que se denomina “suicidio traumático”: situaciones en las que el sufrimiento extremo empuja a decisiones desesperadas. La idea, en cambio, es acompañar, evaluar y ofrecer alternativas. Pero también reconocer que, cuando una persona mantiene su decisión de manera sostenida y autónoma, impedirle ejercer ese derecho puede convertirse en otra forma de violencia.
El caso de Noelia reabre así un debate que ya atravesó otras discusiones contemporáneas, desde el derecho al aborto hasta las luchas por la autonomía corporal. En todos esos escenarios aparece la misma pregunta de fondo: quién decide sobre el cuerpo y la vida de las mujeres.
Porque en el fondo, más allá de los discursos morales o religiosos, lo que está en juego es el derecho a la autodeterminación. La posibilidad de que una persona, frente a una situación que considera de sufrimiento irreversible, pueda decidir sobre su propio destino.
Y quizás por eso mismo la reacción de los sectores más conservadores fue tan feroz. Porque cada vez que una mujer decide sobre su propio cuerpo —sea para interrumpir un embarazo, para rechazar un mandato o incluso para elegir cómo quiere morir— se resquebraja una estructura patriarcal que durante siglos pretendió decidir por ella.
-
“Recesión sexual”: cuando el mercado devora el deseo
27 de marzo, por Del Mayo del 68 al sexo bajo demanda — Géneros y Sexualidades, Sexualidad, Neoliberalismo, Sexualidad, Cultura , Géneros y Sexualidades, Sexualidad, Neoliberalismo, Sexualidad, Cultura
Entre el grito libertario del Mayo Francés y la paradoja de una cultura hipererotizada que, sin embargo, asiste a un colapso silencioso de la intimidad; filósofos, sociólogos y psicólogos hablan de “recesión sexual”. ¿Síntoma de un deseo devorado por el mercado? ¿Son “incel” y “celvol” las nuevas etiquetas de un “mercado sexual” fallido?
Hace más de medio siglo, las barricadas del Mayo Francés desafiaban al capitalismo y al autoritarismo estatal. No se trataba solo de demandas políticas, sino de la aspiración a vivir de otra manera. La consigna "prohibido prohibir" era un grito contra la represión policial y una declaración de guerra a la moral burguesa que cercenaba el deseo. La juventud soñaba con cuerpos libres, placer compartido y una erótica liberada de los corsés religiosos y familiares. En ese espíritu, sus protagonistas buscaron encarnar, en la propia forma de organizarse y luchar, los valores de una sociedad distinta, basada en la autonomía, la solidaridad y el rechazo a las represiones cotidianas.
Hoy, ese horizonte parece esfumarse en una paradoja: vivimos en la era de la máxima exposición sexual, pero también de la mínima actividad con otros. Distintas encuestas globales señalan que disminuyeron los encuentros sexoafectivos, sobre todo entre jóvenes. En 2024, solo el 37% de los adultos tenía sexo semanalmente (frente al 55% de 1990), y uno de cada cuatro jóvenes de 18 a 29 años no tuvo relaciones en el último año. A esta tendencia se la llama “recesión sexual”.
¿Cómo puede ser que en una época saturada de imágenes, aplicaciones, discursos y promesas sobre el placer, se coja cada vez menos? ¿Qué pasó entre aquella revolución y este presente?
Cuando el deseo fue mercantilizado
La respuesta hay que buscarla en la contrarrevolución neoliberal. El capitalismo lanzó una ofensiva total sobre la vida. Lo que la juventud del 68 quería liberar, el neoliberalismo lo mercantilizó. La promesa de autonomía fue devorada por un sistema que convirtió cada aspecto de la existencia –incluido el deseo– en un activo, en un producto, en un campo de rendimiento.
No solo reconfiguró las economías; el neoliberalismo promovió un régimen de valores basado en el individualismo extremo que moldeó una subjetividad narcisista. No prohibió el deseo: lo convirtió en mercancía, integrando la hipersexualización como un engranaje más del consumo.
La paradoja del mercado: hipersexualización y recesión
¿Por qué, en una sociedad que se presenta como sexualmente liberada, cada vez se coge menos? Porque hoy no solo se venden cuerpos: se venden fantasías estandarizadas, se venden técnicas de optimización, se vende la promesa de un rendimiento "exuberante".
Así, la sexualidad deja de ser un espacio de exploración y encuentro; deja de ser un territorio para el juego, para convertirse en una meta, en una tarea más de autoexigencia. Surgen entonces el miedo al fracaso, la ansiedad por el desempeño, la comparación constante con estándares inalcanzables. El deseo, en lugar de fluir, se paraliza bajo el peso de la evaluación; lejos de expandirse, se agota. La sexualidad se vuelve una exigencia más, en un contexto generalizado de precariedad laboral, cansancio crónico y competencia permanente. Por ello, la recesión sexual no expresa falta de estímulos: expresa saturación, expresa miedos.
En este proceso, el neoliberalismo sembró la competencia individual, provocando un agotamiento que terminó por sofocarlo. Nos vende la ilusión de haber alcanzado la cumbre de la liberación sexual, pero lejos de concretar la utopía de cuerpos libres y vínculos desatados de la moral represiva, terminó mercantilizándola, vaciándola de su potencia afectiva y relacional.
En este marco, el otro deja de ser un semejante. Se vuelve rival. Se vuelve objeto. Se vuelve recurso. Se debilitan los vínculos de cuidado y cooperación, mientras la exigencia permanente de autosuficiencia y rendimiento erosiona la capacidad de intimidad. Como advierte el psicoanalista italiano Luigi Zoja: "Hoy en día encontramos infinitas 'prefiguraciones' del deseo sexual. No provienen ya del interior de la personalidad, como lo que llamamos eros, sino que llegan fabricadas por el mercado o por la presión de determinados grupos". En el caso de las mujeres, el modelo son las influencers que promueven un ideal de belleza inalcanzable; en el de los hombres, la pornografía masiva, que difunde la imagen de un "superhombre sexual" que ningún adolescente ni adulto puede emular. A ellos se suma el mito de los gymbros, que predica que el éxito con las mujeres se alcanza a través de un cuerpo perfecto.
Tal como analiza la socióloga Eva Illouz en El fin del amor, se trata de una transformación estructural de la vida emocional bajo el neoliberalismo. Lejos de ser un refugio privado frente al mercado, la intimidad ha sido colonizada por la lógica capitalista. La libertad sexual conquistada por las luchas feministas y juveniles del siglo XX fue reconfigurada por el mercado como libertad de elección permanente. El resultado no fue la emancipación del deseo, sino su subordinación a una lógica de consumo.
Incel, Celvol: las etiquetas del malestar en la era del "mercado sexual"
En este caldo de cultivo proliferan identidades como "incel" (célibes involuntarios) o "celvol" (célibes voluntarios). No son meras elecciones personales: son síntomas políticos. Son la expresión de un malestar social generalizado. Expresan la rabia, expresan la frustración, expresan la profunda desconexión de una generación a la que se le ofreció acceso ilimitado al disfrute -entre ellos las apps que convierten a las personas en catálogos-, pero se le negaron las condiciones materiales y afectivas para el encuentro genuino.
El término 'incel', acuñado a mediados de los 90, se refiere a los 'célibes involuntarios': personas que, pese a desearlo, se sienten incapaces de encontrar pareja o mantener relaciones sexuales. En foros como Reddit o 4chan, sus manifiestos exponen una retórica cruda que culpa abiertamente a las mujeres de su 'fracaso sexual'. La premisa es siempre la misma: ellas solo buscan dinero o apariencia. Las señalan como promiscuas y manipuladoras, convirtiéndolas en el origen de todas sus frustraciones.
Detrás de ese discurso, los miembros de esta comunidad comparten rasgos comunes: baja autoestima, aislamiento social y un consumo frecuente de pornografía violenta. Existe, además, una paradójica dependencia emocional hacia las mujeres que, al no verse satisfecha, deriva en una búsqueda de validación a través de la fuerza. Es la frustración convertida en odio; la violencia simbólica que, en casos extremos, escala a la física.
Para comprender ese pasaje de la frustración al odio, resulta interesante la mirada de la socióloga Eva Illouz y el psicólogo Edgar Cabanas. En su libro Happycracia, nos permiten reflexionar sobre cómo la industria de la felicidad nos promete, a cambio de la autoexplotación de nuestra energía, un disfrute ilimitado.
Ellos compraron el discurso del mérito individual, pero el resultado fue soledad. Fue rechazo. Sin embargo, en lugar de cuestionar el sistema que los llevó a medir su autoestima en métricas de productividad sexual, vuelcan su frustración contra las mujeres.
Illouz ya anticipaba este mecanismo. En la era del "capitalismo escópico" [1], advertía, las relaciones amorosas se han vuelto "relaciones negativas": marcadas por la incertidumbre, vaciadas de rituales. Este mercado sexual y afectivo produce fenómenos de decepción y aislamiento. Porque cuando todo se vuelve mercancía, cuando el otro se convierte en objeto de evaluación constante, cuando la responsabilidad recae únicamente sobre los hombros de cada quien, la vulnerabilidad se oculta bajo la armadura emocional. Y lo que suele emerger es la agresividad.
Así, la "pérdida del deseo" no es una falla pulsional: es el miedo a la vulnerabilidad. Es el miedo en un mundo que premia la armadura emocional. Y en ese mundo, los incels no son una excepción monstruosa, sino el síntoma más extremo de una lógica que nos entrena para vernos como rivales en lugar de semejantes.
Cuando el sexo se convierte en obligación
La recesión sexual también es víctima de otro mandato: hay que coger. Y no solo eso: hay que hacerlo con regularidad, con entusiasmo demostrable y, de preferencia, alineado con los guiones que el mercado -revistas, redes sociales, pornografía mainstream- nos vende como norma. Quienes se alejan de este imperativo son rápidamente catalogados como anormales. La primera respuesta social es la patologización. Este no es un fenómeno de represión clásica, sino su contrario perverso: la obligación de disfrutar.
La filósofa feminista española Ana de Miguel profundiza en esta misma dirección con su crítica al "neoliberalismo sexual". Señala que este modelo no debe confundirse con una ampliación real de la libertad, sino que constituye un mandato. Un imperativo de disfrutar. De Miguel advierte, además, que el neoliberalismo desplaza el debate desde las condiciones sociales que estructuran el deseo hacia una responsabilidad puramente individual. Así, toda experiencia sexual aparece como el resultado de decisiones personales, invisibilizando los mandatos de género, la presión estética y la precarización de la vida que atraviesan esas elecciones.
El mercado tecnológico del deseo
Aplicaciones como Tinder no son herramientas neutrales. Desde los últimos años se convirtieron en el escenario donde se ejecuta, de manera acelerada y masiva, la racionalidad neoliberal: perfiles que se consumen rápidamente, competencia constante y una oferta aparentemente infinita.
El otro aparece reducido a una imagen. Cuantas más opciones hay, mayor es la dificultad para comprometerse. La promesa de que siempre puede aparecer alguien "mejor" instala una sensación permanente de provisionalidad. El resultado no es mayor libertad, sino incertidumbre emocional, ansiedad y una creciente dificultad para sostener relaciones.
La digitalización redefine la sexualidad: el sexo se vuelve inmediato, desconectado del tiempo del vínculo. Al mismo tiempo, se transforma en una fuente de autoevaluación donde cada match, cada rechazo opera como una medida del propio valor.
Así, el deseo deja de orientarse hacia el otro y se repliega sobre el yo, alimentando la inseguridad y un narcisismo defensivo. Pero lo erótico es otra cosa; es la experiencia del deseo como apertura a lo distinto, como tensión hacia aquello que no se puede poseer ni controlar. Implica distancia, riesgo y negatividad.
Sin embargo, la cultura neoliberal instaura lo contrario: un mundo donde todo debe estar disponible, visible y optimizado. Esta sobreexposición del sexo no fortalece el deseo erótico: lo agota, lo repliega.
La pérdida del ritual y la base material del deseo deprimido
Desde el psicoanálisis, Luigi Zoja lee la crisis del sexo como parte de la pérdida de rituales y vínculos simbólicos que daban sentido al encuentro erótico. En una sociedad que privilegia la inmediatez, lo erótico -que siempre implica espera, elaboración, tensión- queda arrasado. Zoja habla de la "infantilización afectiva" promovida por el consumo: un sujeto que busca gratificación instantánea, pero que no tolera la complejidad emocional que el sexo exige.
La psicóloga y sexóloga Belén Rojas sostiene que la recesión sexual es multifactorial: "Hoy estar en tu casa, pedirte helado, parece más seguro que cambiarse y confrontarse con la posible frustración". Agrega que el dinero también es un factor a la hora de decidir una cita, y que todo esto genera ansiedad. "Entonces la recompensa es quedarte en un área segura, en tu casa, pidiendo delivery. Delivery, porno: no hay riesgo, no hay frustración. ¿Para qué exponerse?". Es parte de la cultura de la satisfacción inmediata.
La salida es colectiva
La historia de la sexualidad es la de su represión, pero también la de la lucha persistente contra quienes intentaron domesticarla. Las clases dominantes impusieron límites, culpas y prohibiciones sobre el cuerpo mientras se reservaban el privilegio del goce. Hoy, bajo el neoliberalismo, esa lógica no desapareció: se transformó. Ya no se reprime abiertamente el deseo: se lo organiza, se lo disciplina, se lo somete a los imperativos del rendimiento, la competencia y la productividad.
La llamada “recesión sexual” no es un problema individual ni generacional. Es el síntoma de una forma de vida atravesada por la precariedad, el agotamiento y el aislamiento. Un sistema que nos quiere hiperconectados pero solos, disponibles pero exhaustos, libres en apariencia pero cada vez más condicionados en lo que sentimos, deseamos y hacemos con nuestros cuerpos.
Por eso, no habrá verdadera libertad sexual sin cuestionar las condiciones materiales que la hacen imposible. Mientras el deseo siga subordinado al mercado, la promesa de liberación será una ilusión.
Frente a la mercantilización de la vida, se vuelve urgente pelear por tiempo, por estabilidad, por espacios de encuentro no regidos por la lógica del consumo. Pero también por una cultura que recupere la solidaridad, el cuidado y la posibilidad de reconocernos en otros. Porque en un mundo que produce aislamiento, construir vínculos -amistosos, amorosos, eróticos- es ya una forma de resistencia.
Las clases dominantes apuestan al aislamiento y a la fragmentación que el neoliberalismo profundizó durante décadas. A eso debemos oponerle lo contrario: forjar pertenencia desde la solidaridad, construir herramientas de organización en la lucha cotidiana y recuperar la potencia colectiva para disputar la hegemonía cultural. Se trata de construir una vida que no esté al servicio del mercado, sino del encuentro, del cuidado y del placer compartido. De su derrota dependen nuestras libertades.
Frente al “sálvese quien pueda”, la fuerza de lo colectivo. Frente a la culpa individual, la organización. Porque si algo enseña la historia es que cada avance en nuestras libertades fue producto de luchas colectivas.
La próxima revolución sexual no será simplemente sobre tener más sexo. Será sobre crear un mundo donde el deseo pueda liberarse de las exigencias del rendimiento, la competencia y la explotación. Un mundo donde la vida cotidiana no esté organizada en función del mercado, sino del encuentro, el placer compartido y la comunidad. Porque no habrá libertad sexual si dejamos intactas las estructuras de dominación capitalista. Y la salida, la única salida, es colectiva.
[1] El "capitalismo escópico", concepto desarrollado por la socióloga Eva Illouz, describe una forma de capitalismo de consumo donde el valor de personas y mercancías se determina principalmente a través de la mirada y la imagen visual. Intensificado por redes sociales y aplicaciones de citas, este régimen transforma la sexualidad y las relaciones en un mercado performativo, mercantilizando cuerpos y fomentando la desigualdad sexual, a menudo acentuando el patriarcado.
Imagen de portada: Tomás Máscolo @PibeTiger
-
Cuestionan la ESI en la FFyL: repudio a una charla aprobada institucionalmente que pone en debate derechos conquistados
27 de marzo, por UNCuyo — Géneros y Sexualidades, Universidad, Mendoza, UNCuyo, ESI (Educación Sexual Integral), Géneros y Sexualidades, Universidad, Mendoza, UNCuyo, ESI (Educación Sexual Integral)
El pasado 26 de marzo, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, se llevó adelante la charla titulada “La ESI al banquillo: a veinte años de la Ley 26.150, ¿la ESI educa?”. La actividad, organizada en el ámbito institucional de la facultad y avalada por Secretaría Académica, reunió a docentes y expositores que cuestionan la Educación Sexual Integral (ESI), vinculados a sectores conservadores y a agrupaciones como “Padres Unidos Argentina”
Según lo expuesto durante el panel, la ESI fue presentada como una “ideología de género” e incluso asociada a conceptos como la “pornografía infantil”, en línea con los posicionamientos públicos de dicha organización. La propuesta fue difundida como un espacio “académico” y “de diálogo”, aunque no contó con la participación de especialistas en ESI ni con voces de la comunidad LGBTIQ+, lo que generó fuertes cuestionamientos desde distintos sectores de la comunidad universitaria.
En ese marco, estudiantes y organizaciones de la facultad se hicieron presentes para repudiar la actividad, ya que se trató de un espacio que difundió desinformación y discursos de odio bajo legitimación institucional. Durante la jornada, además, se produjo un hecho que generó especial preocupación: ante la intervención de estudiantes en el debate, asistentes convocaron a la policía, lo que es un antecedente grave en relación con la autonomía universitaria y el derecho a la protesta.
Previamente, organismos como el Observatorio de Violencia Laboral y de Género (OVLG) del CCT CONICET Mendoza, la Comisión de Mujeres e Identidades Plurales de la Facultad de Filosofía y Letras y la Dirección de Género y Diversidad de la UNCuyo habían presentado notas advirtiendo sobre el carácter problemático de la actividad. En ellas señalaban tanto la falta de rigor académico como los riesgos que implicaba habilitar discursos que niegan identidades y pueden generar revictimización, especialmente en sobrevivientes de abuso sexual infantil. A pesar de estos cuestionamientos, el Consejo Directivo resolvió que la charla se realizara.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Desde la Comisión de Mujeres e Identidades Plurales también se impulsó una nota formal exigiendo la cancelación del evento, que reunió más de 600 firmas de estudiantes, docentes, no docentes y miembros de la comunidad educativa. Sin embargo, el reclamo no fue atendido.
El conflicto reabre el debate sobre el rol de las universidades públicas frente a discursos que cuestionan derechos conquistados. Para quienes repudiaron la actividad, la ESI constituye una herramienta fundamental no solo en el ámbito educativo, sino también en la prevención de violencias, el cuidado de la salud y el reconocimiento de la diversidad.
En ese sentido, garantizar su implementación efectiva requiere de un verdadero compromiso institucional, formación docente con perspectiva de género y una clara separación entre las instituciones educativas y los sectores religiosos. Lejos de tratarse de un debate abstracto, lo ocurrido en la facultad evidencia la disputa actual en torno a los sentidos de la educación y los derechos, y refuerza la necesidad de defender una ESI laica, científica y con financiamiento estatal que esté a la altura de las demandas sociales.