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Pan y Rosas
20 de agosto de 2003 Twitter Faceboock

NACE LA AGRUPACION PAN Y ROSAS
Manifiesto
Link: https://panyrosas.org.ar/Manifiesto

Quienes integramos Pan y Rosas, consideramos que la lucha contra la opresión de las mujeres es, también una lucha anticapitalista. El capitalismo es un sistema que se basa en la explotación y la opresión de millones de individuos a lo largo y ancho del planeta, conquistando para sus mercados no sólo a pueblos enteros, tierras vírgenes y parajes inhóspitos, sino también a las mujeres los niños y las niñas.

El capitalismo ha empujado a millones de mujeres al mercado laboral, destruyendo los mitos que las condenaban a permanecer exclusivamente en el hogar bajo prejuicios sin fundamento, permitiendo que las mujeres participen de la producción social; pero lo ha hecho a su modo. El capitalismo ha empujado a las mujeres a las fábricas y empresas pero para explotarlas doblemente, con salarios menores a los de los varones, para, de ese modo bajar también el salario de todos los trabajadores. Y, además, le ha sobrecargado con una doble jornada que empieza en el hogar, sigue en la fábrica y continúa nuevamente en el hogar, pero nunca termina para las mujeres.

El capitalismo, con el desarrollo de la tecnología, ha hecho posible la socialización de tareas domésticas. Sin embargo, si esto no sucede es, precisamente, porque en el trabajo doméstico no remunerado descansa una parte de las ganancias del capitalista que, así, queda eximido de pagarle a los trabajadores y las trabajadoras por las tareas que corresponden a su propia reproducción como fuerza de trabajo (alimentos, ropa, etc.). Alentar y sostener la cultura patriarcal según la cual los quehaceres domésticos son tareas "naturales" de las mujeres, permite que ese "robo" de los capitalistas quede invisibilizado.

Nunca antes, como en el capitalismo, se crearon las condiciones científicas que permiten a las mujeres disponer de su propio cuerpo. El desarrollo de los métodos anticonceptivos como las pastillas, los dispositivos intrauterinos, las ligaduras de trompas e incluso la posibilidad del aborto aséptico y sin complicaciones para la salud, son ya un hecho ineludible. Sin embargo, si las mujeres no podemos disponer de nuestro propio cuerpo, decidir no tener hijos o cuando y cuantos hijos tener es porque la Iglesia, en complicidad con el estado capitalista, sigue imponiéndose sobre nuestras vidas. Además de los millonarios negocios que significa la clandestinidad y que incluye la corrupción de profesionales y mafias policiales, también es cierto que la posibilidad de separar el placer de la reproducción conlleva a una libertad que es peligrosa para los intereses de la clase dominante, porque las mujeres no serían vistas meramente como "incubadoras" y podrían elegir ser madres o no, cuándo serlo y de que manera.

Quienes integramos Pan y Rosas consideramos, entonces, que las mujeres y los hombres que producen toda la riqueza social que es expropiada por los capitalistas, son los que pueden acabar con este sistema de explotación y opresión. Para ello es necesario romper relaciones con los capitalistas, con su estado, los partidos políticos que representan sus intereses, con los representantes de la clase obrera que viven de las prebendas estatales o patronales y que sólo saben traicionar a las trabajadoras y los trabajadores en sus luchas. Es decir, nos pronunciamos por la independencia política de la clase obrera y alentamos todos los pasos que se den en este sentido.

En su lucha contra la explotación, no habrá mejores aliados para la clase obrera que todos aquellos sectores de la sociedad cuyos objetivos y necesidades no pueden ser satisfechas por este sistema en descomposición: los campesinos, los pequeños comerciantes arruinados por los grandes capitalistas, las clases medias urbanas empobrecidas, el movimiento estudiantil, la juventud rebelde. La clase obrera encontrará un aliado en su enfrentamiento con el sistema capitalista entre quienes busquen emanciparse del yugo de la opresión que les pesa por el color de su piel, por su sexualidad, por su origen étnico, etc. Esta alianza encabezada por las mujeres y los hombres que producen toda la riqueza social, es la que puede herir de muerte verdaderamente al capitalismo y no la confianza en las "oposiciones" al oficialismo encabezadas por "sectores progresistas" de la patronal o de sus partidos políticos.

Quienes integramos Pan y Rosas, consideramos que sólo la revolución social, que acabe con este sistema de explotación, puede sentar las bases para la emancipación de las mujeres. Creemos que todos los derechos formales que las mujeres hemos arrancado al capitalismo con nuestra lucha se convierten en papel mojado si no se apunta a transformar el corazón de este sistema, basado en la más abyecta de las jerarquías que es la de que un puñado de personas viva a expensas de la explotación descarnada de millones de seres humanos. Los derechos de las mujeres siempre han sido arrancados a los gobiernos y los regímenes políticos mediante la lucha y la movilización de las mismas mujeres y es muy difícil mantenerlos en los estrechos marcos de este sistema, donde vemos habitualmente que las mujeres obtenemos algunos derechos mientras nos quitan otros u obtenemos algunos derechos para algunas mujeres que no es posible efectivizarlos para el conjunto, especialmente las trabajadoras, las mujeres de los sectores populares, las mujeres más pobres.

Pero a pesar de esto, quienes integramos Pan y Rosas, no consideramos que hay etapas "obligadas" en la lucha por nuestra emancipación. Creemos que mientras luchamos por un sistema donde no existan la explotación ni la opresión, es nuestro deber irrenunciable impulsar las luchas de las mujeres por las mejores condiciones de vida posibles aún en este mismo sistema, por los derechos democráticos más elementales, incluso en alianza con todos y todas las que luchen aún cuando no consideren "como nosotras- que otro sistema de verdadera igualdad y libertad sea posible.

Por eso, aunque nos consideramos parte de la clase obrera y de su lucha por el fin de toda explotación y opresión, desde Pan y Rosas impulsamos la más amplia unidad en la acción con todos los sectores en la lucha y la movilización por nuestras demandas, siempre que podamos mantener, en esa unidad, nuestra independencia del estado, la iglesia, el régimen y los partidos patronales. En esta amplia unidad de lucha por nuestras demandas, incluimos también a los varones, fundamentalmente aquellos que son explotados y oprimidos en razón de su clase, su etnia, su orientación sexual, etc.

Te invitamos a construir Pan y Rosas, una agrupación de mujeres trabajadoras, ocupadas y desocupadas, estudiantes, profesionales, etc., que lucha por la emancipación de las mujeres bajo estos principios y desde esta perspectiva.

No pedimos, -¡exigimos! Nuestro derecha al pan? Pero también a las rosas

La opresión patriarcal existe desde tiempos remotos, sin embargo, ningún otro sistema como el capitalismo le ha dado al patriarcado tan inmejorables condiciones no sólo para existir, sino para fortalecerse oprimiendo a millones de mujeres en todo el planeta. La opresión de las mujeres adquirió otras formas, pero se han convertido en algo funcional al sistema capitalista.

La creciente feminización de la fuerza de trabajo, sobre todo en los puestos más precarios, de menos calificación y menor salario, junto con el mantenimiento de fuertes condiciones de inequidad agudizan las condiciones de opresión de las mujeres tanto en nuestro país, como en el resto del mundo. En las grandes fábricas, las condiciones de trabajo para las mujeres son el mismo infierno. Nuestra compañera Caty que es obrera de una fábrica multinacional de la rama alimenticia nos decía respecto de estas empresas: "En los últimos años mantuvieron sus ganancias e incluso las aumentaron, sin que eso haya mejorado nuestra situación, sino todo lo contrario, hay una mayor flexibilización y precarización. A pesar de que en la alimentación somos mayoritariamente mujeres, ninguna de las empresas reconoce la necesidad de guarderías, lavanderías, ni nada que nos ayude a paliar nuestra situación. Las condiciones de trabajo que sufrimos agravan día a día nuestra salud. Los ritmos, los trabajos repetitivos nos ocasionan enfermedades músculo-esqueléticas, várices, estrés, tensión y algunos casos pueden terminar en accidentes graves."

Según un estudio reciente del INDEC, el salario de las mujeres argentinas es un 15% menos al de los varones. En los sectores de la producción donde la presencia de las mujeres es mayoritaria, la tendencia a la baja del salario es un hecho categórico. Además, las mujeres siempre son asignadas a las tareas de menos calificación y, por lo tanto, de menos salario. Eso pudimos comprobarlo, también, cuando Pan y Rosas apoyo la lucha de las trabajadoras del subte. Una trabajadora nos contaba: "Años atrás habíamos peleado por la incorporación a la sección de tráfico. La empresa no nos permitía acceder a otros sectores, lo que significaba quedar relegadas a la boletería, sin posibilidades de un salario mejor."

Las "tareas tradicionalmente femeninas" como la docencia, la enfermería, etc. son pésimamente remuneradas, además de reproducir los estereotipos de las mujeres, que nos muestran siempre dispuestas a cuidar de los demás en base al sacrificio personal y la abnegación, tratando esos puestos de trabajo como si se tratara de un "apostolado" o una continuidad del rol de la maternidad "argumentos que se usan contra las trabajadoras docentes y de la salud cuando salen a luchar por sus reclamos.

Al mismo tiempo, son mujeres las que predominan en la economía informal, manteniendo el 30% de los hogares que en Argentina se encuentran bajo estas condiciones.

Lamentablemente, la única igualdad que se ha alcanzado en los salarios en nuestro país ha sido producto del flagelo de la desocupación, que ha arrojado a millones de personas debajo de la línea de pobreza en la última década, condenando a vivir a las familias con planes de 150 pesos.

-¡Igual salario por igual trabajo!

Por igualdad de oportunidades en la capacitación y el empleo.

Reparto de las horas de trabajo entre ocupadas/os y desocupadas/os, con el mismo salario.

Trabajo genuino para todas/os.

Aumento de subsidios para las compañeras desocupadas.

Entrelazadas con estas condiciones de explotación las mujeres somos víctimas del acoso sexual y moral en los lugares de trabajo, somos humilladas, no tenemos el mismo derecho a acceder a un puesto de trabajo o ascender a puestos mejores simplemente por ser mujeres. La discriminación empieza desde el mismo momento en que, para obtener un empleo, los varones sólo deben mostrar su capacitación y experiencia, mientras nosotras debemos mostrar nuestro cuerpo, demostrar que no queremos tener hijos u ocultar su existencia en caso de tenerlos, cuando no someternos a las más humillantes vejaciones. Pero mientras nuestros hijos son un "estorbo" para los patrones que no garantizan guarderías en las empresas y establecimientos fabriles, reniegan de pagar las cargas sociales o despiden a las mujeres embarazadas, lo cierto es que a través de la familia, el estado, la iglesia y la educación nos dicen que no somos verdaderas mujeres si no somos madres. El mandato social es que únicamente nos sentiremos plenamente realizadas como mujeres a través de la maternidad.

Sin embargo, las mujeres no tenemos derecho a decidir cuando y cómo ser madres. La interrupción voluntaria del embarazo es un derecho del que aún no gozamos en nuestro país. La prohibición del aborto, sin embargo, no evita que se produzcan casi 5.000 por año en Argentina, en condiciones de clandestinidad, que provocan la muerte de más de 400 mujeres, las más pobres. Las que tiene la suerte de sobrevivir a esta dramática situación generalmente sufren secuelas irreparables para su salud. Y aunque no podemos contar con el derecho al aborto libre y gratuito, realizado en condiciones de higiene y por personal médico idóneo, el acceso a los anticonceptivos también sigue siendo dificultoso.

En nuestro país hemos asistido recientemente a los terribles casos de niñas y adolescentes embarazadas producto de violaciones y abusos, a quienes los jueces les han negado el derecho a interrumpir el embarazo, interrumpiendo de ese modo su infancia y obligándolas a soportar más violencia. Mientras tanto, el gobierno de Kirchner que mantiene un discurso demagógico con las mujeres, le ha corroborado al Vaticano su decisión de que no se avance en la legislación sobre el derecho al aborto en Argentina. En plena continuidad del gobierno menemista, que instauró el "día del niño por nacer" y el gobierno del chupacirios de De La Rúa, le gobierno de Kirchner se sigue arrodillando frente al Papa, mientras tienen cada vez más resonancia los casos de sacerdotes que abusan de niños y niñas.

-¡Nosotras parimos, nosotras decidimos!

Guarderías gratuitas a cargo de la patronal y el Estado en fábricas y establecimientos laborales, durante las 24 horas.

Plenos derechos para las mujeres embarazadas.

Anticonceptivos para no abortar y derecho al aborto libre y gratuito para no morir.

Exigimos nuestro derecho a la información y educación sexual en escuelas y establecimientos.

A la falta de información, educación sexual y las dificultades económicas debemos agregar que vivimos en una sociedad en la que, para muchas mujeres, elegir un método anticonceptivo inmediatamente la ubica como "sospechosa" de infidelidad frente a su marido. -¡Cuantas veces escuchamos las historias de violencia que sufren las mujeres, que prefieren estar embarazadas porque los nueve meses del embarazo son los únicos que no son golpeadas! Las violaciones y los abusos de mujeres y niñas son un hecho muy frecuente que, si no es más habitual, es porque muchos de estos casos ni siquiera son denunciados por temor o por vergüenza.

Así le ocurrió a la joven jujeña Romina Tejerina, que en un rapto de locura, producto de una violación de la que fue víctima, atacó al bebé apenas nacido porque "le vio" la cara del violador. Ella fue presa, mientras el violador, que es hermano de un policía, está en libertad.

Las cifras de violencia contra las mujeres son altísimas, especialmente, contra las niñas y las mujeres jóvenes. Las jóvenes somos las más oprimidas y explotadas. Como la juventud en general, una gran parte de nosotras no tiene acceso a la educación y al trabajo y ni hablar del derecho a la diversión. No sólo somos el blanco de la policía del gatillo fácil, sino que también somos víctimas de violaciones y abuso sexual.

Debido a la situación de miseria, sobre nosotras recae la atención y el cuidado de nuestros hermanos menores y de la casa cuando nuestros padres trabajan, debiendo abandonar los estudios "muchas de nosotras- para hacernos cargo del hogar.

Gracias a la hipocresía inculcada por la Iglesia Católica en nuestro país, no existe educación sexual en las escuelas públicas. Esto transforma el aborto clandestino en la principal razón de muerte adolescente en nuestro país y explica, también, los altísimos índices de maternidad adolescente. Los índices de probabilidad de que no sobrevivamos en un embarazo por complicaciones es cuatro veces mayor para las jóvenes en comparación con mujeres adultas. A esa violencia hay que agregar que el asesinato es una de las causas más importantes de muerte de las mujeres. De la mayoría de estos crímenes, los responsables son varones allegados a la víctima. Recientemente también asistimos a la trágica historia de Claudia Sosa, que durante años soportó las violaciones, golpes y torturas de su marido y a quien nunca se le aceptaron sus denuncias, porque la institución policial encubría al acusado que era miembro de sus filas.

La dominación patriarcal también es violencia que enseña que las mujeres deben ser sumisas y obedientes y los varones deben ser fuertes y poderosos. Y esta "enseñanza", repetida a través de las costumbres, la Iglesia, la publicidad y otras voces con autoridad, sólo cobra víctimas.

Mientras que el Estado, que tiene el monopolio de la violencia con sus F.F.A.A. y policiales, mantiene y reproduce este orden existente. Mientras alguno grupos piden "mano dura", lo cierto es que policías, fiscales y políticos aparecen siempre implicados en los casos más aberrantes de violaciones seguidas de muerte adolescente y mujeres jóvenes, como lo hemos visto en Catamarca con María Soledad, en Santiago del Estero con Leyla y Patricia, en Mar del Plata con las decenas de mujeres asesinadas cuyos casos no han sido esclarecidos completamente, justamente debido a los intereses mafiosos de quienes deberían investigarlos.

-¡Basta de violencia contra las mujeres!

Comisiones investigadoras, integradas por allegados/as a las víctimas, organismos de D.D.H.H., etc. que sean independientes de las fuerzas policiales, la justicia y el Estado.

-¡PONGAMOS EN PIE LA AGRUPACIÓN PAN Y ROSAS EN TODO EL PAÍS!

Las mujeres desde tiempo remoto hemos ofrecido resistencia a la dominación patriarcal. Las mujeres campesinas se rebelaron durante siglos frente a la escasez y los precios elevados del pan y la harina. Las mujeres de la burguesía y las clases medias denunciaron, en la Revolución Francesa, que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y el ciudadano no contemplaba sus propios derechos como mujeres. Antes de la 1ª Guerra Mundial, miles de mujeres se movilizaban en Inglaterra, Francia, E.E.U.U. y otros paísesreclamando su derecho a votar y ser votadas en las elecciones.

Las corrientes actuales del feminismo se gestaron en lo que se ha denominado la segunda ola, que alcanzó a ser un movimiento de masas en los países centrales en la dñecada del 70 y que incluyó en su desarrollo diversas tendencias políticas y teóricas. En primer período de esta segunda ola corresponde, fundamentalmente, a las discusiones entre feministas de la igualdad y feministas de la diferencia alrededor del concepto de género.

Para las feministas de la igualdad, la conceptualización del género como social, no determinado por la anatomía, suponía el rechazo del determinismo biológico, utilizado habitualmente para justificar la discriminación de las mujeres. Para las feministas de la igualdad se trata de luchar por eliminar las diferencias de género socialmente construídas, pues esas diferencias refuerzan la exclusión y opresión de las mujeres.

Hacia mediados de los 70, surgía como respuesta al feminismo de la igualdad, la perspectiva de un feminismo de la diferencia, que intentó demostrar que la simbolización de la diferencia de los sexos se hizo bajo una mirada jerárquica que privilegia lo masculino en detrimento de lo femenino. Desde esta perspectiva, toda lucha por la igualdad será catalogada de asimilacionista a un orden androcéntrico que considera valioso y respetable sólo aquello que concierne a los varones. Por eso, las feministas de la diferencia propugnaron una nueva interpretación positiva y revalorizadora de la feminidad. La consecuencia política que se derivó de esto fue la exaltación de la diferencia. Destacando la maternidad como lo propio de las mujeres "y por consiguiente, supuestas cualidades positivas asociadas, como la no-violencia-, resaltando la relación de la mujer con la naturaleza por oposición al mundo de la cultura masculina y llegando a sostener la necesidad de un mundo de mujeres no contaminado por lo masculino "incluyendo el separatismo como opción político-sexual-, las feministas de la diferencia sostuvieron que la liberación de las mujeres depende de la creación y el desarrollo de una contracultura femenina. La consecuencia más importante fue el retorno al esencialismo biologicista tan combatido por las feministas de la igualdad en los albores de la segunda ola.

Los sistemas de dominación plantean, entonces, un dilema para los oprimidos: la integración al sistema a través de la admisión de sus demandas de "igualdad" o la marginación de subculturas o ghettos que exaltan la "diferencia". Mientras el feminismo de la Igualdad, mayoritariamente terminó integrado a las estructuras del Estado y el régimen, el feminismo de la diferencia se mostró impotente para llevar a cabo un cambio radical del sistema en el que vivimos.

La fragmentación del movimiento y la integración de muchas feministas a las instituciones multinacionales de crédito, las secretarías de Estado, etc., convertidas en tecnócratas de género, pone sobre la mesa la cuestión de cuáles son los pasos que debemos transitar quienes queremos luchar contra la opresión.

En su gran mayoría, las feministas cuestionan la idea misma de organización y la falta de "estructuras y liderazgo" se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de todas las agrupaciones y colectivas que surgen con el propósito de luchar por la emancipación de las mujeres. Si bien es cierto que esa puede ser la reacción natural contra una sociedad que nos impone jerarquías, estructuras y controles, la realidad es que si queremos organizarnos para luchar por un objetivo común, en determinado momento la falta de organización se transforma en una traba para avanzar. Como señala la feminista Jo Freeman "en la medida que la estructura del grupo es informal, las normas de cómo se toman las decisiones son sólo conocidas por unas pocas, y la conciencia de que existe una relación de poder se limita a aquellas que conocen las normas." 1

La opresión de las mujeres se ejerce a través de la familia, la Iglesia, la educación, el Estado. -¿Cómo enfrentar la opresión sin estar organizadas para ellos?

También muchas feministas señalan que nuestro objetivo debe limitarse a luchar por los derechos de las mujeres, entre mujeres y para las mujeres. Muchas veces, ese argumento se utiliza para no participar de las luchas de otros sectores que pelean por sus reivindicaciones o, peor aún, impide la creciente participación de las mujeres, fundamentalmente de las mujeres trabajadoras y de los sectores populares, en la misma lucha que llevamos adelante.

- ¿Pero qué sentido tendría que un grupo de apenas unas centenas de compañeras nos agrupemos por nuestras ideas compartidas, si no nos planteamos el objetivo de sumar a la lucha contra la opresión a otras mujeres trabajadoras, desocupadas, estudiantes, activistas para construir un gran movimiento emancipatorio, combativo, vital, activo?

Luchamos por las mejores condiciones de existencia posibles en este mismo sistema, aún cuando sabemos que éste garantiza nuestra opresión. Lo hacemos sin perder de vista la perspectiva de un mundo sin explotación y opresión de ningún tipo. Luchamos porque se respeten todas las diferencias, pero sabemos que esto no es más que un simulacro, si no se cuestiona el sistema jerárquico en el cual existen las diferencias. Y ese sistema jerarquiza, esencialmente, a un puñado de seres humanos que viven a expensas de la explotación de millones.

Por eso decimos:

-¡Viva la lucha de las mujeres por nuestra emancipación, para pelear en igualdad de condiciones con todos los oprimidos y explotados, en el camino de la revolución social!

- ¡Viva la revolución social para sentar las bases de una liberación definitiva de las mujeres y de toda la humanidad, de las cadenas que hoy nos oprimen!

 
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